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La selección de Canadá ha vivido su noche más gloriosa en una cita mundialista gracias a la figura de Cyle Larin. El delantero no solo ha evitado la derrota de los anfitriones frente a Bosnia (1-1), sino que ha grabado su nombre en los libros de oro del deporte de su país al conseguir el primer punto histórico para la nación del mapa de la hoja de arce en un Mundial.
Cuando el partido entraba en su fase crítica y el nerviosismo se apoderaba de la grada, emergió el talento puro. «En pleno asedio red o rouge, que los dos idiomas son oficiales», surgió la figura de un delantero que muchos daban por amortizado. El impacto de verle de nuevo en la élite fue tal que el relato del encuentro describe ese sentimiento de sorpresa: «apareció un nombre de esos que cuando suenan en la tele en un Mundial te pegan un chispazo en el cerebro y dices: "Anda, ¿este tío sigue vivo?"».
Vaya si lo estaba. Larin demostró una clase técnica soberbia al controlar un balón muy comprometido con el muslo y, sin dejarlo caer, conectar a la media vuelta una volea imparable que se coló ajustada al palo del portero Vasilj. El gol no solo fue un alarde estético, sino un acto de fe que cambió el rumbo del grupo para los canadienses. Incluso tuvo la victoria en sus botas en el último suspiro, pero la defensa bosnia le negó la gloria absoluta en el último segundo.
El empate, sin embargo, no fue sencillo. Canadá se midió a un rival que tiene el oficio incrustado en su ADN. Según las fuentes, «a Canadá le falta lo que los bosnios adquieren al nacer», haciendo referencia a ese «gen competitivo que corre por el agua de grifo de los Balcanes».
Esa veteranía se tradujo en el gol inicial de Lukic, tras un córner que Kolasinac peinó en el primer palo ante la indecisión del meta Crépeau. Tras adelantarse, la selección de Bosnia pecó de exceso de confianza. «El gol fue para Bosnia como ponerse una mantita», ya que se acomodaron en su campo esperando que los errores de puntería de Canadá hicieran el resto. Fallaron ocasiones claras para sentenciar, incluyendo un mano a mano de Demirovic que pudo haber cambiado el destino del choque.
Otro de los puntos calientes de la jornada fueron las decisiones desde el banquillo canadiense. El técnico Jesse Marsch sorprendió a todos con una gestión de los cambios que fue calificada de incomprensible por momentos. «Marsch metió unos cambios rarísimos, quitando del césped a todos sus atacantes» justo cuando mejor estaba el equipo local.
Sin embargo, el acierto final de Larin ha validado su estrategia, permitiendo que Canadá ya sepa lo que es sumar en un gran torneo. Con este resultado, y tras la decepción de una Bosnia que en su día dejó a Italia fuera del Mundial, los anfitriones mandan un aviso claro: «ya sólo pueden ir hacia arriba».


















