

























La naturaleza salvaje de Noruega rematada a golpe de fiordos, cataratas, cabras, vacas y riachuelos que se colaba por los ventanales de la biblioteca, al lado de la chimenea si apretaba el frío, le recordaba a Karen Blixen, autora de Memorias de África, sus tiempos en Kenia, cuando capitaneaba una hacienda cafetera mientras viajaba en avioneta con el cazador Denys Finch Hatton. O Robert Redford en la famosa versión cinematográfica de la novela. Dicen que aquí, en el histórico hotel Union Øye, levantado en 1891 en el extremo de uno de sus fiordos más poderosos, el de Geiranger, Patrimonio de la Unesco, al suroeste del país, la escritora danesa fue feliz paseando entre montañas, pergeñando libros y degustando el porridge con leche recién ordeñada que cada mañana preparaba la matriarca de la familia dueña de la propiedad.
Hoy, sigue preparándose con la misma receta en The Conservatory, el restaurante acristalado mirando al jardín decimonónico, como todo en este alojamiento, entre los más icónicos y antiguos de Noruega y el primero de los tres del país con el sello de Relais & Châteaux, la exclusiva red de 480 hoteles y restaurantes independientes únicos repartidos por 65 destinos de todo el mundo.

Fachada del emblemático hotel Union Øye.
Para llegar a éste, tan recóndito, tan especial, se suele viajar desde la ciudad de Alesund, en pleno Mar de Noruega, donde se encuentra el aeropuerto más cercano, a un par de horas en coche a través de bellísimas carreteras panorámicas y un poco más en barco. Otra nada desdeñable opción es divisar el panorama en helicóptero, que aterriza en un pasto junto enfrente del Union Øye, finalizando así un trayecto increíble sobrevolando archipiélagos, bosques, ríos, lagunas, pueblitos de fachadas de colores y monumentales fiordos como el de Hjørundfjord, uno de los más bellos de Noruega. Y tiene más de 1.700...
No en vano, es el país con el mayor número del planeta, seguido de Chile y Nueva Zelanda. También lidera el ránking europeo con más costa (25.148 km), sólo superado por Dinamarca si incluye Groenlandia, pero ésta se localiza en América del Norte. Y más de lo mismo si hablamos de islas, al sumar 239.057, por detrás únicamente de Suecia, con 265.570.

Panorámica desde las montañas de los Alpes de Sunnmøre.
Un paisaje irrepetible que formó parte del camino que recorrió el hotel en 1891, cuando fue traído, pieza a pieza, desde Francia por capricho del empresario local Adolf Schieldrop, que se enamoró de unos palacetes de madera prefabricados al estilo escandinavo que vio en la Exposición Universal de París en 1889. De inmediato pensó en trasladarlos hasta aquí, a los Alpes de Sunnmøre, y convertirlos en uno de los alojamientos más singulares del país al ubicarse en un paraje apenas explorado hasta entonces.
Los había ideado un paisano suyo que vivía en Niza, Christian Thams, quien había sufrido el terremoto que destrozó parte de Italia y la Riviera Francesa dos años antes, matando a 600 personas. "Pensó que si los edificios se hubieran diseñado con la solidez de los entramados de madera del norte no hubiera habido tantos fallecidos", recuerda Mariann Øye, miembro de una saga vinculada al alojamiento desde sus inicios y actual directora general de este enclave con una llave Michelin, la mayor distinción hotelera concedida por la prestigiosa guía.

Recepción del establecimiento, abierto en 1891.
"De pequeña me creía una princesa en un castillo", rememora ataviada con la vestimenta rural típica de principios del siglo XX, igual que el resto de empleados. "En el fondo, seguimos siendo una familia de granjeros...", comenta riendo mientras recorre las instalaciones entre muebles de estilo Luis XIV, armaduras, antigüedades, fotos en blanco y negro, valiosísimas lámparas de araña, candelabros centenarios, tapices tejidos a mano, crujientes suelos de madera, chimeneas de leña, camas con dosel, bañeras isabelinas de pie...
Y todo, entre las cimas de hasta 1.700 metros de este valle de Norangsdalen, venerado por los alpinistas más destacados. Como el inglés William Cecil Slingsby, impulsor del deporte de montaña en Noruega, quien dijo que el "paisaje alpino más salvaje" que había visto en su vida no estaba en los Alpes, sino aquí, en Sunnmøre.

Paseo en kayak por un lago de aguas turquesas.
Él popularizó la zona a la usanza de los viajes románticos del Gran Tour europeo del siglo XIX, atrayendo las miradas de aquellos deseosos de experimentar la naturaleza más pura, ya fuese en busca de aventura, relax o inspiración. De Karen Blixen al kaiser Guillermo II de Alemania, cuyo retrato preside The Historic Dining Room, pasando por Edvar Grieg, el mayor compositor de música folclórica noruega, el premio Nobel Bjørnstjerne Bjørnsonn, que recitaba poemas en el Salón del Piano donde hoy suena Beethoven o Chopin, Henrik Ibsen, el célebre autor de Casa de Muñecas, o Arthur Conan Doyle, quien concibió muchas de las tramas de Sherlock Holmes y al que le encantaba que nunca faltara vino pese a que fuera hubiera hambrunas o guerras. Hasta los anteriores reyes de Noruega, Harald y Sonia, celebraron su 25 aniversario de boda en este original Relais & Châteaux.
Cada uno de estos famosos tiene una habitación (hay 38) con su nombre, igual que Linda, la ama de llaves que se suicidó, vestida de novia, arrojándose desde los fiordos al enterarse de la muerte de su amado, Philip von Moltke, un oficial alemán con el que mantenía una relación clandestina al estar él casado. Dicen que su fantasma pulula en la Blue Room (la número 7), con paredes en tono zafiro intenso y donde la pareja mantenía sus encuentros durante las estancias del militar, íntimo de Guillermo II, en la zona. "A quienes se alojan en ella se les ofrece una bandeja de plata con unas cabezas de ajo por si quieren ahuyentar así al espíritu, aunque no siempre lo logran...", señala Celine, la joven que cada noche, a las 22.15, narra la historia del idilio y del hotel en el Salón del Piano.

Uno de los platos locales servidos en el restaurante The Conservatory.
Allí, tras el menú degustación con productos de proveedores locales y de la propia granja del establecimiento, los huéspedes se relajan con un cóctel de autor en la mano escuchando anécdotas y observando algunas de las pertenencias de la elite que ha dormido aquí, como las botas de Karen Blixen o la capa de Conan Doyle.
Al día siguiente toca explorar el valle de Norangsdalen que nos rodea, uno de los más espectaculares del Viejo Continente y el transitable más estrecho del país, ya que en algunos tramos no se superan los 200 metros entre ladera y ladera. Si estamos en invierno, el esquí (se inventó aquí, en Noruega, con unas simples tablas de madera usadas por los lugareños para desplazarse) o un tour con raquetas son las actividades preferidas.

Ruta en bici eléctrica por el valle de Norangsdalen.
Si es verano y el eterno sol de medianoche inunda las 24 horas del día (o casi), como ahora, las opciones se multiplican a lo largo del valle, cuajado de descomunales acantilados de granito cubiertos de una manta esmeralda de vegetación, cascadas de récord guinness como la de Mardalsfossen, de 655 metros de altura y una caída libre de 297, miradores de vértigo (la foto en el de Flydalsjuvet colapsa las redes), caseríos, bosques y fotogénicos lagos de aguas turquesas.
Sin olvida montañas como las de Slogen (a 1.564 metros), llamada la reina de los Alpes de Sunnmøre; su hermana pequeña, Mudekollen, con la mejor vista al fiordo de Norangfjord; o Grøtdalstindane, con tres picos imponentes. En este entorno se puede hacer de todo: escalada, rafting, kayak, pesca deportiva, senderismo, barranquismo, avistamiento de aves, travesías en transbordador entre fiordos...

Casas tradicionales de pastores en las montañas.
"Cualquier aventura al aire libre es una realidad en Norangsdalen, incluso conducir, ya que lo atraviesa una de las carreteras panorámicas en zigzag más bonitas de Europa, la 655, de 55 kilómetros de longitud y construida entre 1893 y 1896", explica Oscar Almgren, guía de la empresa turística Uteguiden, durante un recorrido en bici eléctrica por ella, con paradas para zambullirse en el agua, contemplar cascadas y adentrarse en las casas tradicionales de piedra de los pastores que antaño vigilaban al ganado por la noche y lo ordeñaban bien temprano para vender la leche en los pueblos de alrededor y elaborar queso. Ojo, que en Noruega también se inventó el cortador de este delicatessen en 1925.
La ruta continúa en la granja sumergida de Lygnstøylvatnet, que quedó sepultada bajo el lago homónimo tras un desprendimiento en 1908. Tampoco puede faltar la visita a la Gran Roca de Gange-Rolf, "en honor al rey vikingo que se convirtió en duque de Normandía", recuerda Almgren. "La apariencia del llamado Rollo, el errante sorprendía para la época (nació en el 870), ya que medía más de dos metros y pesaba 140 kilos", añade. Para finalizar, sesión de sauna nórdica con chapuzón incluido en estas gélidas aguas, a -3 ó 4º incluso en verano, una experiencia sólo apta para valientes.

Chapuzón tras una sesión de sauna.
CÓMO LLEGAR
Vuelo a Alesund y, desde allí, trayecto por carretera, barco o helicóptero hasta el valle de Norangsdalen.
DÓNDE DORMIR
Union Øye (unionoye.no). Histórico hotel de lujo abierto en 1891 en plena naturaleza de los Alpes de Sunnmøre por el que han pasado aristócratas, escritores y deportistas.
MÁS INFORMACIÓN
En la web de Relais & Châteaux (relaischateaux.com), la exclusiva colección a la que pertenece el hotel, con alojamientos y restaurantes independientes únicos en 65 destinos del mundo.

Una de las suites del histórico alojamiento.
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