El ingeniero nacido en Amorebieta (Vizcaya) fallece a los 84 años. Revolucionó las plantas de montaje con proveedores más cercanos. Soñó con montar una fábrica de vehículos en su pueblo con el apoyo de Javier Arzalluz (PNV)

José Ignacio López de Arriortúa posa junto a un arado en el polígono tecnológico de Zamudio (Vizcaya).EL MUNDO
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El ingeniero vasco José Ignacio López de Arriortúa (Amorebieta, 1941) ha fallecido a los 84 años de edad. 'Superlópez' se convirtió en el directivo más importante del mundo del automóvil cuando en la década de los 80 revolucionó el sistema de producción de coches en la fábrica de General Motors (GM) de Figueruela. Formado en la prestigiosa Escuela de Ingenieros de Bilbao, López de Arriortua encandiló a la cúpula directiva de GM que llegó a comprometerse a impulsar una fábrica de coches en Amorebieta. Sintiéndose engañado por el fabricante estadounidense, López de Arriortúa fichó por Volkswagen lo que provocó una persecución judicial contra López de Arriortua que llegó a enfrentar a las grandes compañías del automóvil de Estados Unidos y Alemania.
José Ignacio López de Arriortúa nunca dejó de ser un 'casero'; un vasco pegado a su tierra que aprendió el trabajo duro del caserío familiar con el que desarrolló un increíble talento para la organización industrial. "Soy un aldeano frustrado", llegó a reconocer en Deia en 2014 cuando ya se había recuperado de un durísimo accidente sufrido en 1998 que cambió su vida. Durante las décadas de los 80 y de los 90, José Ignacio López de Arriortúa fue el directivo más codiciado por las multinacionales del sector del automóvil. Un mundo en el que, curiosamente, se resistió a entrar, ya que después de su formación en Bilbao quiso mantenerse lo más cerca de casa. La consultora Idom, la acería Laminaciones de Etxabarri y el fabricante de neumáticos Firestone fueron su trampolín profesional hasta que General Motors se fijó en él y le propuso para ser el director de Organización Industrial de la planta que preparaba en Figueruelas (Zaragoza).
Una de las anécdotas que rodean el aura de 'Superlópez' le sitúa en la fábrica aragonesa con los nueve modelos icónicos de los años 80 completamente desmontados para examinar sus materiales. El ingeniero vasco colocó en un pabellón un R-5, un Ford Fiesta, un Citröen, un Fiat, un Toyota, un Volkswagen y dos Corsas para que fueran examinados por sus empleados a los que pidió sugerencias para mejorar la producción de los 'corsas'. En una semana, Arriortúa recopiló hasta 25.000 propuestas de sus empleados de la fábrica española de GM.
El éxito del ingeniero vasco se sustanció en un aumento notable de los ritmos de producción, pero, sobre todo, en un ahorro de costes al mejorar la fiabilidad de las cadenas de logística y aumentar la cercanía organizativa y física con los proveedores. GM promocionó a López de Arriortúa que le nombró responsable mundial de compras. El ingeniero vasco utilizó su poder dentro del fabricante norteamericano para traer a su pueblo de Amorebieta una fábrica de montaje de vehículos. El presunto compromiso de los directivos norteamericanos se fue diluyendo en el arranque de los años 90. López de Arriortúa ya se había comprometido con Javier Arzalluz (PNV) y con el entonces diputado general de Vizcaya José Alberto Pradera para hacer realidad esa planta automovilística, pero a finales de 1991 ya fue consciente de que GM no daría el paso definitivo para instalarse en unos terrenos que ya habían sido adquiridos por las instituciones vascas.
El ingeniero industrial decidió entonces romper con GM para aceptar la oferta de Ferdinand Piëch con el objetivo de relanzar el grupo Audi-Volkswagen. Una marcha que la dirección de GM intentó convertir en un 'vía crucis' judicial contra Arriortúa y que enfrentó a los fabricantes de automóviles más importantes de Estados Unidos y de Alemania. López de Arriortúa mantuvo su compromiso para impulsar la planta, pero sin el respaldo de VW se fue diluyendo el proyecto en Vizcaya mientras crecían plantas de proveedores del sector del automóvil.
La vida del ingeniero vasco cambió radicalmente el 9 de enero de 1998 al sufrir un accidente de automóvil en la A-1 en Cogollos (Burgos). Ya había abandonado la multinacional alemana y estaba al frente de una consultora creada por él cuando el vehículo en el que viajaba impactó contra un camión francés. Arriortúa perdió durante mes y medio la memoria y estuvo tres meses hospitalizado. Tras el accidente, se retiró a la localidad vizcaína de Busturia. López de Arriortúa estaba casado y tenía tres hijas.






















