Actualizado
La selección española ha iniciado su andadura en la Copa del Mundo con un resultado inesperado que ha encendido las alarmas en el entorno de la Roja. En un partido marcado por el dominio estéril y la falta de pegada, el conjunto nacional no pudo pasar del empate ante un rival teóricamente muy asequible. Las cosas no son como empiezan, sino como acaban, reza el dicho popular, pero lo cierto es que el fiasco, gigante, del estreno de España en este Mundial ha dejado un poso de preocupación en la afición. Desde el pitido inicial, el guion del encuentro fue monótono y desesperante para los intereses españoles.
A pesar de que España ha dominado por completo el partido, la posesión no se tradujo en ocasiones claras de gol. El equipo volvió a caer en vicios del pasado, estrellándose contra un planteamiento ultradefensivo. Volvió España a ser una desesperación, un lamento, un quiero y no puedo ante un rival muy inferior, como fue el caso de la selección caboverdiana. Aunque Cabo Verde anunció en la previa que sería un equipo valiente, pero era mentira, la realidad es que el equipo africano decidió arremolinarse alrededor de su portero e ir tapando vías de agua mientras le durase el oxígeno.
En este escenario, la figura del guardameta Vozinha emergió como un gigante, realizando intervenciones de mérito que, sumadas al gran trabajo defensivo de la defensa de Cabo Verde, impidieron que los de Luis de la Fuente sumaran su primera victoria. La gestión del partido por parte del cuerpo técnico también ha quedado bajo la lupa. Con Gavi como única novedad en un once donde Alex Baena parece haber perdido crédito, el equipo mostró signos de nerviosismo y falta de ajuste en la presión.
La crítica es clara: a la selección le faltó imaginación, le faltó un plan B, ese famoso plan B que ha traído De la Fuente y que ayer no solventó un estreno decepcionante. La impotencia ofensiva fue la nota dominante durante los noventa minutos. El equipo abusó del juego horizontal y fue incapaz de romper las líneas de un rival hundido en su propia área. Como bien señala la crónica del encuentro, sin gol, no hay (casi) nada más, y las certezas matemáticas son las que mandan en un torneo de esta exigencia. Pese al varapalo, no todo está perdido. Históricamente, España ya sabe lo que es empezar mal un gran torneo y terminar tocando la gloria, como ocurrió en 2010.
Este debut sí establece un punto de partida que obliga a una revisión profunda. España es una de las favoritas, y lo sigue siendo, para ganar, pero este susto en el estreno ha de servirle para revisarse a sí misma sin caer en el histerismo, pero manteniendo un sentido crítico necesario para avanzar. El camino hacia el título se ha vuelto más angosto, pero la calidad del grupo invita a pensar que este tropiezo puede ser el revulsivo definitivo para lo que resta de competición.


























