F1
El británico, sin ganar desde hace año y medio, firma una exhibición en Barcelona y recorta hasta 31 puntos al líder del Mundial, que se retiró con problemas mecánicos a cuatro vueltas del final

Hamilton cruza la meta en Montmeló.AFP
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Una pregunta se repetía en cada rueda de prensa de los últimos meses: "¿Cuándo te retiras, Lewis?". Con distintas palabras, distintos acentos, siempre el mismo fondo: la duda de si un siete veces campeón del mundo de 41 años, sin victorias, sin podios propios, sin celebraciones, tenía todavía algo dentro. "I'm useless", llegó a declarar la temporada pasada en plena crisis. Inútil, se llamó. Él mismo lo decía.
Este domingo en Montmeló, Lewis Hamilton respondió a todos, y también a sí mismo, como siempre había sabido hacerlo: con el volante entre las manos. Una exhibición de pilotaje, fría y demoledora, le dio su primer triunfo con Ferrari. Y algo más grande que una victoria.
De repente, Kimi Antonelli, el joven italiano que dominaba el Mundial con cinco victorias consecutivas y llegaba pletórico a Barcelona, se quedó parado con la dirección asistida rota a cuatro vueltas del final. El Mercedes del futuro, aparcado en la gravilla. El hombre del pasado, volando hacia el horizonte. Hamilton no ganó por el abandono del italiano, ya mandaba, contaba con doce segundos cuando el Mercedes enmudeció, pero en ese momento el campeonato se transformó.
Ferrari ya puede ganar. Quedan muchas carreras. Y esos 31 puntos de desventaja que arrastra Hamilton ya no parecen tantos.






















