El economista serbioestadounidense describe una era en la que el neoliberalismo se debilita en favor de un ‘liberalismo de mercado nacional’ en un mundo multipolar. "La política reacciona más tarde que la economía, así que no me extraña nada el auge de la extrema derecha", dice

Branko Milanovic, en su visita a la Fundación Rafael del Pino, en Madrid.
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Branko Milanovic es, a sus 73 años, uno de los mayores expertos en desigualdad global y gran estudioso del capitalismo (y del comunismo, ya que se educó en la Yugoslavia de Tito). A lo largo de su carrera ha sido Economista Jefe del Banco Mundial y profesor en numerosos centros de prestigio. El último, el Graduate Center de la City University of New York.
Muchos alumnos de Económicas conocen a Milanovic por su famoso elefante, un gráfico con forma de paquidermo con el que explicó al mundo la clara división entre los ganadores económicos de la globalización y los que no se beneficiaron de ella. En pocas palabras: los ingresos crecieron a nivel mundial entre 1988 y 2008 para las clases medias y altas de Asia y, especialmente, de China (el lomo del elefante), y de forma aún más notable para el pequeño grupo de los muy ricos de los países de renta alta, que representaban Estados Unidos, Europa y Japón (la trompa). En términos absolutos, un 60% del total de las ganancias de ingresos acabó en los bolsillos del 10% de la población con las rentas más altas del mundo.
En su visita a Madrid, invitado por la Fundación Rafael del Pino para hablar de su último libro, The Great Global Transformation (en español, La gran transformación global), desbroza las últimas mutaciones del capitalismo. Desde el retroceso de la globalización neoliberal nacida a partir de 1989 y el auge de Asia hasta la reacción populista y el paso al orden multipolar en la geopolítica.
- En nuestra sociedad la clase media confió en la globalización, pero gran parte de ella se siente decepcionada. ¿Qué ha fallado?
- Creo que la culpa fue de las expectativas que tuvo la clase media cuando se inició. Creía que realmente funcionaría. No debemos olvidar que fueron Margaret Thatcher y Ronald Reagan quienes la impulsaron. Ambos consideraron que mejoraría las tasas de crecimiento de las economías occidentales, en particular del Reino Unido y Estados Unidos, y que aumentaría los ingresos de toda la población. Y además estaban convencidos de que, en ese momento, sus economías estaban demasiado orientadas hacia el Estado del Bienestar. Por lo tanto, plantearon una reducción de este modelo sociopolítico. Lo cierto es que no la llegaron a desarrollar plenamente, pero esa era la idea. Lo que no sabían Thatcher ni Reagan es que sus políticas provocarían la externalización de muchos empleos llevándose la producción a Asia, y en particular a China. Ni tampoco que, además, destrozarían la autoestima de los trabajadores occidentales por culpa de su caída de ingresos. Todos estos factores son los que han provocado el descontento de la clase media.
- ¿Es esa la causa del auge de la extrema derecha?
- Diría que sí.
- Pero hay algo que no entiendo. La recesión de 2008 fue mucho más dura y con mayor desigualdad que la situación actual. Sin embargo, en ese momento los votantes apostaron por los partidos tradicionales, no por los populistas. ¿Por qué la extrema derecha triunfa hoy y no antes?
- Creo que hablamos de dos efectos. El efecto político siempre es más tardío que el económico. Voy a utilizar un ejemplo que no tiene que ver con el actual pero puede servir de explicación. En 1933 Hitler llega al poder en Alemania. Lo hace cuando la gran crisis económica que sufrió el país ha finalizado. Esto quiere decir que las consecuencias políticas de la crisis, la llegada al gobierno de los nazis, aparecen cuatro años después. Siempre sucede así. Los bolcheviques llegan al poder en Rusia en 1917, tres años después del comienzo de la Primera Guerra Mundial. No hay reacciones inmediatas. Se necesita un tiempo para que los partidos creen sus estructuras, redacten un programa y marquen una estrategia, así que no me sorprende que la ola de la extrema derecha se produzca ahora.
- ¿Cómo se explica desde el punto de vista económico la estrategia económica que representan Donald Trump y todos sus imitadores? ¿Es posible ser neoliberal en tu mercado interno y defender los aranceles para los de fuera?
- La idea básica es que a nivel nacional, en Estados Unidos y creo que también en Europa, se van a mantener las políticas neoliberales, mientras que de cara al exterior crecerá el proteccionismo. Es un regreso a las políticas mercantilistas, un liberalismo nacional de mercado. Creo que estamos ante una especie de retorno al siglo XVII en ese sentido. Si analizo de forma concreta las políticas de Donald Trump tiendo a esperar que la desigualdad en Estados Unidos aumente, ya que se trata de políticas históricamente vinculadas a una mayor desigualdad.
- El comunismo se creyó inevitable y fracasó, el neoliberalismo también se creía inevitable y está en crisis. ¿Por qué no hay países que hayan intentado implementar el modelo chino, que es mixto y ha triunfado?
- El modelo chino es muy específico y ha vivido muchas contingencias y accidentes históricos. Lo que sucede es que difiere del occidental en que no ofrece democracia.
- La Yugoslavia de Tito intentó de alguna manera un modelo mixto, aunque no funcionó.
- Sí. Pero muy diferente al experimento chino, una mezcolanza que falló de forma lamentable.
- ¿Cómo se puede resolver el problema de la desigualdad global si África no termina de despegar?
- Manejo datos en los que se puede ver que desde principios de la década de los 90 no se ha reducido la desigualdad global, sino que incluso ha crecido. La causa es África. El continente no se está poniendo al día y encima, su población está creciendo. Esto significa que cada vez más gente se queda atrás. En ese sentido no entiendo nada la lógica de la Unión Europea.
- ¿A qué se refiere?
- A que nunca piensa en la inestabilidad. Pongamos el ejemplo de Libia. La guerra que se libró allí dejó el país totalmente destruido y provocó una oleada de refugiados.
"Estamos en una era en la que los problemas se quieren solucionar a través de la violencia, antes las reglas eran más claras"
- ¿Acabaría la libertad de movimiento con la desigualdad?
- Seguro que disminuiría de forma significativa. El problema que plantea eso es si sería políticamente sostenible. Europa necesita trabajadores porque su población decrece y envejece, pero al mismo tiempo crece la resistencia política a la inmigración. El desafío es lograr el equilibrio.
- ¿Cómo afectará la inteligencia artificial a la desigualdad?
- Nadie lo sabe a ciencia cierta. Hablamos de una sustitución de mano de obra, pero que, en esta ocasión, resultará mucho más cualificada que en el pasado. Mano de obra por capital, porque la IA es capital, ya que en realidad es una máquina. En principio debería haber un aumento de la desigualdad porque aumentarían los ingresos de quienes posean acciones de las empresas que la diseñen. Si eso ocurriera, serían necesarias políticas muy serias de distribución. Esa es la opinión más generalizada al respecto, pero reconozco que no estoy al 100% seguro de que eso sea lo que vaya a suceder.
- En el ciudadano hay inquietud respecto a la IA por su impacto en el empleo y por la guerra.
- Estamos en un periodo muy positivo a nivel de desarrollo tecnológico a nivel global. Por un lado, hablamos de nuevas tecnologías y capacidades para hacer cosas que antes no teníamos. Pero por el otro, vivimos una situación política que no sólo es mala, sino que está provocando una transformación en la forma de pensar. En otras palabras, hemos entrado en una era donde la competencia nacional y los problemas se quieren solucionar a través de la violencia. Y creo que eso es preocupante. Nací en un período de coexistencia pacífica entre Oriente y Occidente. Eso no significa que no hubiera guerras, las hubo, después de Vietnam hubo conflictos en Angola, Etiopía y, entre otros, Somalia, sin olvidar la invasión soviética de Afganistán. Sin embargo, era un mundo en el que había una serie de reglas claras. Todo el mundo sabía que si la Unión Soviética intervenía en Checoslovaquia, Estados Unidos no haría nada. Tanto como si Estados Unidos derrocaba un gobierno en El Salvador, estaba claro que Moscú ni pestañeaba. A pesar de esas cosas, la inmensa mayoría de la población abogaba por una coexistencia pacífica. Las superpotencias defendían sus propios intereses, pero estaban dispuestas a negociar y a firmar tratados porque eran conscientes de que un enfrentamiento podía ser fatal para todos los bandos.
- En España, el presidente Pedro Sánchez ha querido desmarcarse de sus socios europeos respecto a Gaza y también en la guerra de Irán. ¿Cree que es bueno ser independiente en política exterior y no tener una postura común siendo un país mediano?
- No me atrevo a opinar sobre la política española, pero debo decirle que Sánchez ha tomado una postura coherente en relación al derecho internacional, mientras que otros líderes como Macron, Merz y Starmer no lo han hecho. Me refiero a que no se puede condenar la invasión rusa de Ucrania y no hacerlo cuando Israel ocupa territorios.
- Querría preguntarle por su Serbia, un país con lazos tradicionales con Rusia y en el centro de Europa que sigue sin entrar en la Unión Europea. ¿Cuál es su futuro?
- Serbia no puede ingresar en la Unión Europea como miembro de pleno derecho porque nunca va a reconocer a Kosovo. Si Bruselas fuera más creativa podría ignorar esto y replantear la fórmula aceptando tanto a Kosovo como a Serbia sin un reconocimiento mutuo. En Serbia se ha registrado un descenso de apoyo a la entrada en la Unión Europea, aunque no tengo duda de que en caso de referéndum ganaría el sí. Lo que sucede es que hay cierto hartazgo en la población. Mi país inició las negociaciones en 2000 y ha visto entrar a Croacia y a Eslovenia. La espera que no cesa es algo parecido a estar 15 ó 20 años soñando con una mujer de la que estás enamorado y que no te mira. ¿Qué haces? Pues un día te levantas y te marchas. Así que estoy a favor de que la Unión Europea encuentre una solución intermedia que sea más estable. Se podría aplicar algo así como un tipo de ciudadanía comunitaria deeconoBr segundo nivel y evitar así la frustración de la gente.




















