























El Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) estudia, según ha podido saber EL MUNDO, la situación del científico Mariano Barbacid a la luz del código de buenas prácticas de la institución tras la retirada por parte de la Academia de las Ciencias de Estados Unidos del artículo en que Barbacid y dos colegas, Carmen Guerra y Vasiliki Liakki, exponían una supuesta terapia revolucionaria contra el cáncer de páncreas, el carcinoma más letal.
La Academia, de la que Barbacid es miembro -lo que le habría facilitado la publicación de su artículo a falta de conseguir hacerlo en publicaciones más prestigiosas, como Science o Nature-, anunció este martes que lo retiraba por no haber comunicado los autores que confluía en ellos un posible conflicto de interés que podría poner en duda la credibilidad del trabajo, al ser también accionistas de Vega Oncotargets, la empresa que se dispone a desarrollar la patente y que la explotaría comercialmente en un futuro.
Tras el varapalo, que para Barbacid "en realidad no pone en duda la investigación", el CNIO estudia la situación, según ha podido saber este diario, por si los tres investigadores pudieran haber incurrido en alguna violación del código de buenas prácticas de la entidad pública, el buque insignia de la investigación clínica contra el cáncer en España y uno de los más prestigiosos del mundo, del que Barbacid fue director científico desde su creación en 1998 hasta 2011.
El artículo 5 del código de buenas prácticas del CNIO reza: "Un elemento fundamental de la investigación es la necesidad de honestidad de los investigadores en relación con sus propias acciones y sus respuestas a las acciones de terceros. Esta cuestión se aplica a todo el espectro de la actividad investigadora, incluidos, aunque no de forma exclusiva, demanda de financiación; diseño experimental y del protocolo; generación, registro, análisis e interpretación de los datos; publicación y explotación de los resultados".
Y el punto 5.2 continúa: "Todos los investigadores deberán comunicar y justificar sus conflictos de intereses reales o potenciales. Los conflictos de intereses pueden ser de carácter legal, ético, moral, económico, personal, académico o de otra naturaleza. Todos los conflictos de intereses percibidos deberán divulgarse con anterioridad o en el momento de presentación de una publicación. Las medidas necesarias pueden implicar la consulta a un organismo financiador, editores de revistas u otros editores, las personas responsables de la administración de la propiedad intelectual del Centro, o terceros, con el fin de garantizar que el conflicto de intereses no compromete la investigación ni los intereses del CNIO".
Barbacid, Guerra y Liakki no comunicaron a la Academia de las Ciencia de Estados Unidos que, a la vez que autores de la publicación y propietarios de la patente, son accionistas de Vega Oncotargets, la empresa que pusieron en marcha junto con varios inversores en abril de 2024 para justamente explotar esa patente.
Gracias a ella, con la publicación en EEUU como base y con la Fundación Cris contra el Cáncer como plataforma pública, Barbacid emprendió en febrero pasado una suerte de cuestación pública al más alto nivel, con entrevistas televisivas y todo tipo de acciones promocionales, con las que Cris llegó a recaudar 3,6 millones de euros y el apoyo de mecenas como el actor y empresario Antonio Banderas.
La acción fue muy polémica al publicarse en la web de Vega Oncotargets que se trataba de la "primera terapia efectiva" contra el cáncer de páncreas, lo cual provocó un alud de llamadas de enfermos y familiares de enfermos al CNIO, pidiendo vez para ensayos clínicos que en realidad, si llegaran a realizarse, aún estarían muy lejos en el horizonte temporal del desarrollo de la licencia, que a día de hoy ni siquiera es más que una solicitud y no una patente propiamente dicha.
Barbacid, Guerra y Liakki no comunicaron a la Academia de las Ciencia de EEUU que, a la vez que autores de la publicación y propietarios de la patente, son accionistas de Vega Oncotargets
Así, Vega tuvo que rectificar y acotar que, en realidad, se trata de un proyecto de terapia experimental, a día de hoy sólo probada en ratones -donde se ha conseguido curar muchos cánceres, en terapias que luego no se ha logrado llevar a humanos-, y muy lejos todavía de la posibilidad de conversión en tratamiento real en pacientes.
Barbacid, además, inició esta suerte de campaña pública -luego abortada en cuanto comenzaron las críticas de parte de la comunidad científica, que le vio exagerada- justo cuando el CNIO enfrenta una situación límite: la Fiscalía Anticorrupción y la Unidad contra la Delincuencia Económica y Financiera de la Policía Nacional (UDEF) investigan un posible desfalco cifrado en 25 millones de euros denunciado por un ex alto cargo de la entidad con muchos años de recorrido en la casa.
Y el epicentro de dicha denuncia es precisamente Juan Arroyo, el gerente del CNIO durante casi 20 años, uña y carne con Barbacid, quien le ha defendido de diversas denuncias públicas durante años e incluso sigue haciéndolo ahora, cuando las autoridades investigan muy seriamente las denuncias contra él y llevan ya meses escudriñando las cuentas del centro en los últimos 20 años.
En ese contexto, el CNIO estudia ahora qué hacer ante la realidad de que la última y más sonada publicación de su investigador estrella acaba de ser tumbada en Estados Unidos, poniendo en duda su credibilidad y de paso la de la institución.
Tras innumerables vaivenes, y después de un concurso exprés, el centro cuenta con nueva gerente, Cristina Navarro Enterría, designada por el Patronato del Centro en una reunión extraordinaria celebrada el 10 de abril pasado.
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