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En las afueras de Pravia, una localidad asturiana de apenas 7.000 habitantes, duerme una ballena de ladrillo y hormigón que lleva más de un siglo engullendo dinero público. La vieja Azucarera nació en 1901 al calor de la fiebre industrial con la que España intentó reinventarse tras la guerra de Cuba, pero el sueño apenas resistió dos campañas antes de desmoronarse. Devorada hoy por la maleza y atrapada tras verjas oxidadas, ha terminado por convertirse en un pozo sin fondo donde cada gobierno ha ido arrojando millones, informes técnicos y nuevas promesas de resurrección mientras la ruina ha conseguido sobrevivir a todos sus salvadores.
125 años después, el edificio continúa ahí, enorme y vacío, descomponiéndose lentamente y convertido ya en una especie de leyenda local para generaciones de pravianos acostumbrados a ver cómo cada cierto tiempo reaparece un nuevo gran proyecto que termina hundiéndose entre retrasos. "Ha dado tantas vueltas que ya nadie sabe muy bien en qué punto está todo esto. Más que enfado, lo que hay en el pueblo es desconcierto", resume Myriam, vecina.
No es para menos. Basta con bucear en la hemeroteca para comprobar cómo las mismas palabras llevan años orbitando alrededor de la fábrica: "rehabilitación", "nueva vida", "proyecto estratégico". Titulares distintos acompañados por la misma fotografía de la vieja mole pudriéndose tras las vallas.
El primer gran responsable de ese laberinto administrativo fue el entonces alcalde socialista Antonio de Luis Solar, que en 2006 presentó junto al Principado un ambicioso convenio para transformar la vieja fábrica en un Centro de Servicios Comunitarios financiado con más de 4,2 millones de euros públicos. Cifra que aumentaría un año después con otros 800.000 adicionales.
Sobre el papel, allí debía caber media Pravia. Un Museo del Salmón, oficinas administrativas del Principado, un centro juvenil, la Casa de Encuentro de la Mujer, los nuevos juzgados, la sede de la mancomunidad... y hasta una cafetería-restaurante. ¿El resultado de todo aquello tantos años después? Probablemente ya lo haya visto unas líneas más arriba: la misma fotografía de la vieja Azucarera abandonada junto a un cartel de obras prometiendo, una vez más, un nuevo futuro.
Por si fuera poco, los requerimientos y las condenas llegaron antes que cualquier inauguración. En 2012, la Consejería de Hacienda del Principado reclamó el reintegro de parte de las ayudas concedidas al no haberse completado las obras dentro del plazo previsto.
Y el mismo alcalde que había convertido la Azucarera en su gran proyecto político terminaría condenado por prevaricación en 2017, cuando la Audiencia Provincial de Asturias confirmó su inhabilitación en el conocido como caso de los parquímetros, relacionado con la adjudicación del servicio de estacionamiento de Pravia.
La caída del regidor acabó mezclándose con el deterioro del edificio, alrededor del cual circularon acusaciones sobre un posible desvío de fondos para fines personales que nunca llegaron a demostrarse judicialmente. El exalcalde respondió entonces denunciando una campaña de "acoso y derribo" de parte de la oposición, que, según decía, "buscan todo lo que pueden para quitarme de en medio".
Pero ni siquiera aquello sirvió para detener la sangría.
Tras verse obligado a devolver parte de las ayudas por no completar las obras y después de años marcados por dudas sobre el destino del dinero invertido, el gobierno socialista de Pravia sigue empeñado en rescatar la vieja mole a golpe de millones. La última gran operación llegó el año pasado, cuando el actual alcalde, David Álvarez, dejó encarrilado el proyecto para instalar en la Azucarera los futuros juzgados de Pravia junto a un espacio de coworking recibido con desconfianza vecinal.
Solo la rehabilitación prevista para la sede judicial ronda ya los 3,9 millones de euros, a los que se suman otros 225.000 para la futura zona de oficinas. Y aun así, los futuros juzgados y el vivero de empresas apenas ocuparán algo más de 2.000 metros cuadrados dentro de una parcela de más de 17.000 que seguirá manteniendo amplias zonas degradadas y sin ningún uso.

Exterior de la Azucarera de PraviaJorge Peteiro
Mientras tanto, sí hubo dinero para destinar más de 140.000 euros a urbanizar y adecentar el entorno exterior de la Azucarera, limpiar matorrales y levantar jardines. Lo que nadie pareció prever fue una partida para mantenerlos y, hoy, la vegetación ha vuelto a devorarlo casi todo, hasta el punto de que apenas queda rastro visible de aquella intervención.
"Es ridículo. Llevamos años gastando millones para rehabilitar solo pequeñas partes del edificio mientras el resto sigue cayéndose alrededor. Al final todo esto se ha convertido en un parche detrás de otro sobre una mole imposible de mantener", denuncia el portavoz del PP, Alberto Morán.
Entre subvenciones, rehabilitaciones, nuevos proyectos, urbanizaciones exteriores y planes sucesivos, a la Azucarera ya se le han destinado más de nueve millones de euros en un municipio de apenas 7.000 habitantes. Una cifra descomunal para un edificio que, más de un siglo después de su inauguración, solo ha traído desconcierto.
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