Es doctor y profesor de Investigación del CSIC en el Instituto de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid. Publica el libro ‘La ilusión del tiempo’, un ensayo que va desde los trabajos de Newton y Einstein a las películas de Christopher Nolan

Alberto Casas posa para EL MUNDO.JAVIER BARBANCHO
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- ¿El pasado, el presente y el futuro no existen?
- Existen porque necesitamos una coordenada temporal para describir los hechos del universo, pero la percepción que tenemos de cómo el tiempo transcurre es una ilusión. Por ejemplo, sentimos que avanza siempre a la misma velocidad en todos los sitios y no es así. Según el movimiento del observador o la intensidad del campo gravitatorio, el tiempo transcurre a distinta velocidad. Esto hace que en la parte superior de un edificio el tiempo fluya más rápido que en las plantas bajas. Incluso tu cabeza envejece más rápido que tus pies.
- Entiendo que es una diferencia minúscula.
- Solo se puede medir con relojes atómicos. La mayor parte de las civilizaciones antiguas, a excepción de la griega, asumían que la Tierra era plana porque no tenían herramientas para demostrar lo contrario. Ahora nos sucede algo parecido. Si pudiéramos movernos con velocidad cercana a la de la luz o aproximarnos a un agujero negro, veríamos cómo el tiempo avanza a distintas velocidades.
- Es a lo que se juega en Interstellar.
- Me gustó mucho Interstellar. Está muy bien asesorada por Kip Thorne, premio Nobel de Física. Se toma algunas licencias, como cuando el protagonista viaja al interior de un agujero negro y pasan cosas muy divertidas, pero la mayor parte de la película refleja bastante bien cómo el tiempo se dilata cuando te acercas a uno.También es una buena referencia la primera adaptación de El planeta de los simios. Los protagonistas viajan a una velocidad cercana a la de la luz y, cuando regresan a la Tierra, han pasado 2.000 años. Otras entregas de la saga no son tan fiables.
- Con las herramientas adecuadas, ¿podríamos predecir nuestro propio futuro?
- Es muy difícil de imaginar. Para ello tendríamos que conocer exactamente el estado del universo ahora mismo, algo imposible. Incluso en ese caso, la física cuántica introduce un elemento de aleatoriedad. En contraste, del pasado sí poseemos registros. Pero eso no se debe a que el pasado ya haya sucedido, sino a que en épocas anteriores la entropía era menor. Es como si viajáramos en un tren sentados en el sentido contrario de la marcha: solo vemos lo que ya ha pasado, no lo que pasará. Del pasado tenemos recuerdos y del futuro no. Eso produce la sensación de que el pasado es inalterable y el futuro está abierto. Pero, según la física, no es exactamente así. En sistemas simples, como el sistema solar, sí podemos hacer predicciones -por ejemplo, eclipses-, tanto hacia el futuro como hacia el pasado.
- Pero la física ha teorizado mucho sobre los viajes al futuro.
- La teoría de la relatividad plantea un camino para viajar al futuro, sí. Es lo que comentábamos con El planeta de los simios. Si una nave pudiera viajar a una velocidad cercana a la de la luz, en un año para la tripulación pasarían cien años en la Tierra. Sería una forma de hacerlo. Algo parecido se conseguiría acercándose a un agujero negro, donde el tiempo transcurre más despacio, y regresando a la Tierra.
Viajar al pasado, en cambio, es mucho más complicado. Podría haber configuraciones exóticas de materia y energía, como los agujeros de gusano que conectan puntos distintos del espacio-tiempo, pero serían tremendamente inestables. Es difícil imaginar un viaje al pasado que sea realista. De hecho, Stephen Hawking formuló la conjetura de la protección cronológica, que postula que las leyes fundamentales de la física impiden los viajes al pasado. - La percepción de un futuro ya escrito podría convertirnos en pésimas personas. ¿Para qué ser buena gente?
- La física clásica dice que eso es así: lo que pasó y lo que ocurrirá ya está determinado, no tienes control sobre lo que va a suceder. Es cierto que la mecánica cuántica introduce un ingrediente aleatorio, pero la propia teoría fija las probabilidades de las distintas alternativas con precisión y no podemos modificarlas. Seguimos sin tener control genuino sobre lo va a suceder. Es algo parecido al juego de la oca: aunque el dado sea perfectamente aleatorio, eso no nos da ningún margen de elección sobre el siguiente movimiento de nuestra ficha. Por otro lado, sí poseemos un libre albedrío efectivo, cuando nuestros actos son el resultado de nuestras deliberaciones internas. Y en ese sentido lo sensato es exigir responsabilidad por nuestros actos, es la única forma sensata de comportarnos para poder vivir en sociedad y evitar el caos.
- Siempre se ha criticado a la física teórica por su escasa practicidad.
- Los seres humanos tenemos un impulso natural por conocer el universo y todo lo que nos rodea. Hay teorías que no tienen una aplicación práctica directa, como la del Big Bang, que describe un suceso ocurrido hace 13.800 millones de años, pero que nos aportan un enorme conocimiento sobre nuestro lugar en el universo. Eso ya es importante. Y luego hay teorías que acaban teniendo aplicaciones inesperadas, como la mecánica cuántica, que nació hace cien años sin un uso claro y terminó siendo la base de la mayor parte de la tecnología que utilizamos hoy.
- ¿De dónde nace su interés por la física teórica?
- Mi padre era físico y sin duda eso debió influir: de pequeño ya quería ser físico. Entonces no había tantos referentes, pero tenía algún libro sobre el universo que me fascinaba. Y también películas como 2001: Una odisea del espacio, o la serie documental Cosmos. Hay mucho pesimismo, pero creo que los jóvenes de ahora están más preparados de lo que lo estábamos nosotros. Cuando hago divulgación, eso lo percibo y resulta reconfortante.
La última...
Pregunta. ¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho? ¿Y qué respondió?
Respuesta. He tenido la suerte de no recibir preguntas realmente impertinentes, si acaso alguna incómoda cuando, en un contexto profesional, me preguntan por detalles personales que no vienen al caso. En esos casos, intento responder con educación, pero reorientando rápidamente la conversación en una dirección menos personal.



















