



























Juan José (29 años) tiene un título de técnico superior y un empleo estable en Córdoba. Ha tenido "la suerte de nunca estar parado" y, en teoría, es el caso de éxito de su generación. En la práctica, es parte del 85,5% de de la población española de entre 16 y 34 años que aún no ha podido abandonar el hogar familiar. Esta cifra es el balance que hoy hace el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España (CJE) del año 2025, junto a otra también negativa: la edad de emancipación vuelve a retrasarse, ahora hasta los 30,2 años.
"O mejoran los salarios o el precio de la vida baja... mientras estas condiciones sigan siendo las mismas, la situación no va a cambiar", lamenta desde su habitación en Lucena, su localidad. No es que no haya hecho el intento: ha vivido en alquiler, e incluso intentado comprar una propiedad aprovechando un aval de la Junta de Andalucía que cubre el 15% de la entrada. Sin embargo, lo que debía ser un impulso hacia la independencia se convirtió en una "auténtica odisea" burocrática. Su entidad bancaria, incapaz de gestionar el nuevo trámite, alargó diez meses una gestión que solo llevaría uno, entre documentos trapapelados y tasaciones que caducaron. "Perdí dinero, perdí tiempo", recuerda tras verse obligado a desistir y regresar al hogar familiar con la sensación de haber sido expulsado por el sistema.
Algo que comparte con quienes incluso teniendo una trayectoria laboral impecable no pueden salir del hogar familiar. De hecho, apenas el 25,2% de jóvenes con empleo vivían emancipados en 2025, según el CJE, que argumenta que el empleo ya no es garantía de autonomía. En España, con un precio medio de compraventa de vivienda de 223.000 euros y una entrada necesaria de 66.900 euros, un joven como él tendría que ahorrar su salario íntegro durante 4,7 años para adquirir un inmueble.

Juan José (29) en Córdoba desistió de comprarse una viviendaE.M.
"Ahorrar" es la razón por la que Juan Pablo (27 años) resiste en la casa de sus padres en Málaga, a los que ayuda económicamente con ciertos gastos. Pese a tener un empleo estable desde hace cinco años como experto en ciberseguridad, los precios de la vivienda en su ciudad (que tras un alza interanual del 10%, el pasado abril alcanzó los 3.722 euros por metro cuadrado según Idealista, mientras capitales como Madrid o Barcelona llegaron a los 6.000 y 5.200 euros, respectivamente) son inasumibles. Así que Juan Pablo es metódico: todos los meses aparta el 60% de su nómina (en torno a los 1.700 euros), del cual un 40% lo invierte para ganar un dinero extra. No es optimista con que la situación mejore, y confía más en su propio plan, dado que no encuentra apoyos para los jóvenes en las administraciones públicas, como topar los precios de la primera vivienda, liberarles de ciertos impuestos como el ITP o el IVA o bonificar los gastos de notaría y otra burocracia. Y descarta el alquiler, al que no le ve sentido cuando una cuota hipotecaria está cerca de ser incluso más barata, argumenta. Ante la pregunta de si cree posible independizarse con 30 años, la media actual, responde que sí, tras unos años ahorrando "siempre y cuando esté con mi pareja y ella trabaje. En tres años se puede ahorrar bastante, pero vivir solo hoy es complicado". Y descarta que su futuro sea en Málaga: "Con los precios que hay ya no te puedes mudar ni a las afueras".

Juan Pablo (27) no ve posible adquirir una vivienda en Málaga en el corto plazoEL MUNDO
Y es que en 2025 el alquiler se consolidó "como un mecanismo directo de pobreza juvenil". El 29,3% de la población joven ya estaba en riesgo de pobreza o exclusión social, el segundo más vulnerable tras la infancia. Y el riesgo aumenta al 43% con el pago del arrendamiento.
Mientras tanto, "la compra de vivienda no es una alternativa real para la mayoría de la juventud", insiste el CJE. Concluye además que "la capacidad de emanciparse depende cada vez más de los recursos económicos y del apoyo familiar disponible. Permanecer más tiempo en el hogar familiar se convierte en una ventaja material decisiva para afrontar entradas hipotecarias, asumir alquileres elevados o sostener períodos de inestabilidad económica. El acceso a la vivienda deja así de depender exclusivamente del empleo y pasa a estar condicionado por la posición socioeconómica de partida".
Y percisamente este es para el CJE señala el principal lastre de la emancipación española: los precios inmobiliarios -sean alquiler o en propiedad- frente a los salarios insuficientes. O inestables.
"Cuando terminé la universidad intenté encontrar trabajo en mi sector y di con ello, pero eran contratos temporales que no me permitían estabilizarme", recuerda Álvaro (28). Él, que estudió un grado Historia y Patrimonio Histórico e, incluso con másteres en Educación Secundaria y Antropología Social, no encontró un puesto en Badajoz. Y en la búsqueda de empleo más allá de su ciudad natal, tampoco hubo mucha más suerte con la vivienda: "Solo tuve que buscar una vez para mi primer empleo de gestor cultural en el Valle del Jerte (Extremadura). La oferta era prácticamente inexistente porque eran pueblos pequeños, pero, además, lo poco que había era un poco caro para ser poblaciones pequeñas. La vivienda de esa zona está más enfocada al turismo y a corto plazo", recuerda. En el caso de Álvaro, al encontrarse con un mercado laboral sin opciones, tomó la decisión de opositar por segunda vez y a nivel nacional con la esperanza de marcharse a una ciudad con más posibilidades laborales.

Álvaro, de 28 años, en casa de sus padres en Badajoz.JORGE ARMESTARARABA PRESS
Si Juan José o Álvaro intentaran independizarse de forma individual, tendría que destinar casi la totalidad de su salario (98,7 %) al pago de un alquiler, ya que en España esta tenencia se ha encarecido hasta los 1.176 euros mensuales, según publica hoy el CJE. Si optasen por una vivienda compartida, emplearían el 33,6% de sus ingresos.
"Si yo ahora me fuera de alquiler... todo este dinero que estoy ahorrando se me iría en ello", reconoce Juan José, que aporta entre 300 y 500 euros mensuales para ayudar con los gastos en el hogar familiar, y ahorra aproximadamente otros 400 euros al mes con la esperanza de volver a intentar una compra en el futuro.
A largo plazo, para estos jóvenes la situación se traduce en una vida en pausa. "Todo el proyecto de vida se pospone", expresa Juan José, mientras Álvaro valora que, a su edad, "tienes la sensación de que ya vas tarde".
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