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Antonio Lucas · 2026-04-14 · via Papel

Alrededor del Guernica se incuba otra batalla. Tiene que ver con el eco de la Guerra Civil, aunque algo más asoma. El lehendakari Imanol Pradales, con todo el PNV a favor, le exigió el pasado 27 de marzo a Pedro Sánchez el préstamo de la obra icónica de Picasso para celebrar el 90º aniversario del bombardeo de Guernica. Sánchez dijo no. Días después el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, dijo no. Los técnicos en restauración dicen no. Y algunos de los artistas relevantes e historiadores de arte dicen no. El Guernica vuelve a ser rehén de una tangana entre políticos elevada a batalla nacional artificiosa.

"No debe moverse", afirma Estrella de Diego, ensayista, investigadora, catedrática de Arte Contemporáneo en la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. "Me asombra lo tranquilamente que opina todo el mundo sobre las cuestiones asociadas a la cultura aunque se trate, y es el caso, de un tema que requiere un muy cualificado veredicto técnico. Me pregunto si los comentarios serían igual de sueltos si hablásemos de la posibilidad de intervenir quirúrgicamente o no a un paciente con cáncer de páncreas".

En la literatura viajera del Guernica hay una fecha principal: el 10 de septiembre de 1981. Ese día regresó a España en la panza de un Boeing 747 de la compañía Iberia, bautizado con nombre de poeta del Siglo de Oro, Lope de Vega (matrícula EC-DLD). En él viajaban 319 pasajeros y 19 miembros de tripulación. Sólo el comandante, el copiloto y algunos ciudadanos implicados en las negociaciones para recuperar la tela sabían que en la bodega de la nave viajaba ésta enrollada. Una vez en tierra, el comandante, Juan López Durán, informó a los pasajeros por megafonía: "Señoras y señores, bienvenidos a Madrid. Tengo que decirles que han venido acompañando al Guernica de Picasso en su regreso a España". La obra voló sin asegurar. Los últimos 42 años los había pasado custodiado en el MoMA de Nueva York, entre 1939 y 1981. En ese tiempo visitó 11 países y fue parte de unas 40 exposiciones. Tanta expedición lo fue dañando. De Barajas al Casón del Buen Retiro (Museo del Prado) fue trasladado en un camión acondicionado de la empresa de transportes SIT y custodiado por un amplio operativo de Policía Nacional y Guardia Civil.

En el momento en que la pieza ingresó en la urna de cristal blindado diseñada para exhibirlo en el Casón, flanqueada por dos miembros de la Guardia Civil y donde estuvo hasta 1992, hubo un consenso sin firma pero altamente inviolable: el Guernica no viajaría más. El último paseo lo dio desde los terrenos del Prado hasta su ubicación definitiva, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el 26 de julio de aquel año. La distancia es de poco más de un kilómetro. Y no ha vuelto a salir. Y parece que no lo volverá a hacer, como tampoco salen de su sala Las Meninas, ni el Louvre presta La Victoria de Samotracia o la Gioconda, como no abandonará la iglesia Santa Maria delle Grazie (Milán) La última cena de Leonardo da Vinci. No se trata de un capricho, sino de un rigor de conservación. Son obras inamovibles. En el caso del Guernica alguien dijo a su regreso que volvía a España "el último exiliado" y que con la vuelta de la pintura "se cerraba al fin la Guerra Civil" (un desahogo de exceso romántico).

Pero también hay quien se desmarca y despliega otros criterios. El pintor y escultor Miquel Barceló está a favor del traslado. No de la polémica, sino del movimiento. "Estaría de acuerdo en que el cuadro no se mueva de sitio -del Reina Sofía- si esa fuese la política habitual de nuestros museos", dice a EL MUNDO. "Puesto que no es así, no entiendo por qué no podría viajar hasta Bilbao. Y, de vuelta, ser depositado en el Museo del Prado, de donde no tendría que haber salido y como deseaba Picasso". Barceló abre aquí otra vía de exploración. En 2010 el Museo del Prado, con Miguel Zugaza al frente, planteó la posibilidad de recuperar la pieza pero la respuesta del patronato del Reina Sofía, los técnicos, los ex directores del centro de arte y un grupo de hispanistas fue inamovible. Aquella polémica no pasó de la almendra central de Madrid.

Técnicos del MoMA de Nueva York preparan el cuadro para su traslado a Madrid en 1981.

Técnicos del MoMA de Nueva York preparan el cuadro para su traslado a Madrid en 1981.

Aunque todo el mundo daba por hecho que el cuadro ya quedaría en el Reina Sofía probaron suerte antes más peticiones. La primera, en 1997. La entidad solicitante fue el Guggenheim Bilbao. El motivo: la inauguración del museo. El patronato de la pinacoteca madrileña denegó el préstamo y activó un simposio internacional para estudiar el estado de conservación. De ahí salió un informe rotundo y válido hasta hoy: Estudio sobre el estado de conservación del Guernica de Picasso. El Gobierno vasco insistió de nuevo en 2007, sin éxito. Y otra más en 2011, que rechazó el Senado. Incansable, ahora el lehendakari Pradales insiste en que se traslade el cuadro por periodo de nueve meses al Guggenheim Bilbao. Comunicó el empeño a Pedro Sánchez en Moncloa el pasado 27 de marzo y volvió a hacer palanca en el acto central del PNV en Bilbao con motivo del Aberri Eguna: "¿Va a tener el Gobierno español la valentía política de traer el Guernica a Euskadi? ¿Sí o no? ¿Sacaron a Franco de su tumba en el Valle de los Caídos y no son capaces de traer un cuadro de Madrid a Euskadi? La pelota está en su tejado. ¡Que respondan!". Y así es como este disparate se convirtió en escenario imprevisto de una batalla política nacional.

Luis Gordillo (91 años), último testigo de una generación de artistas vibrante y faro total para varias generaciones de pintores, entiende extraño este movimiento del PNV: "Como todo el mundo sabe, los técnicos rechazan la cesión temporal por su estado de salud. Estamos hablando de una de las obras más importantes de Picasso y, más allá de la política, hay un valor mítico que tiene su significado no sólo en la pintura, sino en razones históricas, políticas y sociales", explica a este periódico. "Entiendo la presión política, pero no se puede anteponer el deseo particular a la realidad física de la obra".

Nada importa a Pradales la realidad de la tela ni el criterio de los conservadores. Tampoco la respuesta tajante del ministro de Cultura en el Senado. "Entiendo la sensibilidad detrás de esta petición", dijo Urtasun. "Estamos hablando de una obra vinculada a la memoria de Guernica y el dolor que simboliza. Mi obligación es garantizar el acceso a la cultura y también garantizar el patrimonio. En cuestiones como esta hay que escuchar a los técnicos que conservan la obra desde hace 30 años. Los informes son claros y desaconsejan el traslado por los riesgos que supone. Celebrar el 90º aniversario de Guernica debe ser garantizar que esta pieza pueda cumplir 90 años más".

Último traslado del 'Guernica', en 1992, al Museo Reina Sofía.

Último traslado del 'Guernica', en 1992, al Museo Reina Sofía.EFE

El debate alrededor de esta pintura ha crecido por semanas y se aúpa ahora, sin disimulo, sobre cuestiones ajenas al arte. El 'Guernica' hace tiempo que se borró de la cultura de izquierdas para ser un icono mucho más amplio, pero nadie esperaba el regreso al barro ni esta bajada a otra escala con el nacionalismo como espoleta. Y por ahí apunta también Estrella de Diego: "Dicho de otro modo: si no queremos poner en riesgo la salud de un cuadro esencial de Picasso, tan fragilizado, de grandes dimensiones por si fuera poco y con capas muy finas de pintura, mejor dejarlo tranquilo. Hay modos de recordar la historia y honrarla sin recurrir a acciones que pongan en riesgo el patrimonio, la materialidad de la historia misma, el patrimonio colectivo".

En esta misma senda incide el pintor Juan Uslé: "Encuentro ilógico que, bien por razones políticas o sentimentales, se someta a una obra de la dimensión física y espiritual del Guernica a riesgos innecesarios. Todos sabemos el significado puntual y el universal de la obra como símbolo antifranquista y antibelicista. Tuvo una vida agitada y agitadora, ya fue muy viajero, así que dejémosle descansar para que siga siendo lo que es: un manifiesto universal".

Instalación del 'Guernica' en el Casón del Buen Retiro, en 1981.

Instalación del 'Guernica' en el Casón del Buen Retiro, en 1981.

El lehendakari Pradales defiende la petición de préstamo aunque los estudios de conservación, que le han hecho llegar, recomienden lo contrario: "Me parecería un grave error político cerrar la puerta con el informe que ha hecho público el Reina Sofía sobre esta cuestión, y así lo he comentado y se lo he trasladado al presidente Sánchez [...] Por lo tanto, estamos solicitando un traslado temporal vinculado a estos aniversarios como una manera también de reparación y de memoria histórica [...] y una reparación simbólica y política, no solo al pueblo vasco, sino como un mensaje al mundo". El mundo no está ahora mismo para detenerse a ver qué sucede en esta materia. Estrella de Diego lo explica bien: "¿Qué autoridad tiene un político para dictaminar si una obra está en condiciones o no de viajar? Esa tarea no corresponde a los políticos, diría que ni siquiera a los directores de museo. Es un asunto de expertos. El resto, al menos para mí, son dimes y diretes. Lo más favorable es que este enredo no dure demasiado y se eviten las posiciones patrimonialistas, algo cansinas. La salud de un cuadro, por desgracia, no suele ir a mejor".

El Guernica es la pintura más sacralizada del siglo XX y de vez en cuando las mascaradas políticas lo degradan a telón de fondo para lo que haga falta, como un pedazo de decoración histórica que se puede poner y quitar en cualquier parte. Hay un pacto no escrito y general de que el Guernica no está para amortizar cosas. "A mí me interesa, sobre todo, por su valor histórico", ataja Luis Gordillo. "Pero estamos en un momento de la historia en que todos los días tenemos un Guernica a cuenta de las muchas guerras que existen a la vez". El PNV no cede: "Se trata más de voluntad política que de una cuestión técnica". Ese es el problema: la malformación de confundir la política con la realidad traspapelando el criterio rotundo de quienes saben. Lo de menos aquí es el arte.