


















Muchas son las startups que se han batido el cobre en South Summit, bastantes menos las que alcanzaron la final y sólo unas pocas las que se alzaron con la victoria en un vertical y a la vez en la clasificación general. La última en lograr el doblete es la catalana Mitiga Solutions, con sede en Barcelona y dirigida por Alejandro Martí. Mitiga nace en 2018 como spin-off del Barcelona Supercomputing Center y cuenta por lo tanto en su ADN con una carga marcadamente científica, bagaje que también porta Martí, líder en dicha institución de un grupo de análisis de catástrofes naturales y coordinador en la ONU de otro equipo que explora las posibilidades que la IA brinda ante el desafío climático.
“La compañía pasa por su mejor momento. Ahora somos unas 60 personas en plantilla, duplicamos año a año la facturación [cuya cifra no es por ahora pública] y hemos levantado alrededor de 25 millones de euros”, resume el emprendedor a Business Insider España. La propuesta de valor de Mitiga consiste en ayudar a empresas a entender y gestionar el riesgo climático, incorporando este bloque a la estrategia de negocio en pie de igualdad con aspectos tan relevantes como las finanzas o, más recientemente, la ciberseguridad. “Ya no se trata de asumir un coste, sino de abrazar una oportunidad -arguye Martí-. Esos riesgos impactan en las operaciones, en la cadena logística, en las decisiones más estratégicas. Mediante ciencia, IA y supercomputación diseñamos modelos climáticos para anticiparnos a esos fenómenos y al posible daño que infligirán”.
Igual que una serpiente, Mitiga ha mudado la piel. Al principio funcionaba como una insurtech. “El riesgo tradicional es un producto estadístico. Miras lo que ha pasado durante los últimos 100 años, proyectas tendencias y fijas el riesgo. Pero, con el cambio climático, todo cambia. La ONU advierte que todas las catástrofes naturales acontecidas desde 1990 van a repetirse en los próximos cinco años. Siempre nos hemos dedicado a cuantificar un incendio, una inundación, un granizo, una erupción volcánica… aunque ya no nos dedicamos a la detección temprana y la respuesta, sino a ayudar a que una empresa decida, por ejemplo, dónde construye un hotel o un aeropuerto”.
Martí despoja a Mitiga de la etiqueta habitual en estos casos (SaaS) para colocarle en la solapa una más fidedigna: DaaS, o data as a service. En la plataforma el cliente identifica los activos que van a ser evaluados y Mitiga aporta todos los escenarios posibles de aquí a 2100 cuantificando la probabilidad de que llegue un zarpazo, la vulnerabilidad del activo y la pérdida económica esperada. Los agentes autónomos de la startup se encargan de aportar a cada departamento la información necesaria, pues se trata de una herramienta transversal y escalable en cualquier tipo de organización, aunque con tres verticales prioritarios: banca, seguros e infraestructuras críticas.
Para comprender el tamaño y las expectativas de Mitiga, hay que admirar primero el enfoque decidido. Frente a esas startups que sufren por hacerse un hueco con propuestas menos valiosas aún a ojos de un CEO (los créditos de carbono son una buena referencia, igual que las soluciones tecnológicas de rastreo medioambiental sin una traducción directa en el núcleo del negocio), el equipo capitaneado por Martí coloca bajo su ala activos de enorme valor y pone precio al riesgo.
Una gran marca de ropa necesita saber cuándo va a recibir el algodón de Bangladesh después de un tifón, del mismo modo que una cadena hotelera tiene que ponderar el sentido de levantar un complejo en una zona de litoral que pierde playa verano tras verano. ¿Es razonable desplegar un centro de datos alimentado con energía nuclear en un área de fuerte actividad sísmica? ¿Puede confiar un fabricante europeo de coches en recibir la pieza asiática que necesita si la sequía, las inundaciones o una pandemia trastocan los ritmos de producción del proveedor? Mitiga contempla cada franja del paisaje. Gracias a ese valor añadido, trabaja con el 30% de las firmas del IBEX y genera la mitad de sus ingresos en Europa.
Precisamente, Mitiga ha sido reconocida por segundo curso consecutivo como la startup europea de riesgo climático número uno. “Queremos ese mismo estatus a nivel mundial y en energía, telecomunicaciones, transporte y construcción -apunta el CEO-. Pronto anunciaremos, además, una alianza con el marketplace soberano de IA en Europa”. Que el viento sopla a favor lo demuestra la sensación expuesta por Martí: “Hace dos años era más pesimista que hoy. Pero ya vemos que los fenómenos climáticos extremos afectan a balances y operaciones, que la regulación obliga a cuantificar los riesgos y que inversores y aseguradoras exigen mejores datos para fijar inyectar capital y fijar precios. Gracias a esas tres variables, la conversación se ha trasladado del departamento de sostenibilidad a la mesa del consejero delegado. Y ahí es donde están los recursos para abordar el verdadero cambio”.
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