El cirujano madrileño se formó en Harvard y tras más de dos décadas operando se pasó al crecimiento personal. Es todo un fenómeno mundial de la autoestima. Más de 3.5 millones de personas siguen sus consejos en Instagram, su podcast está entre los más escuchados en España, y agota entradas en sus conferencias

Actualizado
- ¿Cómo define los consejos que da? ¿Son directrices? ¿Advertencias?
- Son propuestas de mejora.
- ¿Por qué propuesta deberíamos empezar si queremos ver rápido un cambio?
- Lo primero que recomendaría es plantearnos las cosas que estamos dando por hechas. Esto nos invitará a tener una mentalidad más exploradora. Muchas veces estamos atrapados en una serie de supuestos que consideramos una realidad y dejamos de explorar.
- ¿Por ejemplo?
- Podemos dar por hecho que una persona cuando envejece va a perder vista y oído. Pero hay estudios en Harvard que demuestran que las personas que no dan esto por hecho pierden menos visión y oído porque son conscientes y ponen remedio. Tenemos que elevar lo que uno espera de sí mismo y de la vida. Tienes que esperar más de ti mismo. Cuando aumentas tus expectativas, que no es exigencia, mejoran un montón de procesos mentales y biológicos.
- ¿Es nuestra obligación ser la mejor versión de nosotros mismos?
- No es nuestra obligación, es nuestra responsabilidad. Si podemos expresar mayor alegría, mayor serenidad y mayor confianza es nuestra responsabilidad descubrir cómo hacerlo.
- ¿Estamos más condicionados por nuestra biología o por nuestra educación?
- Lo que más nos condiciona es la mente y ésta está muy influida por la educación.
- Imparte cursos online de crecimiento interior o liderazgo. ¿Habría que modificar los programas educativos para impartir a los niños este tipo de conocimientos en lugar de otras materias?
- Creo que es un deber del sistema educativo, fundamentalmente, potenciar tres habilidades en los estudiantes tengan la edad que tengan. La primera, la autoestima, la imagen que tienen de sí mismos y cuánto se quieren. En segundo, la autonomía. El tener confianza en que pueden salir adelante y adaptarse a nuevos desafíos. Y, en tercer lugar, la colaboración. Saber que la cooperación es la base de todas las mejoras. Si el sistema educativo solo enseña materias, por importantes que sean, y no ayuda a la persona a crecer en estas habilidades va a ser muy difícil que tengamos un verdadero bienestar y que seamos felices.
- ¿Qué es lo que más le ha costado cambiar de sí mismo?
- Cuando empecé, hace muchos años, me costó abrazar el silencio. Abrazar la meditación como forma de crecimiento porque mi cabeza va muy deprisa. Me gusta mucho leer y reflexionar sobre las cosas. Aquietar la cabeza es lo que más me ha costado y, sin embargo, de las cosas que más me han ayudado a lo largo de los años.
- ¿Qué le fue útil para ello?
- Empecé hace 30 años con la meditación porque estando como cirujano en Boston, el primer pionero a nivel mundial que trajo la meditación a occidente era un cardiólogo de mi universidad y me formé con él. Practico distintas formas de meditación y me ayudan muchísimo. También me ayuda mucho el ejercicio físico.
- ¿Alguna vez duda de sí mismo?
- (Ríe). Cuando subo a un escenario soy muy consciente de que tengo una gran responsabilidad. Han venido una serie de personas con la ilusión de crecer y mejorar sus vidas. Algunas están sanas, otras enfermas, unas tienen relaciones extraordinarias, otras se sienten muy solas... Mi responsabilidad es hablar desde la confianza, hablar desde el amor. Puedo decir que la duda existe antes de que salga al escenario, cuando estoy en el escenario ya no hay duda.
- Esto del síndrome del impostor no se lo permite.
- No porque entonces pierdo el foco y me olvido de mi misión. Lo mío no lo vivo como un trabajo sino como una misión.
- ¿Alguna vez fue un trabajo o siempre ha sentido que tiene la misión de mejorar la vida de otros?
- Para mí, en el momento en que decidí hacerme médico, ya elegí algo más que un trabajo. Elegí una misión. Y, cuando decidí dejar la cirugía después de 26 años, sencillamente sentí que la misión me invitaba a ir a una segunda etapa.
- ¿Cree en el destino? ¿Siente que le ha puesto ahí?
- No creo en el destino tal y como está concebido habitualmente. Es decir, que haga lo que haga siempre acabaré aquí. Ese destino reflejado en las tragedias griegas. Sí creo en una vida que tiene muy claro que nosotros tenemos que llegar a un determinado lugar y nos va poniendo pruebas y desafíos para que lleguemos. Si yo tuviera que aprobar la carrera de Medicina, inevitablemente no voy a obtener el título si no hago los seis años y los termino bien. Ahora, la forma en la que yo camine, lo que tarde en caminar, la pongo yo. Ahí está mi libertad.
- ¿Cuál cree que es el mayor avance científico o el que más le parezca prometedor de los últimos años?
- Diría que son dos: la neuroplasticidad y la epigenética. La neuroplasticidad es el descubrimiento de que el cerebro humano nunca es estático y que tu actitud, tu mentalidad, las personas que te rodean y la cultura en la que vives afecta en cómo se reorganiza. Mientras que la epigenética es la demostración de que los genes no determinan nuestro destino. Hay algo que influye en los genes para que se expresen o no se expresen y, de nuevo, eso está relacionado con nuestros pensamientos, sentimientos, emociones y el contexto que nos rodea.
- Como médico, ¿qué opina del auge de Ozempic y este tipo de medicamentos que dejan a un lado el esfuerzo por cambiar?
- Creo que determinados medicamentos, sin nombrar ninguno en particular, pueden ayudar a determinadas personas que están teniendo especial dificultad en resolver ciertas cosas. Ya sea el sobrepeso o cualquier otro tema. Pero creo que no es adecuado que dependamos de una medicación. Que abandonemos ese deseo de mejorar, esa voluntad de hacerlo y esa constancia. Porque entonces al final vamos a depender por completo de lo exterior y no vamos a depender nada de lo interior.


























