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El pasado 21 de abril, el cardenal Juan Jos� Omella cumpli� 80 a�os y perdi� sus derechos electorales en un hipot�tico c�nclave. Este es el �nico t�rmino que se cumple autom�ticamente, pues los dem�s quedan a la discreci�n del Santo Padre, que puede prorrogar los mandatos hasta que considere conveniente, a pesar de que todos los obispos deban presentar su renuncia al cumplir 75 a�os. El arzobispo de Barcelona lleva cinco a�os de pr�rroga, algo que no hab�a sucedido en la historia de la sede barcelonesa, al menos en los �ltimos siglos. Aunque a los cardenales se les suele demorar la aceptaci�n de la renuncia, pocos han sido los que han continuado como octogenarios en su catedra episcopal.
Una serie de circunstancias han contribuido a prolongar el mandato del prelado turolense: entre ellas, la pr�xima vista del Papa a Barcelona. Habr�a sido un notable desdoro que se bendijese la Torre de Jes�s de la Sagrada Familia sin que el anfitri�n fuese el obispo de Barcelona con mayor poder en su historia reciente: presidente de la Conferencia Episcopal, miembro del Dicasterio de los obispos y del Consejo Cardenalicio del papa Francisco.
En todo caso, una vez se haya producido la visita del Papa a Espa�a, el cron�metro avanzar� inexorablemente y se abrir� el proceso de sucesi�n. Un proceso de sucesi�n que no tiene candidato claro. Circulan nombres en las quinielas, pero todos presentan problemas. Incluso algunos como los arzobispos de Sevilla y Valencia, Saiz Meneses y Enrique Benavent, van comunicando sin rodeos sus reticencias a complicarse la vida en una plaza problem�tica.
Quien s� tiene enormes ganas es el arzobispo de Tarragona, Joan Planellas. Su mandato tarraconense est� resultando tremendamente tortuoso. En siete a�os lleva cuatro vicarios generales, tres secretarios, tres cancilleres y tres rectores del seminario. Un gobierno tan err�tico que ha conseguido cr�ticas desde todos los sectores de su di�cesis: desde el conservador hasta el m�s progresista, del nacionalista al espa�olista. Su car�cter desp�tico y arbitrario ha provocado un amplio rechazo, mientras �l parece desear abandonar una tierra que no le ama. �Qu� mejor salida que una Barcelona que va a quedar vacante y que tradicionalmente es sede cardenalicia?
A pesar de estas pol�micas locales, hasta el a�o pasado, Planellas ven�a manteniendo un perfil bajo, como si se quisiera hacer perdonar el pecado inicial de la bandera estelada de Jafre. Aquella que ten�a colgada en la torre de la iglesia del pueblo donde era p�rroco, que provoc� la protesta de la esposa de Albert Boadella, a la que �l respondi�: "que la pon�a porque la ped�a el pueblo."
Pero a mediados del a�o 2024 lleg� su tercer jefe de prensa, el periodista nacionalista �scar Bardaj�, quien hab�a sido el dircom de la Abad�a de Montserrat en los �ltimos 20 a�os. Con �l empez� la promoci�n de la figura de Planellas, present�ndolo como el gran referente de la Iglesia en Catalu�a: nacionalista y progresista.
A partir de entonces se intensific� su presencia en los medios. El arzobispo empez� a dar mandobles, desde cr�ticas a Vox- al que calific� como "un partido pol�tico que puede ir contra el Evangelio"- hasta reproches a alguno de sus compa�eros en el episcopado, como al arzobispo ovetense Jes�s Sanz Montes, al que enmend� la plana p�blicamente por haber llamado "moritos" a los musulmanes. De la SER a El Pa�s, y de ah� a La Vanguardia, su exposici�n medi�tica ha sido constante. Ha opinado tambi�n sobre el burka, la vivienda o la apertura al diaconado femenino. Todo aquello tan pol�ticamente correcto que consiga la aprobaci�n del nacional-progresismo catal�n. Una aut�ntica campa�a de marketing ideada por su nuevo director de comunicaci�n. Planellas ser�a el obispo ideal para el poder pol�tico catal�n. Ese que va del nacionalismo de Junts a la izquierda del PSC.
Sin embargo, su candidatura presenta varios h�ndicaps. El primero es la edad: Planellas cumplir� 71 a�os en noviembre, por lo que solo le quedar�an cuatro a�os antes de presentar su renuncia, lo que implicar�a un pontificado inusualmente breve. Otro inconveniente son las controversias acumuladas en Tarragona, que han amontonado las quejas tanto en Nunciatura como en la misma Roma. Y el m�s relevante ser�a su marcado nacionalismo, que sigue siendo un factor de peso.
En una Catalu�a donde el proc�s ha perdido fuerza, un liderazgo eclesial percibido como nacionalista vendr�a a constituir una aut�ntica declaraci�n de guerra. Adem�s, la archidi�cesis de Barcelona se muestra hoy especialmente distante de este enfoque. El llamado "despertar cat�lico" se produce en Barcelona mayoritariamente en lengua castellana, con una afluencia que procede tanto de los barrios acomodados como de la inmigraci�n hispanoamericana. Movimientos de Ema�s o Effet� se desarrollan principalmente en espa�ol. Las celebraciones exclusivamente en catal�n han menguado en Barcelona por falta de clientela, mientras que en parroquias menos identificadas con el nacionalismo se ha incrementado la asistencia a cotas insospechadas. De hecho, de estas comunidades ha surgido gran parte del voluntariado para la visita de Le�n XIV, cuyo cupo se cubri� antes que en Madrid o Canarias.
No parece, por tanto, que el perfil de Planellas sea el m�s apropiado para la di�cesis m�s importante de Catalu�a, aunque el h�bil Bardaj� haya comenzado a posicionarlo tanto en medios catalanes como nacionales, sabedor de que sus posicionamientos coinciden con los de quienes ostentan el poder hoy en Espa�a. Queda por ver si lograr� tambi�n influencia en Roma, donde se tomar� la decisi�n sobre el sucesor de Omella. En cualquier caso, en el episcopado espa�ol no se ver�a con buenos ojos su elecci�n.
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