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La selección española ha comenzado su andadura en la Copa del Mundo con un resultado que nadie esperaba y que evoca los peores fantasmas de torneos recientes. Lo que debía ser una victoria cómoda se transformó en el fiasco, gigante, del estreno de España en este Mundial. Ante un rival teóricamente muy inferior, el equipo nacional fue incapaz de romper el empate a cero, dejando una sensación de impotencia que preocupa a la afición y al cuerpo técnico.
El partido recordó por momentos a la eliminación en Qatar. Según las crónicas, volvió la selección a estrellarse contra un muro, a jugar en horizontal y a no encontrar soluciones ante un equipo hundido. A pesar de que España ha dominado por completo el partido, ese control del balón resultó estéril ante el gran trabajo defensivo de la defensa de Cabo Verde y la gran actuación del portero africano, Vozinha.
La falta de pegada fue el gran lastre de la tarde. El análisis posterior es tajante: ayer le faltó precisión, le faltó imaginación, le faltó un plan B, ese famoso plan B que ha traído De la Fuente y que ayer no solventó un estreno decepcionante. Incluso se echó en falta mayor agresividad competitiva, señalando que al equipo le faltó también mala leche en los metros finales.
Cabo Verde, pese a sus promesas iniciales de valentía, optó por una estrategia de pura supervivencia. El conjunto africano decidió meterse atrás, arremolinarse alrededor de su portero e ir tapando vías de agua mientras le durase el oxígeno. Ante este planteamiento, España se mostró errática y algo nerviosa, con Gavi como la única novedad en el once.
La tensión fue evidente en el terreno de juego, con constantes conversaciones entre Pedri y Rodri sobre quién y cómo debía saltar a la presión, sumadas a las llamadas de atención de Unai Simón para que el equipo se juntase ante la falta de ajuste en las marcas. Ni siquiera el parón de la pausa de hidratación, descrito por algunos como un esperpento silbado por el público, sirvió para que España encontrara la brújula necesaria para desatascar el encuentro.
Aunque el debut ha sido un jarro de agua fría, el equipo se aferra a la historia para mantener la esperanza. Es cierto que el primer partido sí establece un punto de partida y que el de este lunes no ha sido bueno. Sin embargo, para entender que no todo está perdido, basta volver a Sudáfrica 2010, donde España también tropezó en el estreno antes de alcanzar la gloria.
La realidad es que, en el fútbol de élite, son las certezas las que mandan y, sin acierto en la portería contraria, sin gol, no hay (casi) nada más. Ahora, la selección debe realizar un ejercicio de autocrítica profundo, pues este susto en el estreno ha de servirle para revisarse a sí misma y recuperar la contundencia necesaria para seguir siendo considerada una de las favoritas al título.


























