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La pérdida de poder adquisitivo de los españoles está cambiando su forma de veranear: renuncian a perderse sus vacaciones, pero recortan su gasto en alojamiento y hostelería. Ya en el verano de 2025 se pudo observar este fenómeno. El desembolso total de los turistas internos se estancó en los 16.298 millones de euros, un 0,1% menos que el verano anterior, según el Instituto Nacional de Estadística (Ine): "La gran mayoría de los españoles priorizan las vacaciones y el descanso, pero recortan todo lo que pueden en las áreas más onerosas, como comer fuera", explica a este periódico Daniel Lacalle, Doctor en Economía y profesor de Economía Global y Finanzas.
El dato contrasta con la buena previsión del sector turístico español que, pese a la incertidumbre geopolítica, crecerá un 2,5% en 2026, según el informe "Perspectivas Turísticas" que publicó la patronal Exceltur en abril. En gran parte, ese crecimiento está apoyado en el buen posicionamiento de España como destino a nivel internacional: "Nuestro cliente nacional tiene un comportamiento más conservador a la hora de de pasar más días o de asignar más gasto medio a su estancia. No notamos una bajada de la demanda, pero sí es cierto que ahora podría tener un mayor peso el turista internacional", anuncia Mayte García, secretaria general de la Asociación Empresarial Hotelera y Turística de la Comunidad Valenciana (Hosbec). Alicante es una de las provincias que más turistas nacionales atrae, junto a Cádiz, Málaga, Gerona o Madrid, según el Ine.
Jorge Marichal, presidente de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos, opina que esa adaptación del presupuesto del turista nacional puede darse en relación a la calidad, renunciando a alojamientos o restaurantes más exclusivos, o en relación a la cantidad, buscando estancias más cortas. Aunque mantiene esperanzas de que las expectativas para el verano de 2026 mejoren ligeramente después del acuerdo al que han llegado Donald Trump e Irán para reabrir el estrecho de Ormuz. En cuanto a la subida de precios, Marichal explica a este periódico que muchos convenios colectivos caducan este año, por lo que se han producido nuevos acuerdos con mejoras salariales para los trabajadores del sector. Además, el coste de la energía se ha disparado: ambas cosas repercuten directamente en los precios de los alojamientos.
Por esto, la alegría en el gasto de los españoles cuando viajan por España se evapora. El ritmo de crecimiento de los precios no es alcanzado por la subida de los salarios, y eso provoca que año tras año el turista nacional se vea obligado a adaptar sus gastos: "El consumo nacional está estancado. El problema es la falta de presupuesto. Cuando una familia planea sus viajes, el gasto en hostelería se sitúa en el último eslabón de ese presupuesto, así que es en lo primero que se recorta", explica a este periódico la patronal Hostelería de España.
Además, el precio de los restaurantes y alojamientos ya ha subido un 4,8% respecto a mayo del año pasado, por lo que, viendo esa tendencia, se espera que el comportamiento de gasto de los turistas nacionales sea similar al del verano de 2025.
De hecho, Daniel García, un joven de 26 años, visitará Chipiona y Sanxenxo durante este verano, pero ha descartado por completo alojarse en un hotel por ser "completamente inasequible". En cuanto al gasto en hostelería, expresa que su presupuesto ronda los 200 euros para los nueve días que planea estar fuera: "Ahora, en vez de salir a comer o a cenar todo lo que tenía pensado, seguramente recorte algún día. Me como un bocadillo en el piso, o en la playa, en vez de ir a un restaurante a gastar", expresa en conversación con EL MUNDO. García es asesor hipotecario y trabaja a jornada completa, por lo que goza de una estabilidad financiera suficiente como para permitirse unas vacaciones, pero la subida de precios y la pérdida de poder adquisitivo han mermado su intención de gasto en hoteles y hostelería.

Daniel García en la costa de Altea, AlicanteFOTO CEDIDA
Según Hostelería de España, este fenómeno afecta negativamente a la campaña de verano, ya que aunque la previsión de la facturación del sector es buena, "una vez que descontamos el factor precios y el coste de las materias primas, la rentabilidad de muchas empresas está cayendo".
Pese a ello, se espera una buena campaña de verano. El cierre de Ormuz y las tensiones geopolíticas en los destinos turísticos afectados, como Egipto, han posicionado a España como una buena opción para todos aquellos turistas internacionales que iban a visitar las zonas cercanas a la guerra de Irán y que han decidido abandonar esos lugares por otros más seguros. Además, la desestacionalización de los viajes vacacionales de los españoles también alimenta la tendencia de un menor gasto en alojamientos y hostelería en los meses pico, los de verano, pero le da una mayor estabilidad a ambos sectores durante más meses.
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