Su pódcast, Delirios de España, ha iniciado gira por teatros y estará en el Apolo de Barcelona con el chándal de Chenoa de protagonista

Juan Sanguino, director del podcast 'Delirios de España'
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Cronista del delirio español y enciclopedia de la cultura pop, nadie ha profundizado como Juan Sanguino (Madrid, 1984) en la España del desparrame. Del fenómeno que rodeó a Jesulín de Ubrique al accidentado rodaje de Los otros, pasando por la fama de Mar Flores, la visita de Marta Sánchez a las tropas en el Golfo y los Goya del No a la guerra. Ahora su pódcast, Delirios de España ha iniciado gira por teatros y estará el 11 y 12 de abril en el Apolo de Barcelona con el chándal de Chenoa como protagonista. España y sus eternos delirios.
- ¿Podríamos explicar la historia de España saltando solamente de delirio en delirio?
- Exclusivamente a base de ellos, hay algo muy campechano, cutre y casposo en el poder español. Siempre lo ha habido. España es un país muy delirante. Y hay una grandeza en que se sepamos ver el esperpento, en que Valle-Inclán construyera ese espejo grotesco. Este es el único país en la historia reciente que ha sido potencia mundial y a la vez ha estado a la cola de Europa. Mirar España de manera literal es muy desagradable y doloroso, nuestra historia es una tragedia, pero nosotros lo hemos convertido en una tragicomedia y eso tiene cierta épica.
- Siempre se ha dicho que España es un país que se ha reído de sus desgracias y hasta casi ha convertido en héroes a sus villanos. Ábalos es el penúltimo ejemplo.
- En España nos fiamos más del cutre que del refinado. Los dos te la van a liar, pero al cutre lo ves venir. Creo que es porque tenemos cierto miedo a que nos traicionen. Juan Carlos I es el ejemplo, esa campechanía caía simpática y no nos fiábamos de Adolfo Suárez porque quizá performaba una sofisticación. Es la misma dicotomía entre Antonio Banderas y Penélope Cruz. Banderas era una superestrella que miraba a la cara a Brad Pitt y Tom Cruise, pero seguía pareciendo el señor del barrio. A España le gusta el éxito accidental y lleva muy mal la ambición.
- Pero la ambición está por igual en todos esos casos.
- Aquí cuando alguien se cree mejor que los demás no lo soportamos. Penélope en sus primeros años en Hollywood se reinventó, empezó a vestir de Dior y de Chanel y de repente era Audrey Hepburn. Eso despertó mucha antipatía porque quién se creía ella siendo de Alcobendas. . Ese era un insulto muy usado, le pasó también a Mar Flores por ser de Usera y querer refinarse. En el caso de Ábalos vuelvo a lo mismo, lo delirante no es todo lo que ha hecho, sino la reacción. Que hasta hay un compadreo de mucha gente de derechas con él. Si hasta Santiago Segura decidió resucitar a Torrente después del caso Ábalos.
- ¿Cómo llegó un chico de Alcorcón a ser nuestro cronista de delirios?
- No quiero caer en tópicos, pero cuando no tienes demasiados amigos, en mi caso por ser el niño mariquita, estás muchas horas solo y buscas hobbies. El mío fue ver películas, ver la tele y leer revistas. Ahí empezó a fascinarme el por qué de todo, las curiosidades, las anécdotas de los rodajes... Me abrí un blog siendo profesor de inglés, empecé a escribir en Vanity Fair y luego en El País y ahora ejerzo de periodista desde hace diez años. A mí cuando me hice mayor me costó asumir que la realidad y la sociedad no eran definitivas, eran cambiantes.
- ¿A qué se refiere?
- Cuando yo leía temas sociales en los 90 y los 2000, me parecía que esa era la cima de la civilización, que ya no podíamos mejorar. Que todo lo anterior era bárbarico porque siempre se habla de esos términos del pasado. Cuando empecé a cumplir 25, 30, 35 años, me di cuenta de que esto cambia constantemente. Eso me provocó más curiosidad por entender el mundo en el que crecí porque Alcorcón era una ciudad en la que pasaban muy poquitas cosas. La tele y las revistas eran mi ventana al exterior.
- ¿Hay algo de revancha en su popularidad contra esa infancia?
- Si rascas en cualquier persona con una profesión de exposición pública, hay soledad infantil, padre ausente, que no es mi caso, o el bullying, que sí lo es. Supongo que de ahí viene una necesidad de validación y de aprobación externa que internet y las redes sociales nos han aumentado. La venganza puede ser un motor para la ambición. No tengo la idea de que quienes me hicieron bullying ahora me vean en la tele, pero sí creo que hay una necesidad de compensar la decepción que supone para tus padres no entrar en los cánones de lo que esperan de ti. No creo que sea el único con esa sensación. Es una cosa muy millennial porque se nos prometió un éxito automático que no tuvimos. En el fondo, gestionamos muy mal la frustración y eso, en mi caso como autónomo me lleva a autoexplotarme. Me pasaba días sin dormir, trabajando horas y horas para algún artículo porque tenía que revalidar la oportunidad que me habían dado, demostrar que no se habían equivocado dándomela.
"En Estados Unidos tienen a Britney Spears y a Janet Jackson para explicar la cuarta ola feminista, nosotros tenemos el chándal de Chenoa"
- ¿Es eso que ahora se ha bautizado como el síndrome del impostor?
- Yo no tengo síndrome del impostor y creo que es una cosa que se está utilizando para hablar de inseguridad. Yo soy inseguro, pero sé lo que puedo hacer bien y lo que no. Ahora la gente llama síndrome del impostor a estar un poquito nervioso. La gente que hace stories diciendo que tiene síndrome del impostor me pone muy nervioso. Porque si tan grande es, te tendrías que estar sintiendo un impostor. Es la normalización del lenguaje de terapia continuo. Es como lo de que te ha dicho tu psicóloga que te tienes que priorizar. Te aseguro que estás bien de priorización hacia ti mismo.
- Su último capítulo del pódcast es el No a la guerra de los Goya en 2003 y usted ha sido el guionista de los Goya que han vuelto a resucitar ese lema.
- Fue casualidad que la semana de estreno de ese pódcast Pedro Sánchez hablase del No a la guerra porque esto lo iba a hacer hace dos años. Me parece muy interesante porque se cierra un círculo. La Guerra de Irak llegó en un momento donde el PP estaba dando buenas subvenciones al cine español, algo peores que en la primera legislatura de Aznar, pero muy buenas. El cine español siempre está en crisis, lleva así desde que acabó la dictadura, y la semana antes de aquellos Goya estaba negociando mejores ayudas, había miedo a represalias. Eso ya no existe, los actores y directores jóvenes no tienen miedo a decir lo que piensan porque estamos con un Gobierno del PSOE y las ayudas tampoco son mejores. Además, ya saben que les van a odiar igual, que hay una animadversión contra el cine español y prefieren irse con la conciencia tranquila a casa. Otra cosa es si es lícito preguntarles tanto por política.
- ¿Es lícito para usted?
- Una persona es libre de hablar de lo que quiera y tener una plataforma mediática no te convierte en responsable de todas las causas políticas. Entiendo quien le afeó a Rosalía que no dijese nada de Palestina, pero no lo comparto. La libertad de expresión es total o no es, es decir y callar lo que quieras. Exigir a una persona solo porque es famosa un posicionamiento político es injusto. Porque, en el caso de Rosalía, ella es cantante, no socióloga ni política.
- ¿Qué explica de nosotros el chándal de Chenoa, protagonista de su gira de teatros con el pódcast?
- La reacción al chándal es lo que nos sirve para entender aquella sociedad de los primeros 2000 donde había muy poco respeto por la dignidad del individuo. Veíamos las primeras historias de gente normal, los famosos ya no eran personas más grandes que la vida sino tu prima. Eso hizo que no se respetase a Chenoa porque aquella España era muy misógina y sentía mucha antipatía por las mujeres seguras. Chenoa lo era, sabía que era la mejor de OT y no iba a hacerse la tonta. Pero con el chándal luego llegó la compasión porque la vimos frágil y derrotada, que es como querían que fueran las mujeres de aquella época.
"Si rascas en quienes tenemos una profesión con exposición pública, hay soledad, padre ausente o bullying"
- Hay algo de la ruptura que siempre resulta atractiva
- La ruptura es algo con lo que cualquiera se puede identificar, a todos nos han chuleado y nos han hecho un ghosting. La mujer fuerte y segura pasa a ser una romántica, vulnerable y humana. El yerno perfecto ya no es perfecto. Ese quitar la máscara es apasionante. Y luego llegó la cobra que era el final perfecto del culebrón. Pero esta vez la gente se pone de parte de ella, el meme ya no es de ridiculización o de compasión, sino de celebración. Ella ahora mismo es la que mejor cae de los triunfitos y la más famosa. Ese viaje de 25 años es suyo y de toda la sociedad española.
- Lo más impresionante es que ese chándal se ha convertido en un símbolo feminista en nuestro país
- En Estados Unidos, hay muchos objetos de estudio para la cuarta ola feminista de 2016 a 2020 con Britney Spears, Janet Jackson y las Spice Girls con sus luces y sombras. Aquí tenemos el chándal de Chenoa, nuestro objeto de estudio para entender el viaje de España hacia el feminismo. Ninguna historia mejor que la suya porque fue atacada por la misoginia de su tiempo y 15 años después celebrada por el feminismo.
- ¿Cuál es el gran delirio de la España actual?
- España es un país muy delirante y lo divertido y escalofriante a partes iguales es que no hay historia que no esté atravesada o impregnada por el esperpento. Este es un país muy poco serio, con muchísima tendencia al ridículo y muy poco autoconsciente. Y eso es un material muy rico desde el punto de vista literario. El divorcio de Shakira y Piqué sería un gran delirio, con la bruja en la terraza y la canción sonando para que su ex suegra se volviera loca. A mí, dentro de 20 años, me gustaría contar a Aitana, que me parece un gran delirio de España. También Amaia Montero.
- Con su regreso a La oreja de Van Gogh a la vuelta de la esquina además
- Es que además Amaia atraviesa varias Españas porque fue la banda sonora de la España optimista, del España va bien. En el pop de los 90 había canciones sobre violaciones, canciones de corte social, La Oreja de Van es todo alegría y saber cuándo va a volver tu novio. Entonces. Amaia Montero es el gran ejemplo de la nostalgia mal entendida que impera entre los millennials, explica un poco de la sociología de la España de los últimos 25 o 30 años.
























