






















El imparable ascenso de SpaceX en la bolsa ha encontrado su primer obstáculo. Tras un arranque histórico que la llevó a superar en valor a un gigante como Amazon y a consolidarse temporalmente como la quinta mayor empresa del mundo, las acciones de la compañía aeroespacial y de inteligencia artificial (IA) de Elon Musk han cortado en seco su racha de tres días consecutivos de ganancias.
Así, este miércoles 17 de junio, los títulos de la compañía abrían con una subida de un 6%, pero luego se han dado la vuelta de forma brusca cayendo hasta un 3,66%. Este tropiezo interrumpe un rally que había disparado el valor de la acción casi un 50% por encima de los 135 dólares de su salida al mercado.
A pesar del revés, los inversores prefieren mantener la cabeza fría y no ven motivos para el pánico. Michael Monaghan, socio y gestor de fondos en Founder Funds en Dallas, explica que, a su parecer, "esto es solo ruido por el momento" y añade que "si experimentáramos una jornada de caídas profundas, el debate sería diferente". De hecho, el gestor avanza que si la cotización sufriera un castigo mayor, lo verían como una oportunidad y probablemente comprarían más títulos.
La clave de este vaivén en el precio está en que hay muy pocas acciones disponibles para negociar en el día a día. SpaceX salió a bolsa con apenas un 4,2% de sus acciones flotando en el mercado abierto, lo que significa que cualquier orden de compra o venta mueve el precio con mucha facilidad. Aunque esta escasez ayudó a inflar el valor en las primeras jornadas, también implica que cuando expiren los plazos que impiden vender a los miembros de la propia empresa, podría entrar una presión bajista considerable.
Mientras tanto, el motor de este fenómeno sigue siendo el inversor de a pie. Según los datos que maneja Vanda Research, SpaceX se ha mantenido cada día como la acción favorita del público minorista desde su estreno. El volumen invertido por los pequeños compradores ha igualado, de golpe, a todo el dinero que se movió conjuntamente hacia grandes como Nvidia, Alphabet, Amazon o Meta.
En paralelo, este furor parece estar alimentándose de la otra gran compañía de Musk; la misma firma de análisis explica que "quizás estemos asistiendo a una rotación de capital de un activo de Elon a otro, con SpaceX percibiéndose cada vez más como una opción de inversión tecnológica y de inteligencia artificial más limpia", una tendencia que coincide con la salida de unos 61 millones de dólares en acciones de Tesla.
El ritmo inicial de SpaceX ha sido tan fuerte que, si logra aguantar el tipo durante su primera semana, superará con creces el rendimiento medio de las grandes salidas a bolsa de tecnológicas en los últimos 15 años. Aun así, las estadísticas de Truist Advisory Services piden prudencia: aunque más de la mitad de estos grandes estrenos siguen en verde al cabo de tres meses, la cifra de empresas que logran mantener las ganancias cae por debajo del 43% cuando se cumple el primer año.
Para más complicación, esta semana también ha empezado la negociación de contratos de opciones sobre SpaceX, una herramienta que permite apostar a favor o en contra del valor. Aunque al principio dominaban las apuestas optimistas, al cierre de la última jornada las opciones de venta ya representaban el 44% del total, una señal clara de que una parte del mercado empieza a ver el valor real de la empresa con escepticismo.
Sobre este punto, el célebre inversor Michael Burry, conocido por la película The Big Short, ha dejado claro en su Substack que, por ahora, estas apuestas en contra de SpaceX son demasiado caras, por lo que ha preferido quedarse al margen y no comprar ninguna protección bajista.
Con todo, a SpaceX le queda una carta importante de cara al futuro: su entrada obligatoria en los grandes índices financieros. El Nasdaq ya ha cambiado sus normas para permitir que gigantes de este tamaño entren de forma exprés en sus indicadores, lo que obligará a los fondos de inversión a comprar acciones sí o sí para replicarlo. Por el contrario, el S&P 500 ha decidido no acelerar sus plazos, descartando una entrada inmediata.
Ante esta dualidad, Shelby McFaddin, gestora de carteras en Motley Fool Asset Management, explica para Bloomberg que este retraso justifica que muchos prefieran esperar en la barrera sin alarmarse, argumentando que "algunos inversores no se van a poner nerviosos porque saben que, en cuanto se pueda replicar el índice con un producto financiero, acabarán teniendo esa exposición de forma automática".
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