





























Eran reticentes en la sede de la calle Bambú a dar verosimilitud a la curva ascendente que venían pronosticándoles los sondeos desde hace unos meses. Por eso Santiago Abascal se volcó en la campaña extremeña, porque era la prueba de fuego para evaluar si la tendencia era solo fruto de lo abstracto o tenía una traslación real. Hubo algo de nervios de último minuto, y el líder de Vox pecó de cauteloso y prefirió seguir la noche electoral en un segundo plano, desde Madrid y sin convocar a la prensa. Pero el veredicto final de las urnas es un espaldarazo al partido y, sobre todo, a la estrategia diseñada en la sala de máquinas de Vox tras su salida de los gobiernos autonómicos, que abrió un nuevo tiempo entre los de Abascal. El 16,9% del voto que reunió ayer el partido de la derecha más dura en Extremadura y los 11 escaños que ocupará en la Asamblea solo tienen un pero: María Guardiola es ahora, sobre el papel, menos dependiente de Vox. Pero los de Abascal tienen en su mano el devenir de la comunidad, y lo aprovecharán.
El partido más a la derecha fue ayer el que más creció en las urnas extremeñas: si en 2019 se quedó fuera de la Asamblea con el 4,7% del voto y en 2023, con el 8,1%, irrumpió con cinco parlamentarios, este 21 de diciembre ha más que duplicado su resultado, tanto en porcentaje de papeletas como en escaños. El 16,9% del voto que reunió ayer Vox representa su tercer mejor resultado histórico en unas elecciones autonómicas, solo superado por el 17,6% que aglutinó en los comicios castellanoleoneses de 2022 y el 17,7% que marcó en Murcia en 2023.
Numéricamente, pues, en la sede de la calle Bambú calificaron los resultados de "excelentes". Las elecciones extremeñas eran el primer examen tras su salida de los gobiernos autonómicos que compartían con el PP, decisión que supuso un viraje en su estrategia -al apostar por ejercer su influencia desde fuera de los ejecutivos y evitar el desgaste- y que ayer se vio respaldada por la ciudadanía. Ahora, la ecuación en que las urnas dejan a las dos derechas en Extremadura permite que Vox mantenga ese planteamiento, con la única salvedad de que si antes Guardiola necesitaba el sí de los de Abascal para cualquier iniciativa que quisiera aprobar -incluidas investidura y presupuestos-, hoy le basta con la abstención. Vox pierde fuerza de negociación allí, pese a tener más escaños.
Pero Abascal avanzó que esto no cambiará su postura: "Vamos a exigir respeto a los votantes de Vox. Los votos de Vox deben contar", advirtió desde Madrid pasada la medianoche, y aseguró a sus electores que "no van a ser invisibilizados". "Vamos a defender cada uno de los votos con uñas y dientes, como ya dijimos. Y vamos a defender mañana exactamente lo mismo que defendíamos ayer", sostuvo también su candidato, Óscar Fernández, descartando así una abstención de su partido a cambio de nada.
Así, al partido de Abascal no parece haberle pasado factura la polémica que le ha sobrevolado durante toda la campaña: su ruptura con Revuelta, la marca juvenil a la que era afín y sobre la que ahora recaen sospechas de irregularidades contables. Y, por contra, el protagonismo asumido por el líder de la formación en la campaña extremeña le ha catapultado a lo largo de toda la geografía autonómica, llevando a tierra su tendencia alcista nacional en una comunidad que, a priori, no era de las más favorables para Vox.
En la ciudad extremeña más poblada, Badajoz, los de Abascal reunieron ayer el 20,8% del voto, convirtiéndose en la segunda fuerza, por delante del PSOE. En los siguientes municipios con más habitantes, Vox quedó en tercera posición, aunque con un resultado mejor que en 2023: en Cáceres, con el 14,8%; en Mérida, con el 17,9%; y en Plasencia, con el 17,2%. Y, en las zonas más rurales, la ruta que Abascal realizó durante la campaña también dio fruto: su partido se alzó vencedor en cinco municipios de la provincia de Cáceres, y en uno más, Talayuela, empató en el primer puesto con los populares.
Por circunscripciones, Vox superó la barrera del 17% en Badajoz, con el 17,2% y obteniendo seis parlamentarios -en 2023 fueron tres-. En Cáceres reunió el 16,4% de los apoyos y sumó otros cinco escaños -eran dos en la anterior legislatura-. Más de 89.000 extremeños votaron ayer a Vox, casi 40.000 más que en los comicios anteriores. El PP, por contra, pese a que creció en escaños y porcentaje de voto, aglutinó ayer menos papeletas que en 2023 -la participación fue menor-, dato que quiso recalcar Abascal. El veredicto de las urnas aleja que Vox exija entrar de nuevo en el gobierno -no era su prioridad-, pero mantiene la dependencia del PP en él. Abascal, reforzado, tiene así la libertad para jugar sus cartas a su favor en Extremadura, y lo hará con la vista puesta en las siguientes citas electorales.
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