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En Venezuela, los entierros malandros (de delincuentes y malotes) forman parte de la cultura popular, con disparos al aire, música de todo tipo, alcohol, drogas y el estrambótico baile con el que se transporta al muerto en el ataúd, todo un clásico. Varios pasos delante, otros cuantos para atrás y algunos más a los lados para desconcertar al público congregado como si de una rumba (fiesta) se tratara.
Las coincidencias con el proceso abierto en el país caribeño tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero saltan a la vista, basta con observar lo ocurrido el pasado lunes en Caracas, cuando Delcy Rodríguez, en su papel de doctora Jekyll y Hyde, avanzó en los acuerdos de hidrocarburos con empresas estadounidenses para minutos después convertirse en una líder radical cargada de soflamas antiimperialistas. Una estrategia bipolar que añade más incertidumbre al proceso forzado por Washington.
En el mismo día que la privada Venevisión estrenó su informativo nocturno para combatir la censura, cuando horas antes ya se sabía que el defenestrado general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa durante una década y jefe del generalato que mantuvo en el poder a Nicolás Maduro, había sido recompensado por sorpresa con el Ministerio de Agricultura.
Vestida de verde, como tantas veces hizo Maduro para mostrar su connivencia con los militares que le mantenían en el poder, Delcy Rodríguez cogió su fusil imaginario y arengó a las bases chavistas reunidas en Caracas para uno de esos aniversarios que tanto le gustan a la revolución, que tanto añora el pasado lejano.
La presidenta encargada del gobierno de facto acababa de cambiar de forma exprés su outfit, de tecnócrata amante de las marcas más caras en el Palacio de Miraflores a luchadora revolucionaria en la calle. De un elegante vestido blanco, que tanto le acerca a María Corina Machado, con un llamativo adorno negro debajo del hombro, a la Delcy miliciana con chaqueta militar y camiseta roja, un color del que huye a diario como de la peste.
"(Los misiles) llegaron de la mano de los extremistas de Venezuela, llegaron y fueron aplaudidos por quienes persisten en asaltar el poder político para privatizar Petróleos de Venezuela (PDVSA) y entregar nuestras riquezas a poderes extranjeros. Sería el infierno de nuestra patria", arengó Delcy entre acusaciones contra el imperio cuando minutos antes había regalado un mar de sonrisas a los enviados de la petrolera estadounidense Chevron.
"En estos 100 días en el poder, Delcy ha tenido que maniobrar sujeta a una doble tensión. Por un lado, debe cumplirle la agenda a EEUU para seguir en el poder y evitar el destino de Maduro, un destino que, para ser francos, se va diluyendo en el tiempo. Y por otro, también debe cumplirle al ala más radical del chavismo. Esta ala, liderada por Diosdado Cabello, que se siente humillada luego del 3 de enero y que interpreta cualquier concesión de Delcy como una traición. Por eso vemos que el mismo día Delcy firma acuerdos con Chevron y, a la vez, apela a la lógica antiimperialista. En el mismo día, le está hablando a ambas audiencias en el lenguaje que ambas entienden: en el lenguaje de los negocios y la cooperación a EEUU y en el lenguaje de la épica antiimperialista a la disminuida base chavista", precisó para EL MUNDO el politólogo Enderson Sequera.
Para la oposición democrática, que apuesta de forma firme por el regreso de María Corina Machado a Caracas y por la convocatoria a elecciones generales, el principal escollo para avanzar hacia la transición democrática es Cabello, ministro de Interior y arquitecto de la represión en tiempos de revolución. Washington, que mantiene una recompensa de 25 millones por su cabeza, cree tenerlo bajo control, pero el país no se fía, incluso todavía permanecen más de 500 prisioneros políticos en las mazmorras chavistas.
La salida de Cabello del Gobierno de Delcy significaría el desmontaje casi total del madurismo, después de una batería de medidas en ese sentido, culminada por la sustitución de Padrino López por el militar de confianza de los Rodríguez, el general Gustavo González López. Pero una cosa es ser destituido y otra muy distinta es quedarse sin beneficios en los repartos de las mieles del poder.
La propia Delcy anunció que Padrino asume la cartera de Agricultura para "impulsar la producción agrícola y garantizar el abastecimiento nacional". Nadie en Caracas conocía semejantes destrezas en el general.
"Es un premio de consolación barato y momentáneo. Delcy tenía un incentivo triple para remover a Padrino de Defensa: poner a sus leales en el Gobierno, porque se lo pidió EEUU y porque se lo exigían las bases chavistas tras la humillación del 3 de enero. Como decimos en Venezuela, Padrino no tenía dolientes y nadie iba a salir a partir una lanza por él. El tema es que Delcy, mientras va desarrollando la impronta personal de su gobierno, trata de cuidar las formas. No quiere que, en el seno de la base chavista, esto se vea como un rompimiento total con la época de Maduro, por eso le lanza un premio de consolación a Padrino. No sería extraño que, en unos pocos meses, cuando la atención esté en otro tema mayor, Padrino sea removido también de este cargo", añadió Sequera a este periódico.
Varias noticias de impacto en un solo día, a la que se sumó también el recibimiento del presidente francés, Emmanuel Macron, a la líder opositora Machado. Todas ellas recogidas por el nuevo informativo de Venevisión, que renació con solemnidad tras una década de censuras y autocensuras: "Hemos pasado por mucho, pero aquí estamos, de regreso. Comenzamos con la verdad, con los hechos, con la objetividad y con la determinación de que la realidad no se quede por fuera", anunciaron los periodistas Shirley Varnagy y Luis Olavarrieta.
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