





















Ha pasado. Sin darme cuenta. Unos 16.500 días después de haber nacido y otros casi 12.000 manteniéndome fiel al lema de "yo prefiero atrofiarme", robado al Woody Allen de Misterioso asesinato en Manhattan,voy al gimnasio. Todo empezó delante de unas cervezas -un mundillo por el que me muevo con más soltura- con las que celebrábamos el 60 cumpleaños de mi cuñada. Fan del silloning como yo, me sorprendió con la noticia del año: "Voy a yayotraining", bautizando así su modalidad de entrenamiento funcional para añejos vírgenes de sentadillas, búlgaras y burpees. Los efluvios de los botellines y Pepito Grillo grillándome con su "cuando las barbas de tu vecino veas pelar..." hicieron el resto, y una semana después, y tras el peor día de shopping de mi vida -las mallas, ahora leggings, no me favorecían ni con 15 años-, ahí estaba yo, enfrentándome a Jeff la Roca -apodo de nuestro entrenador, cortesía de mi cuñada-, a planchas imposibles y a una sudada inédita. Cuando conseguí escalar el tramo de escaleras que me devolvía a la calle, llamé a mi incitadora. "Pensaba que me querías", fue mi escueto mensaje, entre jadeos y resoplidos.
Pues sí que me quiere. Resulta que espero con ganas las ocho de la tarde de mis dos días semanales de guerra particular. Resulta que me viene fenomenal al cuerpo y a la cabeza, va a ser que concentrarme en luchar por mi propia supervivencia es el mejor mindfulness. Por si fuera poco, hacer ejercicio me ha llevado a poner en práctica los consejos expertos con los que he ejecutado más de un reportaje, pero que todavía no había tenido oportunidad de experimentar. A saber, primero y principal, limpiar la cara a conciencia antes y después para evitar que las impurezas que proliferan con la sudada obstruyan los poros. El desmaquillado pre me lo salto a la torera: no puedo enfrentarme al espejo que ocupa toda una pared en mallas, perdón, leggings, y sin colorete, no way. Para compensar, el post lo hago con el gel limpiador suave con ácido glicólico de Cantabria Labs (1), que exfolia y limpia en profundidad, potenciando la luminosidad, sin dejar la piel tirante, lo que es de agradecer, que en el gym ya sufro suficiente. ¡Ah! Lo que sí me resulta obligatorio antes de entrenar es hidratarme los labios, para los que ningún bálsamo suele ser suficiente..., menos el de Cerave (6), que además repara cualquier tipo de irritación de la piel. La rehidratación corporal es otra recomendación experta que sigo y, como mis duchas hasta ahora eran matutinas, he aprovechado para probar una crema de consumo preferentemente nocturno de Mesoestetic (2) con retinol, exosomas reparadores de centella asiática y vitamina E y manteca de karité, que nutren en profundidad.
![1. Glycoperfect [Az] Creamy Cleanser (26 euros), de Cantabria Labs. 2. Skin Retin Body Cream (56,10 euros), de Mesoestetic. 3. Champú Brillo Sublime (26,50 euros), de Nuxe. 4. Prada Touch (45 euros), de Prada. 5. Eternal Curls Polish & Protect Oil (58 euros), de Oribe. 6. Bálsamo Reparador Avanzado (10,50 euros), de Cerave.](https://e01-elmundo.uecdn.es/assets/multimedia/imagenes/2026/06/08/17809126526998.jpg)
1. Glycoperfect [Az] Creamy Cleanser (26 euros), de Cantabria Labs. 2. Skin Retin Body Cream (56,10 euros), de Mesoestetic. 3. Champú Brillo Sublime (26,50 euros), de Nuxe. 4. Prada Touch (45 euros), de Prada. 5. Eternal Curls Polish & Protect Oil (58 euros), de Oribe. 6. Bálsamo Reparador Avanzado (10,50 euros), de Cerave.
Lo que más me trae de cabeza en mi nueva vida fit es el pelo. Dedicarle un lavado a conciencia dos veces más a la semana y mantener el rizo mono es la mayor pesadilla. Diréis que soy una drama queen, pero tengo muchísima cantidad, sirva de ejemplo que necesito el tinte de tres cabezas para mí sola, palabrita de mis peluqueros. Me va muy bien el Champú Brillo Sublime de Nuxe (3), que limpia suavemente, sin agredir ni cuero cabelludo ni fibra capilar, y deja la melena brillante. Lo alterno con un lavado con agua y acondicionador -lo que los expertos llaman co-wash, perfecto en pelo muy seco para no perder nutrición-, y el aceite de Oribe (5) que hidrata y refresca los rizos.
En un acto de coquetería máxima, y pese a que el gym está a siete minutos de casa, lo único que llevo conmigo encima, además de la botella de agua, es el monísimo colorete en crema de Prada (4) que me aplico al terminar, no me pille un vecino por la calle sin mi pizquita de rubor. Desfallecida, sí, con cara de caminante blanco, nunca.
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