




















Según su perfil de Wikipedia, el próximo 7 de agosto Jimmy Wales cumplirá 60 años. En una ocasión alguien añadió en ese mismo artículo una frase aparentemente sin importancia que revelaba que Wales jugaba con frecuencia al ajedrez con sus amigos. No era cierto. No obstante, esa información provocó que el fundador de Wikipedia fuera invitado a realizar el primer movimiento ceremonial en el Campeonato Mundial de Ajedrez como si fuera Zinedine Zidane haciendo el saque de honor en un partido de la Champions en el Santiago Bernabéu. Es el poder de la palabra de... Wikipedia.
Esa mentira ya ha sido retirada de su perfil.
Hijo de un gerente de supermercado y una maestra de Alabama, Wales conforma junto a sus contemporáneos más famosos de Silicon Valley una cuadrilla de elegidos que han cambiado nuestro mundo a través de internet.
Sin embargo, Wales es distinto al resto.
Es el único que no es multimillonario.
Y el único que parece un tipo normal.
El creador de la enciclopedia más famosa se define como tímido aunque esté acostumbrado a charlar con líderes políticos, dar conferencias en colegios y visitar a los voluntarios que escriben en cualquier rincón del planeta. Es alguien relativamente accesible. Responde directamente a través del enlace a Zoom enviado a su asistente. No hay cortafuegos de por medio. Se conecta desde un despachoque tiene en el sótano de su casa en Londres, ciudad en la que vive desde 2012 por su relación con Kate Gevey, una ex asistente de Tony Blair a la que conoció en el Foro de Davos.
Wales no es nada grandilocuente si se compara con sus compañeros del olimpo digital. No se parece al robótico Mark Zuckerberg, cuya admiración por el poder y estética de los emperadores romanos se traduce hasta en su corte de pelo marco aurelio. Tampoco se le conocen amistades peligrosas como la conexión con Jeffrey Epstein que está comprometiendo a Bill Gates. Ni, que se sepa, ha jurado revelar la identidad del Anticristo como sí ha hecho Peter Thiel. No da la impresión Wales de recurrir al consumo de testosterona para rejuvenecer su cuerpo al estilo de Jeff Bezos o de querer llenar el mundo de hijos con el fin de «salvar la civilización» como Elon Musk.
Por cierto, este último es sin duda el compañero que más guerra le da. Musk es abiertamente hostil con Wikipedia desde su cuenta en X. La llama wokepedia acusándola de tener un sesgo progresista e intenta torpedear sus campañas de donaciones. Hay que decir también que detrás de estos ataques hay algo más que una lucha ideológica: el dueño de Tesla busca promocionar a toda costa Grokipedia, la enciclopedia en línea administrada por IA de su propiedad, y sabe que su éxito depende del descrédito de su rival.
«Elon es alguien extravagante y a veces se pone un poco dramático», dice el presidente emérito de la Fundación Wikipedia sin dar importancia a la refriega. «No le presto mucha atención y le deseo lo mejor».
En la era de la polarización y la incertidumbre, Wikipedia representa en su 25º aniversario un esfuerzo colectivo y altruista que, a pesar de los cambios vividos durante este siglo, no pierde vigencia. Algo muy meritorio si se tiene en cuenta que la Red es una fosa de grandes ideas que fueron devoradas por el mercado o bien se suicidaron. Que se lo pregunten a Netscape, Hotmail o, entre otros, Fotolog.
Guste o no a Musk, Wales encarna uno de los proyectos más fascinantes no sólo de internet, sino de la Historia de la humanidad.
Para entender lo loca que era la idea que tenía para aglutinar conocimiento hace un cuarto de siglo recurrimos al inicio de The Seven Rules of Trust (Las siete reglas de la confianza), un libro todavía no traducido al español que se ha publicado hace pocos meses en el que Wales desvela los secretos de su éxito. El texto es una mezcla de autobiografía empresarial y lecciones prácticas en el que defiende lo importante que es tener un propósito firme, transparencia e independencia.
«Hace muchos años, cuando el mundo todavía estaba aprendiendo sobre esta extraña novedad llamada Wikipedia, la mayoría de las personas estaban seguras de que era una idea terrible. Una enciclopedia en línea que cualquiera pudiera escribir y editar. ¿Cualquiera? La premisa parecía desafiar la lógica. ¿Cómo podían los lectores confiar en que sus datos eran realmente hechos comprobados y no tonterías escritas por inexpertos o bromistas? El público nunca confiaría en Wikipedia. Y sin confianza, Wikipedia no sería nada», escribe Wales. «Tarde o temprano, Wikipedia fracasaría y sería olvidada, como tantas otras ideas descabelladas en internet. Todo aquello era ridículo. Una broma...».
Wikipedia era muchas cosas, pero no una broma.
Para demostrarlo basta recurrir a la célebre diseñadora de moda Diane von Fürstenberg, quien le echó en una ocasión el mejor piropo que haya recibido un barón tecnológico por su creación: «Todos usamos Wikipedia más a menudo de lo que vamos al baño a mear».
Wikipedia se edita en 334 idiomas. Cuenta con 65 millones de artículos (dos millones en español) y 3.500 millones de ediciones. Sus 180.000 millones de visitas al año la convierten en la quinta web con más tráfico, una magnitud similar al número de estrellas estimado en la Vía Láctea. Un cuarto de millón de personas escriben en ella sin cobrar y ocho millones apoyan su mantenimiento mediante donaciones económicas.

Jimmy Wales, en 2020.LINO MIRGELERGETTY
Wales sabe de lo que habla. Entre 1994 y 2000 se dedicó a trabajar en finanzas. Tuvo éxito como trader especulando con divisas en una firma de Chicago dedicada al mercado de futuros. Con un notable capital ahorrado dejó ese trabajo «aburrido» para apostar por su sueño de montar algo en internet, un entorno de oportunidades único. Primero creó un motor de búsqueda para jóvenes llamado Bomis que movía contenido erótico y luego apostó por una gran enciclopedia, vocación que arrastraba desde la niñez cuando se pasaba horas en Alabama leyendo la Gran Enciclopedia del Mundo. Así que, como si fuera un Diderot en vaqueros, fundó Nupedia, una enciclopedia digital de artículos escritos por expertos y registrados bajo licencia de contenido libre.
Nupedia funcionaba con un sistema muy complejo. El proceso de revisión de artículos tenía siete etapas. Los autores tenían que mandar por fax su currículum para que se investigaran sus credenciales. El rigor se unía a la desconfianza. Para Wales todo era bastante aburrido y ya sabemos lo que pasa cuando se aburre...
El 26 de diciembre de 2000 su primera mujer se puso de parto. Los médicos advirtieron que algo iba mal. La hija recién nacida de Wales había inhalado una mezcla de líquido amniótico y heces que obstruía sus vías respiratorias. Según le informaron, había un tratamiento experimental que podía ayudarla. El problema es que no tenía ni idea de qué era el síndrome de aspiración meconial que padecía ella. Necesitaba estudiarlo. En internet, los comentarios eran incoherentes y los trabajos científicos que encontró eran demasiado técnicos y no los entendía. Nupedia tampoco podía ayudarle porque entonces sólo contaba con 21 artículos que nada tenían que ver con el tema que le angustiaba. «Era como buscar en los escombros de una biblioteca bombardeada», reconocería Wales. Finalmente tomó una decisión y acertó: su hija pudo recuperarse sin problemas. Sin embargo, esa laguna de conocimiento le había marcado mucho. Tanto como para empezar de cero.
Tres semanas después de su hija, nacía Wikipedia. El 15 de enero de 2001 Wales escribía la primera entrada de esta enciclopedia que levantaría junto al filósofo estadounidense Larry Sanger y, siguiendo una vieja tradición de programadores, escribió en su primera intervención: «Hola, mundo».
El diseño era una evolución de Nupedia, pero con un cambio sustancial: los artículos no estarían escritos por expertos, sino por voluntarios de cualquier lugar que tuvieran interés en el fomento del conocimiento. El término wiki -que significa rápido en la lengua hawaiana- alude al nombre que recibe una comunidad virtual cuyas páginas son editadas directamente desde el navegador, donde los mismos usuarios crean, corrigen y borran contenidos que son compartidos por cualquier otro usuario.
Para su programación, Wales instaló el software wiki, que era tan sencillo que ni siquiera requería contraseñas, así que la sesión la podía iniciar cualquier usuario.
Lo que era un experimento confuso se convirtió en muy poco tiempo en un gran éxito editorial. En tres años Wikipedia superó en volumen de artículos a la Encyclopaedia Britannica.

Daniel LEALAFP
Para Wales todo se resume en la confianza. Ganar. Mantenerla. Las consecuencias de perderla. Wikipedia sólo puede sobrevivir si la defiende. Recurrimos al artículo La fiabilidad de Wikipedia que encontramos, dónde si no, en la fuente homónima: «La fiabilidad de Wikipedia se refiere a la validez, verificabilidad y veracidad de Wikipedia y su modelo de edición generado por el usuario [...] La enciclopedia en línea ha sido criticada por su fiabilidad fáctica, principalmente en lo que respecta a su contenido, presentación y procesos editoriales. Los estudios y encuestas que intentan medir la fiabilidad de Wikipedia han sido mixtos, con resultados variados e inconsistentes».
Pues eso.
Wikipedia conoce sus riesgos y también la necesidad de salvaguardar la confianza e incrementarla a toda costa.
Lo cierto es que Wikipedia, pese a sus errores, ha ganado una respetabilidad que antes parecía inimaginable. En los primeros 2000 verla citada como fuente en un artículo periodístico era casi imposible. La credibilidad ganada ha requerido de mucha inversión en mecanismos de control. «Tengo que decir que ni antes éramos tan malos ni ahora tan buenos», admite Wales.
El poder de la desinformación lo conoció rápidamente su equipo fundador cuando afrontó la primera crisis reputacional en 2005. Ese año se hizo público que en el perfil de un funcionario del Gobierno estadounidense se le definía como cómplice en el asesinato de JFK y de su hermano Robert Kennedy. Un editor había colado ese bulo porque pensaba que Wikipedia era una web humorística.
El daño fue enorme. Wales lo recuerda con pavor.
A día de hoy los editores voluntarios están obligados a seguir unas reglas muy estrictas en relación a las fuentes, que en caso de incumplimiento, deriva en un bloqueo que les impide publicar.
A medida que Wikipedia fue creciendo, sus creadores descubrieron que la mayoría de los esfuerzos tenían que dirigirse a contrarrestar las manipulaciones no sólo de editores con poca pericia o mala baba, sino también de los protagonistas de los artículos, empresas, ONG, activistas, servicios de inteligencia y gobiernos. En definitiva, todos los interesados en que su versión prevalezca sobre las demás. Se estaba demostrando que trastear una entrada de Wikipedia podía limpiar el historial de un político corrupto o elevar a los altares a un científico mediocre. Su popularidad como fuente de consulta le dio tanta fuerza que incluso llegaron a formarse cabildeos y agencias dedicadas a presionar para salvaguardar la reputación wikipédica de sus clientes.
La amenaza de intervencionismo con fines no informativos es mucho más profunda de lo que los usuarios creen. En Wikipedia existe una página que enumera los artículos más delicados, los que han protagonizado más discusiones. Hay temas capitales, que generan controversia, como la definición de genocidio, la evolución de las especies o el sexo. También personajes históricos que provocan debates interpretativos que parecen no tener fin, como Jesús y Mahoma. Sin olvidar figuras políticas muy polarizadoras como el propio Donald Trump. Pero también hay fricciones sorprendentes. Uno no esperaba que en el centro de discusiones bizantinas wikipedistas se colarían Elton John, las lenguas eslavas bálticas o la bebida Gatorade. Piensen que la mayor controversia de la década pasada en la versión inglesa fue sobre cómo se debía escribir el título de la película Star Trek Into Darkness.
En su libro Seven Rules of Trust, Wales habla del caso concreto de un editor ucraniano de Wikipedia que deja a un lado sus sentimientos para escribir de la guerra con Rusia: «Los hechos neutrales siguen estando del lado de Ucrania, ¿verdad?».
Pese a los problemas, Wales trasmite entusiasmo. Pero un entusiasmo templado. Mucho más verbal, que gestual. «Sé que tengo un problema: soy patológicamente optimista», dice. «Sé lo que suponen las guerras, la preocupación por el precio del petróleo, el riesgo de una recesión. Pero también veo los enormes avances en ciencia y tecnología, lo que supondrá la revolución de los coches autónomos, porque no hay duda de que un ordenador conduce mucho mejor que un ser humano. Gracias a ello dejaremos de ver cifras escandalosas de accidentes».
Para Jimmy Wales todo depende de dónde se mire y una vez más, de la confianza con la que se haga. «Es fácil pensar en la ira y la incertidumbre. Cuando te fijas en las noticias y navegas por X, piensas que estamos en un mundo horrible, pero si te fijas en la gente de tu alrededor, que suele ser amable y generosa, te das cuenta de que el mundo es mucho mejor».
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