Cantante, compositora, productora y profesora musical, saltó a la fama como representante en 1987 del Festival de Eurovisión, donde 'no se veía'. Lanza 'Revolturas', su álbum más personal con el que ya está de gira por toda España

Patricia Kraus, en su estudio de ensayo, en Madrid.
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- Menudos días de noticias. ¿Sigue usted de cerca la actualidad?
- Hoy en día es muy difícil abstraerse de la actualidad porque te llega la información por todos los lados, a través de las redes, de los periódicos, de todo... Efectivamente, estamos en un momento muy convulso. Creo que generaciones como la mía sentimos que estamos viviendo una especie de distopía, ¿no? Han cambiado tantos paradigmas... Yo diría que sobre todo a partir de la pandemia, creo que fue un antes y un después, y nos afecta en la percepción del mundo. En mi caso, acabo encontrando refugio en mi música.
- Lleva cuatro décadas en la música, y siempre ha fusionado estilos, géneros, sonidos..., pero su nuevo álbum y la gira en la que está inmersa, Revolturas, explora al máximo la mezcla del jazz, el soul, el blues y la música de raíz española.
- Digamos que nunca he estado en la industria, en el mainstream, y siempre he sido muy difícil de clasificar, aunque en realidad ahora hay muchos artistas que hacen eso. Yo siempre he querido ser lo más libre posible, y como músico y como persona vas pasando por diferentes facetas, y no te gusta lo mismo con 16 años, cuando empecé, que lo que te puede gustar ahora. He intentado, a través de todas mis vivencias, irme enriqueciendo y transitar por distintos sitios, pero siempre en los que he considerado que podía sentirme cómoda y en los que podía dar lo mejor de mí. Y siempre con ese ánimo de descubrir cosas, de seguir aprendiendo, porque si no te aburres, y es muy importante tener ilusiones. Definiría mi carrera como una continua búsqueda de cosas nuevas.
- Habla de este trabajo como "un punto de inflexión", ¿por qué?
- Porque quizá es el disco en el que he hecho una mirada más interior, mucho más introspectiva. Y también porque ahora mismo tengo ganas de hacer cosas donde yo realmente tenga algo que aportar desde mi experiencia, como persona y artista. Es un punto de inflexión en ese sentido, porque es el trabajo que yo siento que tiene más que ver con mi persona.
- Antes ha mencionado la libertad como artista, supongo que por ella se paga un precio muy alto.
- Enorme. [Risas] Lo que pasa es que en mi caso yo no lo he podido hacer de otra manera. Quiero decir, soy un tipo de artista que sólo puedo defender aquello con lo que me siento identificada. Y ha sido muy difícil. De hecho, en los comienzos de mi carrera, cuando fui a Eurovisión y todo eso, me sentía muy fuera de lugar. Poco a poco, vas aprendiendo.
- Aunque una cosa es hablar de libertad, que seguramente es una aspiración para cualquier artista, y otra es ser un artista independiente, que no sé si es una etiqueta que produce orgullo o una losa.
- A veces es una losa, y otras puede ser un orgullo. Ya te digo que a mí me hubiese encantado estar desde el principio dentro de la industria, pero en su día no apostaron por mí y me tuve que buscar la vida. Entonces, he estado siempre, digamos, en la periferia, en un circuito mucho más pequeñito, con presupuestos más ajustados. ¿Y qué es lo que haces como músico? Diversificas, das clases, cursos, te metes en proyectos...
- La deriva de la industria musical de los últimos años, da la impresión de que acaba excluyendo a la mayoría de los artistas.
- El circuito mediano de salas, teatros, etcétera, se está terminando, porque se está primando a los grandes promotores. Ahora todo el mundo va a súper macro conciertos, y es muy complicado sobrevivir para las salas pequeñas. Y eso que estamos en un momento muy bueno en el que todo el mundo quiere ir a ver cosas. Es duro, sí, pero tú no vas a dejar de ser músico o cantante si es una vocación porque la industria no te acoja. En mi casa, esto se ha vivido siempre como una vocación absoluta. Y te vas buscando la vida como puedes. Y yo no me puedo quejar porque tengo una carrera súper prolífica. He hecho miles de conciertos, he viajado a un sinfín de países, Cuba, Colombia, Finlandia, Estados Unidos... No puedo estar más que orgullosa. Un poco cansada también, porque ha sido muy tirar tú del carro. Por eso te digo que tiene un precio, sí, pero todas las cosas lo tienen. Estar en el mainstream también tiene un precio brutal, y yo no sé si me habría visto ahí.
- A usted esos megaconciertos como los que está ofreciendo estos días Bad Bunny o esas residencias espectaculares anunciadas de Shakira, ¿qué le provocan?
- A mí como espectadora los macroconciertos no me interesan. Casi prefiero verlos grabados en la televisión. Yo también he actuado en grandes festivales como el Woman, o el de blues de Maspalomas, con 25.000 asistentes. Y no deja de ser una experiencia en la que tú percibes todo el poder de la masa. Pero yo como artista prefiero sitios más reducidos, en los que se siente de verdad la conexión con el público.
"No reniego de Eurovisión. No soy el tipo de artista para eso pero fue una experiencia muy enriquecedora"
- Lo ha mencionado usted antes. Tengo que preguntarle por Eurovisión...
- Puedes preguntar. Porque fue una gran experiencia, no reniego para nada.
- Se ha adelantado...
- [Risas] Para mí fue muy importante, tanto lo bueno como las experiencias traumáticas. Cuando fuimos [Patricia Kraus representó a España en 1987 con la canción No estás solo], aquí se emitía el Festival por la UHF (La 2) y Televisión Española nos mandaba como si fuéramos al matadero. Yo lo primero que me dije al llegar allí, a aquel escenario enorme, fue 'yo me quiero ir de aquí'. Pero lo hice. Y fue una experiencia muy enriquecedora. Conocí a mogollón de gente, estuve en un escenario enorme para mogollón de peña. Y estoy muy contenta de mi actuación, que creo que quizá se adelantó bastante en el tiempo en cuanto a que nosotros teníamos ese concepto de vestuario, aunque en aquel momento no se entendió. Para mí Eurovisión fue muy importante como artista, porque me dio ese input de decir 'esto no es lo que yo quiero, no soy el tipo de artista para eso'. Pero estuvo muy bien y los eurofans siempre han sido súper cariñosos conmigo. Eurovisión fue un antes y un después para mí.
- ¿Cómo se gestó su candidatura?
- Pues no lo sé muy bien. Fue de repente. En aquella época no se hacían concursos de selección. Yo iba a sacar mi primer disco con Zafiro, que era la multinacional española de aquella época, y me llamaron un día y me dijeron que habían presentado una canción para Eurovisión y que me habían elegido. '¿Cómo que me han elegido? Pues yo no quiero ir', les dije. [Risas]. Esa fue mi primera reacción. Pero al final me convencieron. Yo en ningún momento había pensado en eso, ni tenía ninguna canción arreglada para el Festival. Eligieron un blues y luego el maestro Leiva le hizo los arreglos... Fue una actuación controvertida; hubo muchísima gente a favor, pero también muchos haters, que se diría ahora.
- ¿Notó entonces tanta carga política en Eurovisión como la de los últimos tiempos?
- Eurovisión siempre ha sido política, quizá incluso más antes que ahora. ¿O no nos acordamos de Massiel, que sustituyó a Serrat porque quiso cantar en catalán? Cuando fuimos nosotros, en el 87, la situación estaba más tranquila. Pero aún así lo notábamos en cosas como que nos ponían en bloques en las mesas. Portugal, Turquía, Grecia y España juntitos, Alemania, Inglaterra, Francia, no sé qué...
- ¿Y qué le ha parecido el boicot de este año de España por la participación israelí?
- El Festival siempre será un arma política. Un concurso musical debería ser eso, pero también entiendo la significación para los artistas y los países. En ese sentido, Eurovisión vuelve a sus raíces.

SERGIO ENRÍQUEZ-NISTAL
- Muchos años después volvió a tener un momento bastante alto de popularidad como profesora de masterclass en Operación Triunfo, con toda la repercusión de un reality así.
- Sí. Yo estaba con mis cosas y me llamaron los de La Trinca. Me quedé muy sorprendida y también me lo pensé mucho, pero estuvo bien. En una siguiente edición me propusieron ser la directora de la Academia. Y ahí ya dije que muchas gracias, pero que yo me quería dedicar a mis cosas. Son experiencias que están muy bien pero yo no quería convertirme en un personaje de la tele. Yo tenía mi carrera, mi música y mis cosas, y quería seguir por ahí.
- Hablemos de su padre, el grandísimo Alfredo Kraus. Supongo que no debió de ser nada fácil lanzarse a la música con una sombra tan alargada.
- Los comienzos de cualquier carrera y sobre todo las artísticas son muy complicadas. Y siempre va a haber prejuicios. Por lo que sea. Pero encima si tienes a un padre como Alfredo Kraus, una figura como él... Cuando empezaba, yo a veces me decía '¿esto voy a poder traspasarlo, no ya desde fuera, sino desde dentro?'. Pero cuando llevas muchos años de carrera llega un momento en que eso se pone a tu favor. Para mí es fantástico que venga gente a los conciertos y se acuerden de mi padre y me digan 'pues ahora tengo otro Kraus al que seguir' o 'digna hija de tu padre' o lo que sea. Eso es muy bonito porque, al fin y al cabo, yo estoy orgullosa de mi padre, por supuesto.
- Creo que él quería que usted también cantara ópera.
- No. Él, de hecho, no quería que yo me dedicara a la música. Bueno, no es que no quisiera porque él era una persona bastante abierta, pero no le hacía gracia porque sabía lo difícil que es esta carrera. Y siempre me decía '¿pero tú estás segura? Pero una vez que ya vio que era mi camino, nunca me puso palos en las ruedas, al revés, él fue el que le dijo a mi tía Lina Huarte que me diera clases.
- Una última pregunta. No paramos de hablar de la inteligencia artificial. ¿Qué le provoca a usted, como artista?
- Como todo, la IA sirve para muchas cosas. Lo que pasa es que ya se está haciendo música con IA, películas, mogollón de cosas... Y no sé qué pensar, creo que hay que tener cuidado.

























