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El Mundo
Charo Lagares · 2026-04-20 · via Líderes

En menos de dos décadas ha escrito 26 libros, vendido 5 millones de ejemplares y adaptado sus novelas al cine. Con un estilo que ha convertido su nombre en un género propio, en Una niña buena la valenciana busca su idea del éxito.

La escritora Elísabet Benavent, en el centro de Madrid.

La escritora Elísabet Benavent, en el centro de Madrid.

Actualizado

Traducciones, adaptaciones cinematográficas, 5 millones de libros vendidos. ¿Cómo ha cambiado su escritura ahora que su vida depende de ella?
Intento no ser muy políticamente correcta, pero lo soy más que antes. Ahora pienso más en si puede herir la sensibilidad de alguien. Antes escribía con frases muy cortas, muy picado el texto, y ahora intento elaborar más. Son muchos años de escritura, rompiendo mano, y de lectura de grandes clásicos. Quizá ahora huyo del amor romántico tradicional. Había crecido con cuentos de princesas y leído mucho romance, que asienta unos estereotipos que ahora estamos poniendo en duda porque se han descubierto como parte de dinámicas bastante tóxicas. Intento hacer autocrítica en ese sentido. Echo la vista atrás y no estoy demasiado contenta con mi mirada romántica en algunos libros. Valeria, por ejemplo, es una mujer que está esperando que un hombre cambie por ella. No me gustaría que nadie leyera el libro y creyera que eso es lo que una mujer debe esperar. Pero tenía 24 años cuando lo escribí. ¿Qué sabía yo de la vida?
¿Los personajes de ficción tienen que ser ejemplares?
No. Y lo que escribo no tiene vocación educadora, sino de entretenimiento. Pero no me gustaría que una niña de 14 años sin demasiada comunicación con sus mayores piense que es la realidad. Si va a tomar referencias de la ficción, prefiero que sean lo más sanas posibles. Que sepa que aquello que se idealiza puede tener también su lado oscuro. Es cierto que la experiencia es un grado y que nunca aprendemos en piel ajena, pero estaría bien que pudiéramos aprender sin tener que sufrir. Yo he aprendido mucho de la bondad. Creo que la idea de que hay que pasarlo mal para alcanzar una lección vital está un poco desfasada.
26 libros en menos de 20 años. ¿No será usted la niña buena del mundo editorial?
Soy muy formal, eso es verdad. En la editorial soy famosa por no saltarme una fecha de entrega. Me han educado para no molestar con mis retrasos. Quizá sí tengo un poco de síndrome de niña buena. Se nos ha enseñado a no levantar demasiado la voz o no llamar la atención porque aún queremos asemejarnos a un holograma social de la mujer en el que a lo mejor no encajamos. Creo que las generaciones más jóvenes están desligadas de esa idea que dice que si no cumples no vas a merecer amor.
A veces las acusan de no ser capaces de mantener una relación.
Hay un término medio: a todos nos gusta complacer y que nos complazcan, pero se trata de que eso no te anule. No significa que no hagas nada por los demás, sino que lo que hagas no vaya en contra de tus necesidades o principios.
¿Sirve de algo ser una niña buena?
Para una misma no es útil. Solo sirve a los demás.
¿Qué tiene peores consecuencias: portarse mal o no saber decir no?
Lo primero puede ser la base de una pequeña revolución. En internet veo, por ejemplo, mucho miedo al cringe, a dar vergüenza ajena. Prefiero al hiperbólico, al que da la nota. Tampoco se puede culpar al que quiere desaparecer con un clean look. Hay mucha presión social.
Intenta, de hecho, definir el éxito en esta novela.
Para mí es estar tranquila. Eso implica muchas cosas. Entre otras, tengo éxito si soy quien quiero ser y no quiero estar en otro lado.
Es, de hecho, una de las pocas escritoras que puede serlo a tiempo completo.
Intento ser muy responsable económicamente. Vengo de clase media, pero desde adolescente quise trabajar para ayudar con mis gastos. Es un mundo difícil. Hay que tener mucha suerte.
¿Cuáles han sido sus momentos de fortuna?
Estuve en el lugar adecuado en el momento oportuno. Mi editora se cruzó con mi novela, que había autopublicado en Amazon, en un tablón de anuncios digital. El boca-oreja ha ayudado a que se haga la pelota más grande. También he trabajado muchísimo. Hay que hacerlo para que se alarguen los momentos de suerte.
La protagonista no se siente suficiente. Con su situación, ¿cómo se identifica usted con ella?
¿Cómo me voy a sentir suficiente si siempre están intentando vendernos algo para mejorarnos? Ahora es la extrema delgadez. Siempre habrá algo con lo que nos bombardeen. Las redes sociales están construidas sobre la comparación. Normalizan cosas que no lo son.
Y la madre es la villana.
Creo que se empezó a gestar después de leer a Blanca Lacasa. Me he sentido incómoda escribiendo al personaje. España tiene una tradición en la que la familia era el centro de neurálgico de la sociedad. Se fomentaba en políticas sociales y con la mirada ajena. Que se ponga en duda es un poco revolucionario. Es cierto que los amigos son una familia que se escoge, pero eso no significa que tengas que dar la espalda a cualquier relación que sea mínimamente complicada.
Y el hombre es casi más recuerdo que personaje. ¿Qué tienen los amores inconclusos para que se enquisten?
Es un quizá enorme. Permite todas las posibilidades. No ha visto la rutina ni las discusiones. No se ha enfrentado a nada real. En él caben todas las fantasías del mundo.