Actor protagonista de la serie 'Padre no hay más que uno' (Atresplayer). Tras el éxito de las películas de Santiago Segura, ahora la serie también triunfa con otros personajes y revela a la familia como fuente inagotable de ficción

Dani Pérez Prada
Actualizado
- Vive en el centro, en Ópera. ¿Un actor puede permitírselo?
- Si tienes suerte y trabajas de forma constante, como en mi caso, quizá sí. Pero hoy en día la noticia no es que un actor viva en el centro, sino que alguien pueda alquilar un piso en Madrid. Incluso gente con trabajos más estables lo tiene difícil. Si tuviera que buscar casa ahora, sería una pesadilla.
- Quería hacer la entrevista en su barrio para, de alguna manera, reivindicarlo.
- Sí porque se no está yendo el barrio por la alcantarilla. Se suma la despersonalización, el cierre de tiendas y la falta de cariño hacia quien vive aquí. Es el centro de una gran capital europea, sí, pero da la sensación de que nos están echando físicamente. Aun así, resistimos unos cuantos galos.
- En la ficción se ven casas irreales.
- Sí, entiendo la necesidad técnica, pero es verdad que esas casas no representan la realidad. A veces la ficción crea un ideal aspiracional más que reflejar lo cotidiano.
- ¿La serie 'Padre no hay más que uno' es una secuela de las películas de Santiago Segura?
- Me gusta decir que es una reformulación del universo. Comparte título y producción, pero el tono y el formato son distintos. Es un falso documental inspirado en series como Modern Family o Paquita Salas. Tiene narrativa nueva, personajes nuevos... Me habría gustado otro título para que se viera sin prejuicios, pero por otro lado heredar el éxito siempre ayuda.
- En la serie hay una familia muy numerosa. ¿Es algo realista hoy?
- Cinco hijos hoy es casi ciencia ficción. En mi entorno, lo normal son uno o dos. No conozco a nadie con cinco. Es generacional y socioeconómico: estabilidad tardía, sueldos, vivienda... Muchos amigos habrían tenido más hijos si hubieran podido permitírselo.
- ¿Es padre en la vida real?
- No. Me gustaría serlo algún día, pero de momento no lo soy. Sí soy muy niñero: me encanta pasar tiempo con mis sobrinos y consentirlos.
- ¿Cómo ve la figura del padre hoy respecto a generaciones anteriores?
- Creo que está evolucionando. Veo amigos implicados, conscientes y tratando de dejar atrás roles antiguos. La serie refleja eso: un padre que se queda en casa mientras la madre trabaja. Y los niños lo ven normal, lo cual es señal de evolución.
- ¿La ficción puede influir en esa normalización?
- Claro. Las series ayudan a construir relatos y a reflejar la realidad. Igual que nosotros crecimos viendo Médico de familia, las nuevas generaciones tendrán otros referentes.
- La familia parece un tema inagotable en ficción. ¿Cómo la entiende usted?
- Depende de la experiencia. Mis padres se separaron cuando no era habitual, pero siempre hubo unión y apoyo. Para mí, familia puede ser sangre o amigos. Creo más en las personas y en la comunicación que en una idea única de familia.
- ¿Se juzga más a las madres que a los padres?
- Sí, en general se juzga más a las mujeres. Y en la crianza, además, ellas siguen cargando con más peso desde el embarazo en adelante. Pero bueno, es injusto opinar con ligereza sobre la paternidad sin vivirla.
- Su personaje sigue corrientes modernas de crianza.
- Sí. Es un padre muy implicado, quizá incluso pesado con la educación consciente. Quiere hacerlo bien aunque peque de sobreprotección.
- ¿Qué le ha aportado trabajar con niños?
- Me recordó que para actuar hay que conservar algo de infancia. Trabajar con ellos me reconectó con esa chispa.
- ¿Y este papel de padre protagonista en su carrera?
- Ser protagonista supone subir un peldaño tras muchos años trabajando. Y a nivel interpretativo me ha reconciliado con hacer ficción familiar: entretener a niños y jóvenes es dificilísimo y muy digno. Pienso en actores como John Candy o Rick Moranis, capaces de mezclar comedia y emoción. Mi personaje es torpe y cándido, pero intenta conectar con sus hijos, y eso me interesa mucho como actor.
- Estuvo en la última película de José Luis Cuerda.
- Fue increíble. Había un plantel impresionante de actores. Además, lo que pasó con Cuerda fue curioso: a nosotros nos habían advertido de su carácter fuerte, que en rodaje tenía mucho genio. Yo lo hablaba mucho con Roberto Álamo. Pero nos encontramos con algo completamente distinto: un venerable anciano, muy agradecido y emocionado por poder rodar su última película. Yo me encontré con una persona muy agradecida: el último día se puso a llorar y dijo que para él hacer cine siempre había sido como follar, pero que en esa película le estábamos haciendo el amor.
La última...
Pregunta. ¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho? ¿Y qué respondió?
Respuesta. No recuerdo ninguna. Pero decían que hablar de dinero era de mal gusto y creo que si los actores hubiéramos hablado de sueldos nos habrían tomado mucho menos el pelo.



















