

























La inteligencia artificial se ha convertido en la invitada recurrente en muchas series de televisión recientes. Además de ser un tema de máxima actualidad, existe una ansiedad generalizada dentro del gremio de guionistas, que perciben cómo la promesa de esta nueva tecnología (eficiencia y ahorro) está poniendo en peligro su profesión. Series como The Pitt, Hacks, Scarpetta o The Comeback están dándole a la IA en un papel central en sus narrativas, la mayoría de las veces para ilustrar las funestas consecuencias de dejar que la IA pilote la nave.
La inteligencia artificial generativa ha ido ganando terreno en múltiples sectores a lo largo de los últimos años. En el caso de Hollywood, ha sido recibida con entusiasmo, aunque solo parcialmente. Del lado de la gestión y las finanzas, la contribución de la inteligencia artificial para producir más y más rápido gastando menos ha sido significativa. Cada vez son más las compañías que la emplean para agilizar los flujos de trabajo mediante automatización de tareas técnicas y organizativas repetitivas en las que se invierte mucho tiempo. La IA, en estos casos, se percibe como una manera de liberar a los profesionales de una carga tediosa para que puedan centrarse plenamente en lo creativo. Esta parece ser la tónica dentro del discurso pro-IA: no reemplaza el trabajo humano, sino que mejora su eficiencia.
Hay otro factor a considerar: el uso de la IA dentro de la industria audiovisual no se está pregonando a los cuatro vientos. Se ha normalizado de forma silenciosa porque el sector, especialmente tras las huelgas de guionistas y actores de 2023, sabe perfectamente que es un tema polémico en el que las partes parecen condenadas a no entenderse. Este silencio, sin embargo, no ha neutralizado los miedos de las personas de la industria con trabajos creativos. Hacer que los personajes de una serie popular se enfrenten a un escenario en el que la IA les va a arrebatar el trabajo está siendo una buena manera de visibilizar el debate para generar movilizar a la audiencia e impulsar un mejor marco regulatorio.
La revista Wired publicaba recientemente un artículo () que exponía una verdad incómoda: la progresiva transición que muchos guionistas profesionales de Hollywood hacia la capacitación de IA, empujados por la precariedad laboral y la erosión significativa de los salarios.
Algunos de ellos han sido contratados como escritores creativos expertos para evaluar guiones directamente para los desarrolladores de los modelos de lenguaje. El artículo cita el caso de un guionista de televisión de nivel medio que previamente había trabajado en varias series destacadas de plataformas de streaming que, en la actualidad, ha trabajado para Open AI entrenando a Chat GPT en esta tarea, que implica realizar un análisis técnico y profesional a partir de un texto para valorar su calidad, estructura, personajes y viabilidad comercial. El precio: 150 dólares por hora.
Lo trabajadores, en la práctica, son contratistas independientes, un subterfugio empleado por estas empresas para evitar protecciones laborales, a pesar de imponer condiciones abusivas. Los contratos pueden durar solo 24 horas y el acceso a las plataformas y documentos de trabajo pueden ser revocados de forma instantánea sin explicación ni compensación. También son habituales los acuerdos de confidencialidad (NDA). La paradoja aquí es clara: la dificultad para encontrar empleo “en lo suyo” le está haciendo entrenar a las mismas máquinas que, eventualmente, podrían quitarles su empleo.
En el penúltimo episodio de Hacks (HBO Max) un inversor le ofrece a Deborah Vance (Jane Smart) la posibilidad de conseguir una importante cantidad de dinero a cambio de que le venda los derechos sobre sus obras para entrenar una Inteligencia Artificial. ¿El objetivo? Ofrecer un servicio que le de ideas a cualquier ciudadano de a pie para que sea tan gracioso y ocurrente como ella. Aunque al principio se muestra conforme con la idea, las discusiones con su guionista Ava (Hannah Einbinder) sirven para exponer los riesgos de utilizar su talento para entrenar a una máquina que, a futuro, podría quitarle el trabajo.
Otra serie de HBO Max en la que la IA cumple un papel central es The Comeback. En ella Valerie Cherish, una actriz de sitcoms en horas bajas comienza a trabajar en una serie de televisión y, en paralelo, acepta participar en un reality documentando todo el proceso. El problema es que el guion de la serie está escrito por una IA. Valerie se enfrenta así a situaciones absurdas provocadas por una IA que alucina y la necesidad de mantenerlo en secreto para no convertirse en una proscrita en Hollywood.
El miedo al reemplazo de Hacks o la pobreza de los resultados de la IA de The Comeback no son los únicos presentes en las series de televisión recientes. The Pitt en su última temporada ha abordado los riesgos de la dependencia tecnológico, con sus protagonistas debatiendo abiertamente sobre la fiabilidad de la IA en los diagnósticos. Scarpetta, por su parte, incluye un arco argumental sobre la ética de "resucitar" a los muertos. Los personajes se cuestionan si hablar con el avatar de una esposa fallecida es sano para el proceso de duelo, o si a la difunta le parecería bien usar su identidad de esta manera.
Paradójicamente, mientras los guionistas cuestionan la IA en sus tramas, la tecnología también se está infiltrando de manera corporativa. Series como High Potential o Anatomía de Grey han incluido recientemente menciones a la Copilot como parte de acuerdos de product placement con Microsoft.
La ficción televisiva se está convirtiendo en el espacio donde los creadores procesan en voz alta aquello que el sector prefiere silenciar: el miedo a ser reemplazados por las mismas herramientas que, en muchos casos, se ven obligados a alimentar para sobrevivir. La pregunta que cabe plantearse es si queda alguien al otro lado de la pantalla capaz de reconocer lo que está a punto de perderse por culpa de tanta innovación.
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