

























Como todo lo que toca este Gobierno, también ha conseguido colapsar la justicia. Los juzgados de primera instancia se han convertido en unos entes abstractos cuyos procedimientos se pueden tramitar no en el juzgado que los lleva, sino en otro. Los jueces y secretarios judiciales se pasean de un juzgado a otro para firmar sus diligencias y resoluciones, porque lo que antes estaba en el juzgado 5, pongamos por caso, ahora esta tramitándose en el 68. Los funcionarios están agobiados, y los profesionales estamos desesperados, tratando de localizar nuestros asuntos en una maraña ingente, más grande cuanto más grande es el partido judicial.
Se está jugando con el derecho de la ciudadanía a tener una justicia eficaz, y con el de los abogados y procuradores a trabajar, sumiéndonos en un caos que nos hace el trabajo imposible e insoportable, lo mismo que a jueces, fiscales y magistrados, si bien, y a diferencia de estos, los abogados y procuradores no tenemos un sueldo fijo, con lo cual este caos atenta también a nuestra supervivencia.
Invito al Sr. Bolaños a que se pasee, por ejemplo, por los juzgados de primera instancia de Madrid y compruebe en persona el desastre que ha organizado, con todas las mesas de los funcionarios llenas de carteles que anuncian los asuntos que llevan, y que pueden estar en un juzgado (perdón, en una 'plaza' diferente).
Animo a todos los profesionales a que eleven sus protestas a sus respectivos colegios, en defensa de los justiciables, de los que imparten justicia y de todos los profesionales que trabajamos en algo tan esencial como es la justicia, y de la que se nos quiere privar.
María Luisa Hernáez Cobeño. Madrid
A propósito del juicio del caso Koldo-Ábalos se ha venido proyectando una imagen mesiánica, casi salvífica, del comisionista Aldama como redentor dispuesto a «desfazer los entuertos» de este cada vez más corrompido Gobierno. Sin embargo, es importante recordar que la colaboración de Aldama con la justicia no responde a ese interés patrio ni al deseo de hacer de España un país libre de corrupción, sino al legítimo fin, con arreglo al Estado de derecho, de obtener beneficios penales.
Es difícil plantear un futurible, pero si el caso no hubiese estallado, es bastante probable que hoy Aldama, el converso a salvador de España, hubiera seguido siendo el número cuatro de esa organización criminal de la que, según sus palabras en sede judicial, formaba parte para trajinar con negocios millonarios, como hizo durante la pandemia mientras sus compatriotas morían, pagar prostitutas al ministro de turno a cambio de prebendas o situar a la narcodictadura venezolana como interlocutora válida sin arreglo a ningún criterio moral: que el discurso, en fin, no empañe la realidad.
Raúl Calleja Fuentes. Córdoba
Un doctor a quien algunos llaman «de corta y pega», desde el cargo que detenta ha sentado el principio de distribuir la parte de la Península Ibérica conocida desde hace muchísimos siglos como España en una serie de 'países'. No parece muy acertado, pero de todos modos se constata una cierta mejoría si se compara con lo que manifestó hace algunos años, cuando sentenció que España era una nación de naciones. Aunque entre ambos términos hay alguna similitud, el primero tiene un sentido en el que prima el aspecto geográfico, en tanto que el segundo se utiliza con un significado político.
F. Javier Ramos Gascón. Madrid
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