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El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha calificado de "positiva" la revisión estratégica de las fuerzas estadounidenses en Europa anunciada por el secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth. Durante una reciente comparecencia, Rutte señaló que es necesario debatir sobre el papel de los aliados y valoró la claridad de Washington al exponer su visión actual sobre la seguridad transatlántica. Según el líder de la Alianza, la organización está inmersa en la que probablemente sea la transformación más profunda de su historia para construir la denominada "OTAN 3.0", un proceso que, aunque atraviesa "aguas turbulentas" y fases difíciles, resulta fundamental para el futuro.
Rutte ha defendido que el papel de Estados Unidos es mantener la presión sobre los socios europeos, admitiendo que algunos países todavía "se quedan un poco atrás" y deben asumir una mayor responsabilidad en su propia defensa. Esta postura surge tras las críticas de Hegseth, quien condicionó el resultado de la revisión del Pentágono a la rapidez con la que Europa tome las riendas de su seguridad. El giro de Washington responde a la necesidad de la administración Trump de reorientar recursos militares hacia la región del Indo-Pacífico ante un posible conflicto con China.
Esta nueva estrategia implica un repliegue significativo, ya que EE. UU. ha señalado que dejará de suministrar activos críticos como portaaviones, aviones de combate y naves de apoyo en situaciones de crisis. Además, se ha puesto en duda el alcance real del Artículo 5, recordando que, si bien garantiza la seguridad colectiva, no obliga legalmente a los aliados a proporcionar apoyo militar directo.
Pese a este clima de incertidumbre y las señales contradictorias de la Casa Blanca, Rutte destacó que los aliados europeos y Canadá han realizado un esfuerzo sin precedentes, aumentando su gasto en defensa en 90.000 millones de dólares el año pasado, lo que supone un incremento del 20% respecto a 2024. Finalmente, el Secretario General restó importancia al impacto de las decisiones de EE. UU. sobre el modelo de fuerza de la OTAN, definiéndolo como una mera "herramienta de planificación" más que una representación exacta de lo que ocurriría en caso de conflicto.
























