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El drama del preso hispanovenezolano m�s antiguo del chav...
Daniel Lozan · 2026-05-18 · via Internacional

Actualizado

Sentado ante el tribunal que le iba a condenar a 30 a�os de c�rcel por traici�n a la patria, rebeli�n militar, ataque al centinela y sustracci�n de efectos militares, el comerciante hispanovenezolano Jorge Alayeto respir� profundamente. La pesadilla de aquel agosto de 2017, cuando �l y su sobrino fueron torturados durante d�as por agentes de la Direcci�n General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) para forzar una confesi�n falsa, se repet�a de nuevo en el tribunal.

Alayeto fue condenado en abril pasado por una confesi�n grabada en v�deo y con el �nico testimonio "t�cnico" de su torturador, el agente Abel Angola, que fustig� con fiereza a Alayeto (54 a�os en la actualidad, 45 durante los hechos) y a su sobrino Alfonso Ochoa, apenas 20 a�os entonces. Dos civiles que no estaban involucrados en el asalto al Cuartel Paramacay, v�ctimas colaterales de la acci�n de unos militares rebeldes, comandados por el capit�n Juan Carlos Caguaripano, que alquilaron la discoteca de la Hacienda San Luis (de la familia de los Alayeto Bigott) en las horas previas a la acci�n con la que pretend�an derrocar a Nicol�s Maduro.

Pese a la excarcelaci�n de una quincena de ciudadanos espa�oles e hispanovenezolanos desde la captura del dictador el 3 de enero, el preso hist�rico, el que m�s tiempo lleva en las mazmorras chavistas, contin�a en prisi�n. Alayeto encabeza una lista tr�gica en la que tambi�n aparecen Mar�a Auxiliadora Delgado (presa desde 2019), Daniel Medina (2019), Karen Hern�ndez (2020) y Fernando Noya (2020), quienes todav�a mantienen la esperanza de obtener la libertad en la ruleta rusa de las excarcelaciones puesta en marcha por el chavismo 3.0. "El gobierno de Espa�a no ha hecho absolutamente nada por nosotros", denunci� a EL MUNDO Anabel Alayeto, madre de Alfonso y hermana de Jorge.

El caso de Alayeto es un fiel resumen de las arbitrariedades y abusos de la revoluci�n bolivariana. En pleno juicio oral, su torturador apareci� como �nico testigo en su caso. "Me disculpan que me ponga as�, pero me trae muchos malos recuerdos. Este se�or que est� ac� fue el autor principal de las torturas que me hicieron a m� y a mi sobrino (en la sede caraque�a de la DGCIM, en Bole�ta). Me agarraron, me golpearon, me esposaron. �l me dec�a que deb�a decir lo que �l quer�a que dijera. Me golpeaba dur�simo, yo lo que ve�a era un flash. Yo estaba dentro de una pecera, que es un sitio de tortura. Me ense�� c�mo estaban torturando a mi sobrino. Me dijo: t� vas a decir que grabaste el v�deo (el anuncio de los militares rebeldes de que se dispon�an a tomar Paramacay), que lo financiaste. Ese se�or me tortur� hasta m�s no poder hasta que dije bueno, est� bien, te lo digo", relat� Alayeto ante el juez Luis Francisco Ovalles Landaeta, que ni se inmut�. S�lo posible en revoluci�n.

"Me secuestraron junto a mi t�o y a m�, yo estudiaba entonces Ingenier�a Civil. Caguaripano y los suyos asaltaron el cuartel de madrugada y ya en la tarde llegaron 20 camionetas de la DGCIM a la Hacienda, en la que yo hab�a vivido casi toda la vida", record� para EL MUNDO Alfonso Ochoa.

Antes y despu�s de la Hacienda San Luis, en Valencia.

Antes y despu�s de la Hacienda San Luis, en Valencia.E. M.

E. M.

Muy poco queda de la conocida Hacienda San Luis, que lleg� a tener 12 hect�reas en Valencia, a dos horas de Caracas, y en la que adem�s de la mansi�n familiar, considerada de patrimonio hist�rico, y la discoteca anexa contaba con caballerizas, un "fang�dromo" y un circuito de barro para hacer motocross. Las instalaciones se alquilaban y formaban parte del negocio familiar.

Nada queda hoy de ello. "Tuvimos 30 militares metidos en casa durante siete meses, llegaron a golpear con sus rifles a mi t�a, que sufr�a esquizofrenia. Desvalijaron nuestra casa, ya no existe", desvel� a este peri�dico Anabel Alayeto. La familia vive hoy en Estados Unidos, a donde llegaron huyendo de las amenazas y de las persecuciones de la DGCIM, que ha conseguido levantar un imperio econ�mico gracias a los robos y a las expropiaciones que someten a los presos pol�ticos y a sus familias.

"Viv� una pel�cula de terror en carne propia. No son personas, son demonios", resumi� Alfonso Alayeto, quien milagrosamente fue rescatado por su madre de las celdas de tortura de Bole�ta tras casi una semana de desmanes. "Lo he tratado de olvidar, pero es dif�cil. Al llegar me separaron de mi t�o, nunca lo he vuelto a ver, pero sab�a que estaba al otro lado, en la pecera, donde hace mucho fr�o. �l s� me pod�a ver a m�. Me daban co�azos (golpes) en la cabeza, con el pu�o, con la cacha (empu�adura) de la pistola y con la mano abierta. Me torturaron pero no al nivel salvaje de quienes estaban all�, los militares de Paramacay. Fueron cinco d�as de pie, no te dejaban dormir, cuando ca�as al sue�o te daban patadas para que te levantaras. Esposado, con las manos atr�s. Hab�a una silla el�ctrica en el otro cuarto", describi� Ochoa a EL MUNDO.

El chico tard� un a�o en recuperarse f�sica y mentalmente de lo sucedido. Transcurrido ese tiempo, viaj� a Espa�a, tambi�n tiene la nacionalidad espa�ola. Y unos meses despu�s, el destino jug� con �l: en la cafeter�a donde trabajaba, junto al Museo de Arte Reina Sof�a, apareci� uno de los torturadores: "Vi su cara, le reconoc� enseguida. Tomaba una cerveza, no me vio. Entr� en shock y me escond� en la cocina. Llegu� a pensar que me estaban buscando. En ese momento decid� que ten�a que volver con mi familia y me fui a EEUU".