




















Lucas de la CalCorresponsal en Asia
Actualizado
Bajo un cielo blanquecino por el calor y la contaminación, cientos de jóvenes pasan otra noche tumbados sobre cartones, esterillas y mochilas en Jantar Mantar, el espacio tradicional de protesta de Nueva Delhi. Algunos dormitan pegados a las vallas metálicas instaladas por la Policía; otros, envueltos en banderas con el dibujo de una cucaracha sonriente. A pocos metros, agentes vigilan los accesos mientras los organizadores denuncian cortes temporales de agua y alimentos para intentar vaciar la concentración. Entre canciones de hiphop y consignas contra el Gobierno, la protesta más insólita que ha visto India en años entra en su cuarto día consecutivo. Lo que comenzó como un meme en internet se ha transformado en un movimiento capaz de movilizar a miles de jóvenes y poner contra las cuerdas al ministro de Educación, Dharmendra Pradhan.
La chispa de las protestas ha sido el escándalo que rodea al NEET-UG, el examen de acceso a Medicina más competitivo del país. Millones de estudiantes se presentan cada año a la prueba. Las acusaciones de filtraciones e irregularidades en las calificaciones provocó una ola de indignación nacional que obligó a las autoridades a anular resultados y ordenar nuevas convocatorias. Para los manifestantes, el caso se convirtió en el símbolo de algo mucho más profundo: la sensación de que incluso el sacrificio y el mérito pueden quedar anulados por la corrupción y el caos burocrático.
Sobre ese malestar acumulado ha cabalgado el Partido de las Cucarachas (Cockroach Janta Party, CJP), un nuevo fenómeno social y político. Todo comenzó en mayo, cuando unas declaraciones de un magistrado del Tribunal Supremo desataron una tormenta en redes sociales. El juez afirmó que había jóvenes "como cucarachas" que, incapaces de encontrar empleo, terminaban atacando instituciones a través del activismo y las plataformas digitales. El comentario fue percibido por muchos como una muestra de desprecio hacia una generación atrapada entre expectativas gigantescas y oportunidades insuficientes.
Entre quienes reaccionaron estaba Abhijeet Dipke, un joven graduado de la Universidad de Boston y experto en comunicación digital. Su respuesta fue una pregunta aparentemente absurda publicada en X: "¿Y si todas las cucarachas se juntaran?". La broma explotó. En cuestión de días aparecieron logotipos, vídeos satíricos, campañas virales y una página web. Después llegaron los millones de seguidores. La cuenta de Instagram del CJP superó los 20 millones de seguidores, dejando atrás incluso a la maquinaria digital del gobernante Bharatiya Janata Party (BJP) del primer ministro Narendra Modi.
Lo que al principio parecía otro fenómeno efímero de internet empezó a adquirir una dimensión política real. Dipke descubrió que detrás de los memes existía una audiencia gigantesca esperando un vehículo para expresar frustraciones que llevaban años acumulándose. La cucaracha, tradicionalmente asociada a la suciedad y al desprecio, fue convertida en un símbolo de resistencia.
En India, casi la mitad de sus más de 1.400 millones de habitantes tiene menos de 25 años. Cada año, millones de graduados salen de universidades e institutos para encontrarse con un mercado laboral incapaz de absorberlos. El desempleo juvenil sigue siendo uno de los mayores desafíos estructurales del país.
El CJP supo leer la frustración juvenil. Y el escándalo relacionado con las filtraciones de los exámenes de Medicina fue el combustible para las protestas de estos días en Delhi.
Los analistas señalan que mientras los partidos tradicionales siguen atrapados en viejos discursos ideológicos, el movimiento de las cucarachas habla el lenguaje de TikTok. Ridiculiza a los políticos mediante IA, utiliza el humor como arma política y convierte cada polémica en contenido viral. Pero bajo la capa de ironía aparecen reivindicaciones muy concretas: transparencia en los procesos de selección, rendición de cuentas en el sistema educativo, datos fiables sobre empleo y una mayor apertura hacia la crítica.
Las protestas actuales representan la primera gran prueba de fuego para un fenómeno nacido exclusivamente en internet. Desde que Dipke regresó de Estados Unidos y convocó la primera manifestación en Delhi el pasado 6 de junio, el movimiento ha extendido sus actos a ciudades como Bombay, Bengaluru y Nagpur.
El Gobierno de Modi ha intentado contener la crisis limitándose a medidas técnicas, incluida la suspensión temporal de Telegram para dificultar nuevas filtraciones. La presión aumentó aún más después de que, según medios locales, más de una docena de estudiantes se suicidaran durante los días de incertidumbre entre convocatorias del examen.
La exigencia inmediata de los manifestantes es la dimisión del ministro Dharmendra Pradhan. Pero la batalla política va mucho más allá. Lo que se está dirimiendo en las calles de Delhi es si una generación que ha vivido toda su juventud bajo la era Modi -más de 12 años en el poder- puede encontrar una forma nueva de representación política fuera de las estructuras tradicionales.
La gran incógnita es si estas "cucarachas" pueden sobrevivir a su propio éxito. La historia reciente de India está llena de movimientos virales, campañas digitales y estallidos de indignación que desaparecieron tan rápido como surgieron. Por ahora, Dipke insiste en que el objetivo inmediato no es concurrir a unas elecciones, sino presionar a las instituciones para que rindan cuentas.
"Lo que estamos viendo no es simplemente una protesta estudiantil ni una moda de internet. Es una expresión de alienación generacional", señala el analista político Nilanjan Mukhopadhyay, uno de los comentaristas más reconocidos sobre la política india contemporánea. "La pregunta no es si las cucarachas ganarán elecciones mañana, sino si los partidos tradicionales son capaces de responder a las frustraciones que han permitido que este movimiento aparezca".
Otros expertos son más cautos. Según Sanjay Kumar, politólogo del Centre for the Study of Developing Societies (CSDS), el principal obstáculo para cualquier salto electoral es la propia naturaleza del movimiento. "Movilizar seguidores en Instagram y movilizar votantes son dos cosas completamente distintas. Las redes generan visibilidad, pero la política india sigue dependiendo de estructuras territoriales, cuadros locales y organización sobre el terreno", explica. "El CJP ha demostrado que existe un enorme malestar entre los jóvenes, pero todavía está muy lejos de convertirse en una fuerza electoral competitiva".
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