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El estreno de los grandes colosos en el Mundial 2026 no ha defraudado a nadie. En un abarrotado estadio de Nueva Jersey, ante la atenta mirada de leyendas como Ronaldo Nazario o el mismísimo Tom Brady, Brasil y Marruecos han firmado un empate (1-1) de altísimo nivel. En un duelo donde «Marruecos se comportó como aspirante a sensación del torneo al someter de inicio y controlar después a la Penta», el protagonismo absoluto recayó en la calidad técnica de sus goleadores.
El conjunto africano saltó al césped dispuesto a demostrar que no mentía cuando «avisó en la víspera Achraf que ellos eran el Brasil de África». Tras varios avisos serios de El Aynaoui y el propio Achraf, la superioridad marroquí se tradujo en el marcador gracias a una jugada de tiralíneas. El gol nació de las botas de Brahim Díaz, quien controló en la medular y, con una visión de juego privilegiada, colocó un «pase de quarterback» milimétrico entre los centrales brasileños.
«Brahim abrió la puerta a los visitantes con un pase extraordinario a Saibari», quien no desaprovechó el regalo. El delantero marroquí exhibió una sangre fría asombrosa al convertir su remate en un «remate picadito» que superó a Alisson para poner el 0-1, silenciando momentáneamente a la marea amarilla.
Brasil, que hasta ese momento se había mostrado errática y superada por la presión asfixiante de los "Leones del Atlas", tuvo que encomendarse a su estrella para no sucumbir. Cuando el país más sufría, «Vinicius hizo lo que se espera de un líder de la Seleçao». El empate brasileño llegó tras un ataque fallido de Marruecos y un retorno defensivo algo tardío.
Vinicius Junior cazó el balón en su zona de influencia, midió a El Aynaoui, le quebró con un movimiento eléctrico dentro del área y «cruzó con potencia a la red». Fue un chispazo de pura clase individual que sirvió para equilibrar el duelo antes del descanso y devolver la esperanza a una 'Canarinha' que creció a partir de ese gol. A pesar de que la segunda mitad ofreció ocasiones claras para ambos bandos, incluyendo una volea de Paquetá y una contra de Raphinha salvadas por Bono, el marcador no volvió a moverse.
El resultado final deja unas «tablas merecidas entre dos enemigos de cuidado» que han presentado sus credenciales para llegar hasta el último día del torneo. Como bien reflejó el desarrollo del choque, el empate también se debió a la solidez bajo palos, confirmando que «los grandes equipos necesitan grandes porteros». Con este 1-1, Brasil y Marruecos demuestran que tienen la pegada y el talento necesarios para ser protagonistas absolutos en esta cita mundialista.























