Putin bombardea en cuatro años 141 museos, 600 iglesias, cientos de salas de música y los estudios que fundaron el cine ucraniano en 1927

El presidente de Ucrania Volodimir Zelenski y la primera ministra Yulia Svyrydenko visitan las ruinas del monasterio de Pechersk Lavra y la catedral de la Dormición.AFP
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El fin último de la invasión rusa era y sigue siendo liquidar el estado ucraniano y rusificar Ucrania, como el propio Vladimir Putin reconoció meses antes de la invasión, en un texto publicado en el sitio web oficial del Kremlin el 12 de julio de 2021. Se titulaba Sobre la unidad histórica de rusos y ucranianos y era el manifiesto ideológico que trataba de justificarla. Putin arrancaba afirmando que «los rusos y los ucranianos eran un solo pueblo, un todo único» y aseguraba que «la Ucrania moderna fue creada por la Rusia bolchevique y comunista». Es decir, para Putin el estado ucraniano es «artificial» y, por tanto, era el objetivo a eliminar.
Hoy, cuatro años y medio de invasión después, Ucrania sigue existiendo y Rusia sigue sin poder borrarla del mapa, pero los objetivos son los mismos: la eliminación de la identidad ucraniana. Ayer, el ejército de Vladimir Putin, que dirige personalmente la guerra, dejó unos cuantos ejemplos de cómo pretende conseguirlo.
En un solo bombardeo, el régimen ruso lanzó drones y misiles contra el monasterio de Pechersk Lavra, de más de 1.000 años de antigüedad (como Notre Dame, en París) y protegido por la Unesco; el Mystetskyi Arsenal, un complejo museístico y de exposiciones con 60.000 metros cuadrados de superficie expositiva; los estudios de cine Dovzhenko, cuna del cine ucraniano desde los años 20, con un gigantesco archivo y naves enteras llenas de miles de trajes y otras piezas de atrezzo; la sala de conciertos Palatz Ukraina de Kiev, el museo de Arte de Járkiv y la Casa Casa de Música de Órgano y Cámara, el edificio arquitectónico y cultural más destacado de la ciudad de Dnipro.
En total las tropas de la Z han atacado ya 141 museos en toda Ucrania. La destrucción rusa es industrial, sistemática y ejecutada por un estado con los recursos militares de una potencia nuclear. Mientras que los bomberos echaban agua sobre las ruinas de Pechersk Lavra, sus campanas sonaron a rebato, como cuando los mongoles entraron en Kiev para saquerarlo en el año 1240.
La estrategia de Moscú
Hasta mayo de 2026, un total de 1.783 sitios de patrimonio cultural han sido destruidos o dañados desde el inicio de la guerra, según el Ministerio de Cultura de Ucrania. Entre ellos, 161 son de importancia nacional, 1.460 de importancia local y 162 han sido identificados recientemente. 46 monumentos patrimoniales han sido completamente destruidos por las bombas rusas. Como decía Ian Fleming, creador de las novelas de James Bond, una vez es casualidad, dos es coincidencia y tres, acción enemiga. La insistencia de terminar con el patrimonio cultural ucraniano, algo propio de los regímenes imperialistas, es una estrategia. Según el Instituto Smithsoniano de Washington, los objetos culturales corren un 20% más de riesgo de ser destruidos que otros edificios civiles como los hospitales, lo que apunta a que Rusia está atacando deliberadamente este tipo de lugares.
El régimen de Moscú, con su cinismo habitual, aseguró que el monasterio de Pechersk Lavra fue alcanzado por un misil Patriot defectuoso de la defensa antiaérea, una mentira facilmente verificable: lo que se encontró entre las ruinas del edificio fueron restos de un dron ruso Shahed, incluyendo el motor y la hélice.
"Defensor de la cristiandad"
La Rusia se Putin se ha presentado durante esta invasión como el más firme «defensor de la cristiandad» mientras que bombardea iglesias cristianas en Ucrania. Hasta 600 templos ha atacado en cuatro años, incluyendo la impresionante Catedral de la Transfiguración en Odesa.
Por eso, una vez reconocido el patrón de ataque por parte de los rusos, se comprende menos que museos como el de Arte de Járkiv no hubiera evacuado sus obras de su salas. Como consecuencia del bombardeo, más de 1.000 piezas fueron dañadas.
El arqueólogo y experto en patrimonio en zonas de conflicto Amr Al-Azm, que documentó las destrucciones del Estado Islámico (IS) en Siria y ahora estudia el caso ucraniano, señaló la diferencia esencial: «El IS destruía para demostrar que el pasado no debía existir. Rusia destruye para apropiarse de él o para demostrar que nunca fue ucraniano. Son dos formas distintas de la misma guerra contra la memoria».

























