





























En plena ofensiva regulatoria de Europa para frenar los abusos digitales -con nuevas exigencias a las grandes plataformas y un refuerzo del control sobre algoritmos, verificación de edad e identidad digital- el debate sobre hasta dónde debe llegar el Estado frente al poder tecnológico vuelve al centro de la conversación. Business Insider España habla con Borja Adsuara, experto en derecho digital y gran conocedor del entorno tecnológico, quien pronostica que la clave no está solo en aprobar más normas, sino en su correcta aplicación y, sobre todo, en la educación ciudadana para convivir con la tecnología.
¿Hasta qué punto considera que las grandes plataformas tecnológicas están desafiando el Estado de derecho?
Existe un pulso entre el Estado de derecho, que nos ha costado más de 25 siglos construir, y las multinacionales tecnológicas, que en ocasiones actúan como si estuvieran por encima de las leyes democráticas imponiendo normas que no han salido de ningún parlamento y tomando decisiones a través de directivos que no han sido elegidos por ningún pueblo. Son lo que algunos han llamado los nuevos señores feudales digitales, porque pueden llegar a decidir incluso sobre el derecho a la vida digital: basta con que te cancelen una cuenta de correo para quedar prácticamente “muerto” en el entorno digital. La Comisión Europea debería, porque de ella es la competencia más que en los gobiernos nacionales, auditar los algoritmos.
Y, el más peligroso es algoritmo de recomendación, porque ahí está la clave. Es el que permite a Elon Musk apoyar a Donald Trump en una campaña electoral no necesariamente borrando contenido de sus adversarios, sino reordenando y priorizando determinados mensajes y relegando los críticos. Las redes sociales nacieron como plataformas neutrales, pero cuando deja de basarse en tus intereses reales, ya no hablamos de recomendación, sino de manipulación.
El Gobierno español ha planteado medidas contra la pornografía infantil generada con inteligencia artificial. ¿Cómo valora este enfoque?
En muchas propuestas políticas siempre aparece la apelación a los menores. Yo lo llamo el efecto Lovejoy, en referencia al personaje de Los Simpson que decía: “¿Es que nadie va a pensar en los niños?”. Siempre que se quiere introducir una medida, se invoca la protección de los niños, porque en eso estamos todos de acuerdo.
El problema es que no hacemos una reflexión sobre la naturaleza humana. Si hay tanta polarización en redes sociales, no es solo porque las plataformas sean malas, sino porque aprovechan cómo somos. Cuando creemos un bulo y no lo contrastamos, muchas veces es porque encaja con nuestro sesgo ideológico y nos resulta cómodo compartirlo. La aparición de las deepfakes y de la inteligencia artificial debería llevarnos a ser todavía más escépticos, porque ya no podemos creer ni lo que vemos. Pero la reflexión que debemos hacer con ocasión de la tecnología es sobre nosotros mismos.
La reflexión que debemos hacer con ocasión de la tecnología es sobre nosotros mismos.
Además, hay que tener cuidado con determinadas soluciones. En Gran Bretaña, donde han sido muy estrictos, se impuso la obligación de identificarse con nombre y apellidos para poder acceder a portales pornográficos y demostrar que se era mayor de edad. Eso es una barbaridad, porque al día siguiente pueden hackear esos datos y aparecer publicados en un tabloide como el Sunday Mirror.
Pero, el acceso de los menores sigue siendo un problema real...
En España, desde 2007, está prohibido que los menores accedan a redes sociales hasta los 14 años. Esta regulación viene de la Ley Orgánica de Protección de Datos de 1999 y su reglamento de desarrollo de 2007. Es decir, el problema de la verificación de edad existe desde hace tiempo y la prohibición por sí sola no lo ha resuelto.
El problema de la verificación de edad existe desde hace tiempo y la prohibición por sí sola no lo ha resuelto.
No basta con prohibir algo en la ley. El Código Penal prohíbe el asesinato y, sin embargo, se siguen produciendo. Lo importante es cómo se implementa la norma y cómo se protege a los menores, sabiendo que algunos podrán burlarla usando una VPN.
Lo que sí es cierto, es que la ley envía un mensaje claro sobre lo que es correcto y lo que no. Es decir, con el proyecto de Ley de Protección de los Menores en Entornos Digitales, que propone elevar la edad mínima de acceso de 14 a 16 años no se conseguirá que no haya menores de 16 años en redes sociales, pero sí da respaldo a los padres para hablar con sus hijos sobre el uso responsable y refuerza su autoridad. No será una norma familiar, sino también una norma legal.
Entonces, ¿está en desacuerdo con algunas voces que plantean prohibiciones totales del acceso a pantallas hasta cierta edad?
Yo apuesto por la educación en el buen uso de la tecnología. Igual que educamos a los niños a usar la bicicleta desde pequeños. Primero con ruedines y luego sin ellos, acompañándolos por si se caen, hasta que ya pueden ir solos.
Cuando oigo que hay que impedir todo contacto con pantallas hasta los 16 o los 18 años, me pregunto si queremos niños burbuja. Primero lo harán a nuestras espaldas. Y segundo, si realmente no tuvieran ningún contacto y pasaran de cero a cien, se darían una hartada y empezarían a descubrir de golpe un mundo desconocido.
Leyes, educación... Pero qué hay de esos nuevos señores feudales digitales, ¿veremos algún cambio de comportamiento?
Las sanciones son interesantes. Es verdad que, con los niveles de riqueza acumulados que tienen estas compañías, uno puede preguntarse si realmente les afectan.
Yo trato mucho con todas ellas y diré que han ido incorporando medidas. Es cierto que probablemente pueden hacer más de lo que hacen, pero también es verdad que las multas ya no son simbólicas. Por ejemplo, el Reglamento de Servicios Digitales permite imponer sanciones de hasta el 6% de la facturación global. Eso significa que podemos estar hablando de cientos o incluso miles de millones de euros.
Antes no era así. La Agencia Española de Protección de Datos, por ejemplo, tenía como sanción máxima 600.000 euros. Eso, para compañías como Facebook, TikTok o X, era prácticamente irrelevante. Ahora, en cambio, ya estamos viendo multas de cientos de millones y creo que irán aumentando.
Actualmente hay varios expedientes abiertos a X, a Meta y a otras plataformas por cuestiones relacionadas con la manipulación de algoritmos de recomendación, especialmente en casos de mensajes de odio y desinformación. También se ha abierto un expediente reciente para analizar si X estaba haciendo todo lo posible para evitar la difusión de determinadas imágenes.
¿Cree entonces que las sanciones darán resultado?
Como todo en la vida, entre el todo y la nada, darán algunos resultados. Ya ha ocurrido en materia de protección de datos, que es el referente.
Cuando se aprobó el Reglamento General de Protección de Datos fue precisamente porque, hasta ese momento, las multinacionales trataban tus datos personales y, si querías reclamar, prácticamente te decían que fueras a poner un pleito a Palo Alto. El reglamento cambió esa situación. Estableció que, si quieren prestar servicios en Europa, deben tener aquí una delegación, acatar las leyes europeas y cumplirlas. Y si las incumplen, deben asumir las sanciones impuestas por las autoridades europeas.
Recordemos que incluso Zuckerberg fue a reunirse con la Comisión Europea. Llegó a amenazar con irse del mercado europeo, pero aquí sigue. Nadie va a renunciar al mercado europeo.
Después de todo lo que hemos hablado, ¿estamos despertando ahora o simplemente empezamos a ser conscientes del momento histórico que vivimos?
Mi reflexión final es que estamos viviendo un momento realmente excepcional en la historia de la humanidad. Ha habido muchas revoluciones a lo largo del tiempo. Nuestra generación ha sido testigo de la revolución de Internet. Y lo que estamos viviendo ahora es aún mayor. El problema es que solemos centrarnos en lo que va mal o en lo que podría salir mal. Hay mucha gente interesada en un discurso catastrofista: el fin del mundo, la extinción… Yo, en cambio, me obsesiono con buscar las buenas noticias, y cada día hay muchas, aunque pasen desapercibidas. Ciencia, longevidad.. yo veo una oportunidad histórica. Estamos ante un momento de enorme transformación, pero también de posibilidades extraordinarias.
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