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Anna Castillo y Macarena García, una amistad de cine: "Que tus amigas del alma sean actrices te hace perder la competencia en la que te pone esta profesión"
Pablo R. RocesTexto Ángel NavarreteFotografías Reda B. SlaftiDan · 2026-05-20 · via Papel

Cuando Macarena García (Madrid, 1988) estaba recogiendo el Goya a Mejor actriz revelación en 2012 por Blancanieves, al otro lado del televisor, una joven Anna Castillo (Barcelona, 1993) sintió que algún día ella también lo iba a ganar. Y así fue. Cuatro años más tarde, le llegaría a ella ese cabezón y lo haría de manos de aquella chica que había visto desde el salón de casa. De quien era su pareja en La llamada. De quien, en ese lapso, se había convertido en inseparable amiga.


Anna y Macarena están sentadas hoy frente a dos cafés en un estudio del Espacio Movistar, con la Gran Vía de Madrid asomando por el ventanal, para recordar cómo se vieron por primera vez en 2011, en un curso actoral que impartía Lorena García de las Bayonas; cómo la madrileña le recomendó a su hermano, Javier Ambrossi, que él y Javier Calvo convirtieran a aquella joven catalana en su compañera de La llamada; cómo aquel musical transformó sus carreras, sus vidas personales y, de paso, agitó los cimientos culturales de este país; cómo ahí se construyó una amistad férrea que aún resiste más de una década después.

Macarena y Anna nunca se han separado y, sin embargo, se han vuelto a juntar por primera vez desde entonces con Se tiene que morir mucha gente, la comedia punk basada en la primera novela de Victoria Martín que estrena mañana Movistar Plus. Y, cómo no, vuelven a ser dos amigas. Como en la vida misma, pero sin que nada se parezca. Como un juego de espejos donde ellas se reflejan y se proyecta todo lo que no son: dos amigas de infancia, narcisistas, egoístas, desquiciadas y que la mayoría del tiempo no se aguantan.


Esa amistad ficticia es el gancho de este encuentro, pero es la auténtica la que aflora sobre un sofá blanquísimo que a punto está de acabar rociado por un café en una carcajada combinada de Macarena y Anna. O es de Anna y Macarena. Tampoco importa. Allá van.

P. ¿Cómo se ha creado esta amistad y, sobre todo, cómo se ha sostenido durante estos años?

AC. Vamos a empezar desde el principio, vamos a desmigajar esto.

MG. Vamos a desmigajarlo porque es lo que todo el mundo quiere. [Risas] A ver, es que se nos hace un poco raro tener esta conversación, pero la vamos a tener. Nos conocemos desde Lorena Bayona, desde un curso de interpretación que hicimos antes de La Llamada.

AC. Yo ahí tenía 18 y tú tendrías unos pocos más. Yo ahora tengo un poco más de 28, o sea hace como 14 años. ¡Qué fuerte! Nos conocemos desde hace 14 años. De La Llamada, la función de teatro, hace 12 años y de la película, nueve o diez [es de 2017]. Sí, nueve porque estuvimos tres años haciendo la función antes. ¿Cómo se lleva esto? Pues muy bien, la verdad. Ah, también tuvimos Paquita Salas, pero ahí no coincidimos.

MG. Yo del curso de Lorena Bayonas no me acuerdo de mucho porque fue hace un montón y había mucha gente, pero sí recuerdo quedarme absolutamente impresionada contigo. De decir '¿pero esta persona?' Claro, yo no la había visto nunca y pensaba '¿cómo puede ser?' Eso nos pasó a todos, todos estábamos muy sorprendidos contigo.

AC. Pues yo ahí todavía no sabía actuar muy bien, creo que fue donde aprendí a hacerlo. Ese fue un curso clave para mí.

MG. Esto te lo tengo que decir aunque creo que ya lo he dicho alguna vez. Creo recordar que cuando estaban buscando a alguien para hacer el papel de Susana [una de las protagonistas de La Llamada], yo fui la que dije tu nombre. Lo tengo un poquito nublado, pero creo que sí. Seguro que también estaría en la cabeza de ellos...


AC. Pues creo que te lo he devuelto con esta serie. Pero lo fuerte es que llevamos muchos años de amistad. Y no solo nos ha pasado a Maca y a mí, nos ha pasado a todas las amigas de La Llamada: Belén Cuesta, Claudia Traisac y Gema Galan, que era la regidora de la función de teatro. Somos amigas desde entonces y nos hemos mantenido siendo amigas a lo largo de los años con todo lo que nos ha ido pasando.

MG. Nos ha pasado la vida, como a todos, hemos crecido y tenemos una carrera de actrices, que es una cosa que tiene tantas idas y venidas... ¿De qué te estás riendo?

AC. Me estoy riendo de que es verdad, de que dentro del mundo de las actrices hay grupos de amigas, gente que se junta más y tal, y yo siento que somos muy afortunadas del que tenemos. Nos caemos especialmente bien, creo que ha sido un grupo bonito y divertido de mantener a lo largo de los años.


MG. ¿Es que hay algo bonito, no? Nos conocemos de una manera muy profunda, muy verdadera, muy de hermanas. Nosotras además hemos tenido la suerte de que las dos veces que hemos actuado juntas ha sido para hacer de mejores amigas del alma.

"Para nuestra generación es difícil tener la vida ordenada y sostenida que te habías imaginado de pequeña y eso es frustrante"

P. Esta serie justamente habla sobre repensar las amistades, ¿les ha dado tiempo a hacerlo en esta década que llevan siendo amigas?

AC. Volver a currar juntas ha sido muy natural, durante los ensayos nos pasaba una cosa. A Laura [Weissmahr] la acabábamos de conocer, Maca y yo tenemos una confianza y una complicidad ya, entonces yo tenía que prestar atención para integrarla en esa ecuación. Es como el TikTok ese del niño al que le dicen que mire antes a quien más quiera. Claro, yo miraba a Maca directamente porque es lo natural de mi vida. La gran suerte es que Laura ha sido un sueño y la conexión fue inmediata. Estas amigas se quieren mucho, pero a veces no se sorportan y ha sido muy guay hacer eso desde la libertad y la confianza.

MG. Y nos hemos reído... yo hacía tiempo que no me reía así. Había momentos que no podíamos avanzar muertas de risa porque había que defender cosas que eran muy delirantes y hacerlo juntas, conocer lo que está pensando la otra solo con la mirada ha sido muy divertido. El otro día pensaba que es un tipo de amistad muy diferente a la que nosotras tenemos en la vida. Porque es una amistad muy concreta, de amigas que crecieron juntas y tienen una distancia muy grande. Da mucho gusto ver grises en las amistades, que no haya esta cosa de amigas de que siempre están juntas tomándose algo y compartiendo lo bueno. Al revés, están las dificultades que a veces se dan en todas las relaciones, toda la ambigüedad y la complejidad.

AC. También me gusta mucho pensar que hay relaciones que se basan en saber que la otra persona está ahí y va a estar siempre, que no hace falta eso de estar tomándote algo todo el rato. Yo ya sé quién va a estar ahí cuando quiera y cuando lo necesite. Es verdad que creo que Maca y yo en la vida real somos en general bastante buenas amigas, nos lo curramos para hacer las cosas bien. Estas amigas de la serie lo intentan menos.

MG. Esa es la gran diferencia, nosotras hemos hecho mucho trabajo personal para relacionarnos bien y de una manera más sana a pesar de que todo sea siempre difícil. Ellas están en el punto de no haberse mirado nada, no tienen herramientas y sobrevivido cada una a lo suyo.

AC. Al final las amigas de la infancia no son amigas que tú elijas, por ciertas circunstancias acabas teniendo una hermandad con personas que luego en la vida van a ser completamente diferentes a ti. Hay algo muy de hermanos, pero a la vez yo siento que conocía a Maca con 19 años y ninguna de las dos estábamos súper hechas. No es lo mismo que si conociera a una amiga ahora, hemos crecido juntas, nos hemos hecho mayores juntas y eso es importante.

P. ¿Qué sienten cuándo miran la carrera de la otra y también lo que ha conseguido su grupo? Empezando por Los Javis, que ahora mismo están en Cannes.

MG. Yo siento mucha admiración, mucha inspiración y mucha suerte de estar acompañada de gente en la que confío tanto, que admiro tanto y de la que aprendo. Soy muy consciente de mi privilegio, de lo difícil que es que esto pase y que nosotras hemos tenido mucha suerte.


AC. Yo siento lo mismo. Y tener amigas del alma en la profesión, como este grupo o también Greta Fernández, me ha hecho perder cualquier tipo de competencia que pueda crear malestar. Esta profesión te pone siempre un poco en competencia con tus compañeras. O en comparación más bien. Yo ahora soy capaz de ver a todas mis amigas y compañeras con su propia carrera, su propio viaje y sus propios aprendizajes. Igual que sé que ellas me ven a mí y eso me parece precioso. Porque es ver a la persona por lo que es.


MG. Yo creo que esa competencia ahora no está pasando. Y si pasa es por algo natural, que tiene que ver con que al final hay que elegir un personaje. Nosotras nos hemos visto muchas veces haciendo un casting para el mismo personaje, con todas las del grupo y con otras amigas. Inevitablemente en esta profesión hay castings y se eligen personajes.


AC. También creo que el tiempo y cómo nos hemos ido relacionando hacen que veamos las cosas distintas. Si un papel tiene que ser de Maca, será de Maca y genial que lo sea.


MG. Eso lo da el cariño, la relación que tenemos y también el tiempo. A medida que vas creciendo vas entendiendo que la vida y el camino de cada uno es suyo, que porque a alguien le pase algo bueno, no te está robando nada a ti.

AC. Si la competencia existe es porque habrá directores, productores o guionistas poniéndonos encima de una mesa de un despacho, pero nosotras no lo sentimos.

P. Esta serie tiene una mirada muy millennial, la generación a la que pertenecen las dos, de aspirar a unos sueños y unas expectativas que nunca se han cumplido. ¿Se sienten ahí identificadas?

MG. Hay algo muy común a nuestra generación que tiene que ver con que imaginábamos tener una vida con 35 o 40 años que de repente llegas a esa edad y no es como te lo habías imaginado de pequeño. La maternidad, las relaciones... Y nosotras somos muy privilegiadas y muy afortunadas, somos el privilegio absoluto, pero hay muchas dificultades con la precariedad, con la vivienda, con cosas importantes en la vida de la gente. Es difícil tener una vida ordenada y sostenida y eso es frustrante.

AC. Yo voy más allá de lo tangible. Es verdad que en concreto nosotras somos muy suertudas, nos dedicamos a lo que queremos y es como para que caigamos mal. Pero nos atraviesa como generación algo que es muy humano, durante muchos años tú pones la meta en algo que se supone que te va a hacer muy feliz y a medida que vas creciendo ya nada es lo que pensabas. La caída de las expectativas te hacen replantearte la vida y eso creo que es generacional, pero también bastante general.


MG. Como mujeres ha habido también un cambio muy profundo gracias al feminismo, ha cambiado nuestra manera de estar en el mundo. Esa transición nos ha pillado también, nos hemos encontrado aprendiendo desde un lugar y habiendo tenido que transformarnos en otro.

AC. Yo sigo creyéndome esta cosa de la familia, la maternidad y el amor romántico por mucho que sepa que no funciona. No consigo sacármelo de dentro por la información que tenemos. Es un momento un poco raro para nosotras.

MG. Lo hemos mamado de una manera tan fuerte y a la vez, gracias a Dios, nos ha pillado la ola feminista. Hace poco escuché que éramos la generación bisagra y estamos un poco ahí.

"Hacemos esfuerzos por mantenernos firmes en nuestros valores, pero la obsesión con el físico y la juventud es algo social que ya nos afecta a todos"

P. ¿Se ha conquistado el derecho a sentirse perdidos?

AC. Yo agradezco mucho no ser como la generación anterior, la de nuestros padres y la de nuestros abuelos, porque ellos nunca se pudieron permitir estar perdidos. Ellos tenían que seguir el patrón y la pauta: casarte, tener hijos, la hipoteca, que ahora no la tenemos no porque no queramos. Pero, joder, siento que por lo menos tenemos la posibilidad de no saber qué queremos ser, planteárnoslo y tomar otro camino.


MG. Nosotros tenemos las dos partes de la moneda, supongo. Como que estamos entendiendo todo, pero no sé qué decir muy bien ahora mismo sobre esto.

P. Y, al mismo tiempo, esta es la generación que ha disparado el consumo de ansiolíticos, otro de los temas centrales de este proyecto nuevo suyo.


AC. Yo tengo muchas dudas con la normalización de la medicación. Estoy muy a favor de esa medicación porque supone que se puede poner nombre a la salud mental y la gente puede recurrir a medicación igual que cuando se rompe una pierna o tiene una enfermedad física, pero es que se ha normalizado muchísimo.

MG. Está bien que exista, por supuestísimo, pero creo que tenemos que atender más al problema de recursos públicos, a la falta de sostén en la salud mental y la psicología y el acompañamiento para poder solucionar las cosas desde otro lugar. Creo que hay una facilidad muy grande con la medicación. Hay listas de espera gigantes, la gente no puede acceder a terapia con regularidad, tiene que esperar muchísimo y muchos no pueden ni pagarlo.

AC. Ya sabemos identificar la depresión y la ansiedad porque está por todas partes. Pero está todo un poco desequilibrado. Bárbara, mi personaje, se toma ansiolíticos como M&Ms y ni siquiera va a la psicóloga, va directamente a la psiquiatra para pedir lexatines.

MG. Eso del desequilibrio es muy importante porque a mí me parece que lo que hay que hacer es un trabajo más profundo, acompañar para ver qué es lo que hay de fondo.

P. Uno de los componentes que más se suele citar es la soledad, el aislamiento al que se ha sometido esta generación. En muchos casos autoimpuesto por el abuso de la tecnología.

AC. Yo sí siento que ahora está todo hecho ahora para aislarnos. Siempre conectados con el móvil y con las redes sociales favorece mucho el aislamiento, pero también nuestros propios miedos, nuestras frustraciones, nuestras inseguridades, nuestras ansiedades y nuestras tristezas. Ese hecho de sentirte solo, asusta y te hace quedar retraído. Es muy fácil caer hoy en el aislamiento.

P.¿Siendo personajes públicos aún más?


AC. Todos los actores y las actrices pasamos por momentos muy críticos, tenemos crisis de sobrexposición y de nada de exposición. Encima muchas veces nos construimos por la mirada del otro, que no deberíamos, pero nos podemos volver locos en cualquier momento con eso.


MG. Es bastante fácil que la inercia de la propia profesión y de las redes sociales haga que efectivamente haya una confusión y que el foco se ponga en un lugar que no es sano ni natural. Ahí creo que debemos ser muy conscientes para coger las riendas, retomar y tomarnos un segundo. Esto es una irrealidad, no somos tan importantes de verdad.

AC. En cualquier profesión artística al final estás trabajando contigo mismo, nosotras trabajamos con nuestras emociones. Nos validamos muchísimo a través de las opiniones de los demás porque al final son ellos quienes te dicen si lo has hecho bien, si mereces un trabajo... Esa es una posición muy vulnerable constantemente y, por eso, es importante estar fuerte, saber que esto no es más que una profesión, que la vida son muchas otras cosas y que no te puedes validar solo por lo que los demás opinen de ti. Pero, claro, hazlo, guapa.

MG. Consíguelo, claro. Esta profesión funciona por oleadas, por momentos altos y bajos, y yo he aprendido a salir de eso. En los momentos en los que la validación no me ha llegado de fuera, he pasado crisis personales, pero he tenido que poner atención ahí y anteponer mis valores. Esos momentos ayudan a que se vaya generando un equilibrio. Ni los momentos de mucha exposición te llevan a perderte ni los de menos exposición te llevan tan bajo. La vida te va sosteniendo sola con sus vínculos y sus relaciones. Esto nos gusta, pero desde un lugar más sano.


AC. Es importantísimo volver un poco a la raíz de por qué nos dedicamos a esto de vez en cuando. Es una cosa que hay que revisar constantemente, agarrarte a eso porque sino es imposible. Al final, estás siempre en terapia.

MG. Siempre es una terapia, sí.

"Nos cabrea que se romantice la extrema delgadez y se normalice el ozempic en gente que no lo necesita"

P. ¿Cómo se mantiene un equilibrio entre lo personal y lo profesional cuando la parte profesional es tan invasiva?

AC. Pues yo acabo siendo amiga de actrices, novia de un actor... Te acabas rodeando de gente que entiende este trabajo. Por mucho que digamos que no, yo siempre decía que era mucho mejor buscar fuera, pero es que no todo el mundo entiende nuestros horarios y nuestra falta de rutina.


MG. Pero también es muy sano estar en el mundo con todo tipo de gente. Es difícil, sí, pero la perspectiva que te da la gente que no entiende tanto de tu profesión es muy importante.

AC. Yo no podría tener una pareja que no estuviera en esto, me resultaría muy difícil, tía. Lo digo sobre todo por currículum, siempre he estado con gente que de alguna manera se dedicara a esto.

MG. Pero a mí me gustaría que no tuviera que ser así.

AC. A mí me gustaría mucho para ti también. Creo que es muy sano, pero es difícil porue al final acabamos siempre relacionándonos con gente que de alguna manera entiende esto.


MG. Pues a ver si lo proyectamos. También hay algo del contacto constante, esto supone mucho tiempo de nuestras vidas, es donde te cruzas con la gente y compartes más tiempo. Yo no soy una persona que haga amigos con muchísima facilidad. Tengo muchos, pero no me hago amiga a la primera y necesitamos bastante tiempo. A ti te pasa igual. Al final los amigos que se han quedado y se van a quedar vienen de haber estado mucho tiempo en contacto. Como nos pasa a nosotras. Al final esto también nos lo ha dado nuestro trabajo, si que es mucha parte de nuestra vida.


AC. Yo no sé cuál es la clave de todo esto, pero a nosotras nos funciona rodearnos de gente que por lo menos nos entiende y compartimos espacios.

P. De esta generación hemos hablado del consumo de ansiolíticos, de las aspiraciones rotas y de ser una generación visagra. En este punto, vivió los cánones de belleza extremos de los primeros 2000 y ahora parece que se están volviendo a replicar.

AC. Estamos fatal, en un momento muy devastador. Hemos hecho muchos años de body positive, de 'acepta tu edad y tus arrugas', pero hemos acabado volviendo atrás. Creo que Maca y yo hacemos esfuerzos por mantenernos firmes en nuestros valores y nuestras creencias.


MG. Esfuerzos reales, pero que no es una cosa que que tenga que ver solo con nosotras. Es algo social, nos pasa a todas las personas. Como mujeres es muy fuerte, pero ahora ya empieza a ser de todos la obsesión con el físico, con la juventud, con el envejecer...


AC. A mí me cabrea muchísimo el tema del TCA por tener cerca a gente que lo sufre. Me cabrea muchísimo que se romantice la extrema delgadez y se normalice el Ozempic en gente que no lo necesita y no debería usar esa vía. Me parece peligrosísimo, terrible y me pone muy triste. Y luego también pasa que ves a actrices mayores que no se han hecho nada hasta ser mayores, pero te llegan chicas más jóvenes ya también retocadas. ¿Qué tenemos que hacer? ¿Qué?

P. Hablan de hacer un esfuerzo real, ¿tienen una responsabilidad como personas públicas en este sentido?

MG. Dar ejemplo no sería la expresión, pero sí tenemos una responsabilidad cuando estás expuesto a que te vean más que a otra gente. Eso es una realidad. A mí me pasa que estoy en casa viendo Instagram, que veo a actrices que abrazan su físico y es como...

AC. A mí me inspira ver un cuerpo y una cara que envejecen. Lo agradezco, me hace sentir mejor y me conecta con cosas positivas. Ojalá pertenecer a esa ola y ser como ellas. Pero al final estás en esta sociedad, hay presiones y tienes luchas internas. Muchas veces me digo a mí misma que si me quiero poner bótox, me lo pondré. Espero que no me pase, pero si quiero lo haré. Claro, es que ayer vi Cisne negro y Natalie Portman ya lleva botox porque frunce el ceño, pero no la frente. La gente de Hollywood lleva accediendo a esto desde los 80. ¿Cuántos años tenía?

P. [Tras una búsqueda en internet] Tenía 29.

AC. Claro, es que yo tengo 32. ¿Empiezo? Las referencias son difíciles.

MG. Estos días me he metido en redes y está todo lo de Cannes, me meto en fotos y he leído comentarios muy fuertes, llamando viejas a actrices de toda la vida. ¿No es sorprendente, no?


AC. Yo es que no me meto en comentarios. Estas cosas sé que existen, pero no las veo. Las redes están llenas de barbaridades, se ha generado una impunidad extraña con el anonimato que lleva a la gente a moverse desde el rencor y la venganza. Yo no sé qué pasa ahí, pero es que es muy dañino. Entiendo que hay gente que vive de nuestras inseguridades, de crearnos necesidades y miedos, pero me cuesta entenderlo. La teoría la sabemos, pero claro...

"Nos cabrea que se romantice la extrema delgadez y se normalice el Ozempic en gente que no lo necesita"


P. Como cierre a este encuentro, con una carrera muy en paralelo que han tenido, ¿les gustaría decirse algo que no se hayan dicho?

AC. Yo creo que hay bastante admiración mutua y vemos muy claramente cuál es la luz de la otra. Cuando veo a Maca brillar, me da felicidad y orgullo porque es una persona a la que quiere y tengo cerca. Da mucho gusto verte crecer porque yo recuerdo verte desde Punta Escarlata en mi casa en verano.


MG. Lo que no has comentado es que hicimos las dos una TV movie. Yo la versión comercial.


AC. Y yo la indie, que era de Elena Trapé y no la vio nadie.

MG.El Pacto y Blog, un montón de chicas que se embarazan juntas porque hacían un juramento e hicimos las dos versiones muy a la vez. Que fue de los primeros proyectos de las dos.


AC. Si es que yo era un bebé, tenía 15 años y lo hacía mal. No sabía hacer nada todavía. Yo he visto a Maca desde muy adolescente y sentía cierta admiración por su naturalidad, por su brillo y su luz. Cuando empezamos a hacer La llamada, empiezas a conocer a la persona y a la actriz y ahora verla a lo largo de los años es chulo.


MG. Pero a la vez yo creo que en cuanto nos conocimos profundamente dejamos de mirarnos a nivel carrera. Me gusta escuchar esto del paralelismo, pero yo no tengo ni idea. Hay mucha admiración, sí, pero estamos en la vida la una de la otra, nos acompañamos en los momentos importantes... Supongo que aprendemos y nos apoyamos.


AC. Trabajar juntas además es un gusto, es como jugar en casa y yo lo prefiero.

MG. Es verdad, hay una seguridad diferente y una sensación de hogar que en esta profesión a veces no es fácil tener. A veces la consigues con gente con la que te sientes feliz, pero es bastante difícil. Estar compartiendo trabajo con esa sensación es mucho mejor. Incluso venir a estas entrevistas es mejor porque es pasar un rato con mi amiga Anna. Intento recordarnos en el momento de La Llamada y había algo muy parecido.

AC. ¿No te acuerdas, no?

MG. Sí, sí me acuerdo. Es que no me acuerdo de muchas cosas. Pero veo una diferencia que es que Anna ha mantenido mucho una manera de trabajar desde el juego, la tranquilidad y la no tensión. Y yo he ido ganando menos diversión y perdido tensión. En La Llamada fui muy feliz, engloba muchas cosas, es una etapa preciosa de nuestras vidas, pero siempre es mejor estar con el cuerpo en descanso y sin tensión.


AC. Se me acaba de ocurrir una cosa, que creo que nuestro círculo se debería cerrar embarazándonos las dos como en El pacto y en Blog. La vida nos va a llevar hacia eso y va a hacer que todo tenga sentido. Mira a cámara. ¿Cómo lo ves?

MG. Bueno, a ver qué pasa, chicos.

AC. ¿Firmamos?

MG. Yo todo bien, todo sí.