























Son tantos los melones que abre la IA que uno corre el riesgo de perderse en la abundancia. Tan reseñable es el impacto de esta herramienta y tantas son sus variables que hasta el Papa León XIV se ha visto en la necesidad de referirse al fenómeno en su última encíclica. A ella alude para abrir la conversación Dimitri Sierra, abogado de Andersen Iberia especializado en derecho digital, una disciplina que ni siquiera existía hace un cuarto de siglo. "El Papa ha bajado al terreno de las cosas humanas y eso llama la atención, pero ni ha lanzado un mensaje contra la IA ni se ha ensañado con el capitalismo. Afirma, simplemente, lo que muchos expertos piensan". Primero va la humanidad y a su servicio ha de quedar siempre la máquina.
Antes de meterse en harina jurídica, Sierra recuerda que la IA propicia todo un abanico de "buenos usos", tal y como se constata en campos como la medicina o la justicia social, y no es menos cierto que sobre la base de los modelos propiedad de las big tech han florecido startups de nicho con productos cada vez más seductores, pero el verdadero peligro, más que en una futurible AGI emancipada, reside en la concentración de poder en manos de unos pocos multimillonarios. "Si antes eran los Estados los que controlaban la tecnología, ahora el testigo pasa a gigantescas corporaciones" con una enorme capacidad de influir en las decisiones legislativas de ciertos países. Eso sí que es un lobby. Y a él se refiere el ex ministro griego Yanis Varoufakis en su libro Tecnofeudalismo (Deusto, 2024).
Al abogado de Andersen conviene interrogarle por el proyecto de ley para el buen uso y la gobernanza de la inteligencia artificial presentado por el Gobierno estos días. Resulta pertinente la pregunta que se plantea cada vez que un país o una región se enfrenta al salvaje oeste tecnológico y acepta la escaramuza legal como única vía para domar a la bestia. ¿Es posible ponerle puertas al campo? "Es muy positiva la rapidez con que se están moviendo los poderes públicos. Saben que el reto es global y que hay que fijar unos límites. En el proyecto se establecen medidas y sanciones para ejercer control sobre el algoritmo, evitar los sesgos y prohibir ciertos tipos de deep fake. La IA hará lo que le dejemos hacer; lo que no queda tan claro es si la contundencia que muestra el texto se aplicará a las propias administraciones públicas. Imaginemos que un juez recurre a la IA para dictar una sentencia sin ninguna supervisión humana".
Esos letreritos con imágenes horrendas que orlan las cajetillas de tabaco no aparecían al principio en el producto, como tampoco se planteó en el primigenio internet un cortafuegos en función de la edad. Pero Francia y España, por ejemplo, sopesan abiertamente prohibir las redes sociales hasta los 16 años y la advertencia perogrullesca de que la IA es IA se afianza también poco a poco. "Toda norma dependerá en su eficacia de la capacidad de aplicarse y multar a quien incumpla -subraya Sierra-. ¿Cuál va a ser la respuesta cuando se ignore la ley? Habrá que crear grandes agencias especializadas". El pistoletazo de salida en Europa lo ha dado la Agencia Española de Supervisión de la IA, con sede en La Coruña y cuya labor pasa de momento bastante desapercibida.
Todavía retumban los abucheos estudiantiles a Eric Schmidt cuando evangelizaba sobre inteligencia artificial en la Universidad de Arizona. Los más jóvenes se sienten amenazados por esa magia algorítmica que convierte sus puestos junior en carne de automatización. No les falta razón. El agente puede ser un copiloto, pero también un suplantador más rápido, menos protestón y disponible cada día de la semana. "En Andersen seguimos contratando y enseñando a los chavales a usar los modelos y mostrar espíritu crítico. Ser abogado es mucho más que redactar un contrato o resolver una duda puntual. Hay que entender al cliente e hilar una estrategia. La máquina no sabe hacer eso", matiza el abogado.
Sierra alerta de uno de los problemas de nuevo cuño afrontados por su oficio desde que aterrizó la IA. "Hay clientes que consultan a ChatGPT, confían en el LLM para redactar un borrador de burofax y te piden que lo firmes y lo envíes tal cual. Es un entorno tan asertivo y positivo que las personas se entregan ciegamente al resultado aunque esté plagado de errores". Qué curioso que un letrado ya no mida fuerzas sólo con la otra parte litigante, sino con Claude, Gemini y Mistral.
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