



















Hubo un país y hubo un momento en el que los jóvenes que no sabíamos que hacer nos comprábamos una guitarra, un bajo y una batería y poníamos al guapo a cantar. Porque hubo un país y hubo un momento en el que con el ... desamor hacíamos canciones, con las alegrías hacíamos canciones y, cuando no había ni de lo uno ni de lo otro, nos limitábamos a reír. Y después a hacer canciones. En realidad, no se me ocurre nada más sano que pasar la adolescencia con amigos, en el local de ensayo, canalizando la vida y sus vaivenes a través de la creatividad y de sus bafles, entre aislante de pared, cables pelados y un calor de cárcel hondureña.
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