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"Espa�a no se ofreci� a coordinar una operaci�n internacional sino a ejecutar una acci�n de marketing"

Pedro S�nchez, con el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.EFE
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Ha llegado el MV Hondius a nuestras aguas. El Gobierno se viste de largo, capaz y solidario ante la OMS. Todav�a no est� claro de qui�n parti� la iniciativa de organizar la evacuaci�n. S�lo sabemos que Clavijo fue el �ltimo en enterarse. Entre 800 guionistas operativos en La Moncloa, raro ser�a que ninguno haya anticipado escenarios inicialmente no previstos. Si la crisis se salda pronto, S�nchez se colgar�a otro gal�n global como l�der de la Internacional comprometida... con China. Pero si sale mal y las cosas se complican, para todos menos para S�nchez, los guionistas acudir�n a la fatalidad e inevitabilidad. Han puesto el primer parche alternativo: S�nchez argumenta estar �legalmente� obligado. De hecho, empezamos a perder tambi�n el rastro de los contagios y aparecen y se diseminan los casos sospechosos. Los guionistas amortiguar�an el coste pol�tico de encarar el traslado de pasajeros pretextando la fuga anterior del virus.
Espa�a acept� el encargo haciendo gala de cierta imprudencia. No se ofreci� a coordinar una operaci�n internacional sino a ejecutar una acci�n de marketing. Para completarla, tampoco hac�a falta que el crucero tocara puerto. La modificaci�n del guion no alterna nada: el Gobierno gana en aparente cautela lo que no pierde en teatralidad. Las cadenas se relamen. El Gobierno ya televis� el rescate del Aquarius.
Cuando en 1986 explot� un reactor en la central nuclear de Chern�bil y el r�gimen comunista comenz� a evacuar sin alarmismo a las obedientes poblaciones de alrededor, comunicaba por altavoces su decisi�n: �Los niveles de calidad del aire no son los mejores en este momento�. Est� bien que los gobiernos gestiones con aplomo las crisis y contengan el rebato y el pavor. Pero resulta mucho m�s conveniente que los gobiernos sean de fiar. Sim�n, que acude al rescate, no lo es; los antecedentes, tampoco ayudan. Nunca hubo tiempo para ventilar las responsabilidades pol�ticas producto de la gesti�n del coronavirus. Aunque contribuy� a esquivarlas un argumento muy socorrido: todos los gobiernos actuaron de manera similar con parecidas consecuencias. No era verdad. Los resultados de la gesti�n espa�ola, aunque sea midi�ndola s�lo por la relaci�n entre intensidad de las restricciones y n�mero de muertos, fue catastr�fica.
Hay pautas valorativas que se repiten con el hantavirus. Convendr�a no forzar el argumento de la escasa probabilidad de contagio. Al menos para no abusar despu�s, si sucede lo contrario, del t�rmino �mutaci�n�. Varios pasajeros del barco se han contagiado sin contacto �ntimo -que se sepa- y los casos sospechosos aparecen entre contactos eventuales. El Gobierno ha organizado, suponemos que concienzudamente, la evacuaci�n. Pero tampoco sabemos que se haya rodeado de los mejores especialistas para dise�arla y prevenir efectos. Tenemos motivos para dudar: durante el covid no existi� el cacareado comit� de expertos, apenas supimos del alpiste repartido entre politologuitos org�nicos y pancistas de guardia. Esta repetida consigna de �no nos pod�amos negar�, es un mal s�ntoma, anticipo, apa�o, croquis; una inquietante disculpa anticipada.

























