


















Financiarse en 2026 es más caro que en 2025. La guerra en Irán y la crisis energética que se ha despertado allí, junto con la carrera de la inteligencia artificial por captar capitales, han puesto a los tipos a mirar hacia arriba. El Banco Central Europeo (BCE) ha pasado a la acción este jueves al subir en 25 puntos básicos, un cuarto de punto, los tres tipos de interés oficiales, conforme estaba previsto.
De este modo, la tasa de depósito del BCE pasa del 2% al 2,25%, el tipo principal al 2,4% y el marginal de crédito o de emergencia al 2,65%. La institución presidida por Christine Lagarde justifica la medida por el impacto que el conflicto está teniendo sobre los mercados energéticos y las perspectivas de precios de la eurozona. En abril se escudó en la falta de datos para evitar subir los tipos.
"La guerra en Oriente Próximo está generando presiones inflacionistas y la decisión de aumentar los tipos de interés es adecuada en los diferentes escenarios que analizan la posible evolución de la perturbación y su impacto en las perspectivas a medio plazo para la zona del euro", señala el Consejo de Gobierno.
El BCE reiteró que mantiene su compromiso de devolver la inflación al objetivo del 2% a medio plazo. "El Consejo de Gobierno se ha comprometido a fijar su política monetaria de manera que asegure que la inflación se estabilice en su objetivo del 2% a medio plazo", indica la entidad en su comunicado.
Las nuevas proyecciones elaboradas por los expertos del Eurosistema reflejan un deterioro del escenario macroeconómico respecto a las previsiones publicadas en marzo.
El BCE espera ahora que la inflación general se sitúe en el 3,0% de media en 2026, en el 2,3% en 2027 y en el 2,0% en 2028. La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos, alcanzaría el 2,5% tanto en 2026 como en 2027, para moderarse al 2,2% en 2028.
La institución explicó que ha revisado al alza las previsiones de inflación para los próximos dos años debido a una trayectoria más elevada de los precios energéticos, cuyo impacto podría trasladarse parcialmente a los alimentos, los bienes industriales y los servicios.
Al mismo tiempo, el BCE rebajó sus perspectivas de crecimiento económico. El producto interior bruto (PIB) de la eurozona avanzaría un 0,8% en 2026, un 1,2% en 2027 y un 1,5% en 2028. La revisión a la baja para los dos primeros años responde al efecto de la guerra sobre los mercados de materias primas, la pérdida de renta real de los hogares y el deterioro de la confianza.
El organismo advirtió de que la incertidumbre sigue siendo elevada. "Las perspectivas siguen siendo inciertas, con riesgos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento económico", afirmó el Consejo de Gobierno, que subrayó que las consecuencias finales del conflicto dependerán de la intensidad y duración del shock energético y de los posibles efectos indirectos sobre salarios y precios.
Pese al endurecimiento monetario, el BCE evitó ofrecer señales sobre futuros movimientos. La entidad insistió en que mantendrá un enfoque dependiente de los datos y que las decisiones se adoptarán 'reunión a reunión', una expresión clásica de Lagarde para evitar mojarse en cuáles serán sus próximos movimientos.
"Las decisiones del Consejo de Gobierno sobre los tipos de interés se basarán en su valoración de las perspectivas de inflación y de los riesgos a los que están sujetas, teniendo en cuenta los nuevos datos económicos y financieros, la dinámica de la inflación subyacente y la intensidad de la transmisión de la política monetaria, sin comprometerse de antemano con ninguna senda concreta de tipos", concluye el organismo en su declaración.
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