

























Es verdaderamente difícil que una propuesta sorprenda a estas alturas. El emprendimiento tecnológico suele basarse en Europa en copiar y adaptar algo previamente probado en Estados Unidos, la cuna occidental de la startup. Otro molde homogeneizante es la inteligencia artificial, tanto a nivel de usuario (escritos iguales, documentos iguales, consultas iguales, burofaxes iguales) como a nivel de propuesta: abundan los softwares especializados que beben de esos LLM forjados por la big tech y ofertan un uso específico, mucho más de nicho. Junyo, la compañía liderada por el vasco Gorka Muñecas, rompe sin embargo el molde.
Muñecas se ha batido el cobre a lo largo de su carrera profesional en diferentes plazas. Trabajó en San Diego y Mountain View, articuló Native.ad desde Nueva York y Miami, y siempre ha mantenido firme el lazo con Bilbao. Ese cúmulo de experiencias, con varias startups a cuestas, éxitos y fracasos, y una larga agenda de contactos y conocimiento, constituye el corazón de Junyo, plataforma que identifica a perfiles muy potentes de ingeniería, producto, ventas, diseño o marketing, les propone cofundar junto a compañeros de viaje complementarios una empresa digital y les permite compatibilizar la aventura con sus puestos de trabajo (generalmente muy bien remunerados) gracias a la inestimable ayuda de los agentes autónomos.
"Emprender en tecnología es una actividad que conlleva mucho riesgo. Los mejores operadores para este tipo de compañías tienen salarios elevados y no quieren inestabilidad, pero con la IA comienza a vislumbrarse un fenómeno que va en la dirección contraria: lo arriesgado ahora es no emprender, puesto que los agentes que son capaces de ocuparse ahora del 70% de sus tareas quizás algún día no muy lejano se ocupen del 100%. Por eso hay que tener un plan B. La buena noticia es que donde antes era necesario un equipo de 50 personas para facturar un millón, esa cifra puede alcanzarse hoy con cuatro fundadores fuertemente apalancados en la IA", argumenta el director general de Junyo en conversación con Business Insider España.
Junyo se ocupa de unir a esas personas "que de ningún otro modo hubiesen emprendido", les plantea una idea de negocio y aporta toda una capa de automatización para eliminar de la ecuación las labores más grises del día a día. Cuando alcanzan los 100.000 euros de facturación, las startups adoptan la forma jurídico-empresarial que corresponda. Puntualmente pueden aportarse inyecciones de capital, pero "se construyen proyectos que no aspiran a valer 1.000 millones, sino a hacer dinero en tres o cuatro meses". A cambio de su esfuerzo, Junyo se queda un 30% del equity de la sociedad en cuestión y los fundadores el otro 70%. A su vez, de este último porcentaje se extrae un 10% que va a parar a una suerte de fondo común que actúa como aliciente para que el emprendedor piense más allá de su empresa y preste sus conocimientos a otros alfiles del porfolio: si uno gana, ganan todos.
Aspira Muñecas a promover 50 startups en los próximos cuatro años. De momento, con los motores recién encendidos, tres son las iniciativas en marcha: Kinda, Xabik y Klipik. La primera ayuda a las empresas-clientes a medir, estructurar y validar su impacto social, una exigencia regulatoria de Bruselas, y además convierte cada acción en contenidos para redes sociales sustentados en la narrativa de "hacer el bien".
La segunda descubre los lugares óptimos para ubicar centros de datos (Extremadura tiene sol, Aragón viento y las que no disponen de una cosa ni de la otra deberán recurrir a centrales nucleares modulares) y contribuye a superar el entramado fiscal y normativo. La tercera funciona como un editor de contenidos audiovisuales para todo tipo de eventos, desde una boda hasta un congreso, que deja en manos de la IA aspectos como la adaptación de las imágenes y vídeos al formato de cada red social. “Somos agnósticos en cuanto a verticales, pero ha de tratarse de negocios digitales, ya que exigen menos inversión y el capex es prácticamente cero”, matiza Muñecas.
"No buscamos el exit, sino negocios que de verdad van a facturar -continúa-. Este planteamiento es muy diferente al de los fondos de inversión que quieren vender sus participaciones a un fondo más grande [para alcanzar el ansiado múltiplo]. De hecho, vender compañías sin fondos detrás es mucho más fácil".
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