




















Las colas ante las gasolineras de Daca se alargan cada amanecer como un term�metro de la ansiedad. En Bangladesh, el combustible racionado ha dejado de ser una medida coyuntural para convertirse en rutina. En Filipinas, Pakist�n o Sri Lanka, los gobiernos han optado por semanas laborales de cuatro d�as y calendarios festivos ampliados para contener una demanda energ�tica que ya no pueden sostener. Birmania limita el uso de veh�culos privados a d�as alternos y Tailandia, en un giro inc�modo, ha reactivado centrales de carb�n que hasta hace poco simbolizaban el pasado. Pero el atasco en el Estrecho de Ormuz no solo encarece la energ�a: est� desarticulando adem�s la base invisible de la seguridad alimentaria global.
El shock, advierten economistas y organismos internacionales, no se mide �nicamente en barriles. La interrupci�n del flujo de gas y derivados est� golpeando de lleno a la industria de fertilizantes, un sector extremadamente sensible al precio de la energ�a. En India y Malasia, varias plantas han reducido o paralizado su producci�n ante costes inasumibles. Es un efecto domin� de manual: menos gas implica menos amon�aco; menos amon�aco, menos urea; menos fertilizantes, menor rendimiento agr�cola. Y ese descenso, aunque todav�a incipiente, empieza a proyectar una sombra alargada sobre la pr�xima cosecha global.
De los 45 millones de personas que, seg�n las proyecciones m�s recientes del Programa Mundial de Alimentos (PMA), podr�an caer en la hambruna si el conflicto en Oriente Pr�ximo se prolonga y el petr�leo se mantiene por encima de los 100 d�lares por barril, casi dos tercios viven en Asia y �frica. Esto elevar�a el total mundial a 363 millones, lo que constituir�a la peor crisis de hambre jam�s registrada.
Indermit Gill, economista jefe del Banco Mundial, ha puesto m�s cifras esta semana al v�rtigo: "Los actuales niveles de inseguridad alimentaria aguda, que ya afectan a unos 300 millones de personas, podr�an dispararse un 20% en cuesti�n de meses". Asia, m�s dependiente que ninguna otra parte del mundo de la energ�a procedente del Golfo, afronta un shock que algunos analistas comparan con el de la pandemia, pero con un matiz crucial: el epicentro es log�stico y productivo. Grandes econom�as como China, con mayores reservas estrat�gicas, compra tiempo. El sur del continente, en cambio, se asoma a una tormenta perfecta con vuelos cancelados, cadenas de suministro fracturadas, f�bricas paradas y una inflaci�n que golpea directamente a las capas m�s vulnerables.
En las grandes ciudades indias, productos tan b�sicos como el agua embotellada han comenzado a encarecerse y escasear, un s�ntoma temprano de tensiones m�s profundas en la distribuci�n. Filipinas importa m�s del 90% de su energ�a de Oriente Pr�ximo; Bangladesh, India y Pakist�n reciben cerca de dos tercios de su gas natural licuado a trav�s de Ormuz. La dependencia es estructural y deja poco margen de maniobra a corto plazo.
Pero el verdadero punto de inflexi�n est� en los fertilizantes. Se calcula que m�s de un tercio del comercio mundial de insumos clave -urea, amon�aco y fosfato diam�nico- transita por ese estrecho cuello de botella. M�ximo Torero, economista jefe de la Organizaci�n de las Naciones Unidas para la Alimentaci�n y la Agricultura (FAO), lo resume con crudeza: entre un 20% y un 30% de estos productos no se est�n distribuyendo con normalidad. "Esa demora es cr�tica", insiste. La raz�n es temporal: buena parte de los cargamentos que salieron antes de la crisis ya han llegado a destino. El mundo entra ahora en una fase m�s delicada, en la que el vac�o de reposici�n empieza a notarse mientras los precios escalan.
Desde la FAO advierten que la falta de fertilizantes podr�a provocar una ca�da de los rendimientos del 50% de la producci�n de cereales en las principales regiones de �frica. Los expertos subrayan el riesgo: ante fertilizantes m�s caros o escasos, muchos agricultores optar�n por reducir su uso, una decisi�n racional a corto plazo, pero devastadora en t�rminos de productividad. Menos fertilizaci�n implica menores rendimientos en cultivos b�sicos como trigo, arroz o ma�z. Y ah� entra un segundo efecto domin�: los pa�ses exportadores, temiendo por su propio abastecimiento, podr�an activar restricciones a la exportaci�n, como ya ocurri� en crisis anteriores. El resultado ser�a una tormenta inflacionaria global en los alimentos. Ya hay informes que apuntan a casos, por ahora aislados en Asia, donde los peque�os agricultores est�n optando por no sembrar arroz esta temporada debido al aumento de los costes.
�frica aparece en el horizonte como la siguiente ficha en caer. "A medida que la crisis se prolongue, se extender� cada vez m�s hacia los pa�ses del �frica subsahariana, que dependen de las importaciones para alimentar a sus megaciudades y donde los precios de los alimentos condicionan la paz social", a�ad�a Gill.
La crisis de Ormuz ha dejado de ser un problema de rutas mar�timas para convertirse en una amenaza sist�mica: energ�a, fertilizantes, cosechas y precios forman una cadena que, una vez tensada, es muy dif�cil de recomponer. En ese tablero, cada d�a cuenta. Porque, como recuerdan los agr�nomos, la agricultura no entiende de urgencias geopol�ticas, sino que responde a calendarios biol�gicos. Si la ventana de siembra se pierde, el impacto no se ver� ma�ana, sino dentro de meses, cuando ya sea demasiado tarde para corregirlo.
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