El verano es la prueba de fuego del pelo, esa época del año en que tiene que sobrevivir al sol, el cloro, la sal del mar y el relax de las rutinas habituales. La caída tampoco se queda atrás... Por eso el doctor Marco Romagnoli, especialista en medicina capilar y fundador de MR Grupo Clínico, responde a nuestras dudas.
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Cuando una amiga te pregunta por quinto verano consecutivo cómo puede evitar volver de las vacaciones con el pelo pajizo, te das cuenta de que todavía no tenemos todo claro en lo que a melenas y verano respecta. Y no sólo hablamos de lo relativo a la estética pura y dura, porque la caída, pese a ser más incisiva en otoño y primavera, también puede hacer acto de presencia o verse perjudicada de cara a la vuelta a la oficina. Para que no nos quede una sola duda al respecto, planteamos varias de las cuestiones más recurrentes de la estación al doctor Marco Romagnoli, especialista en Medicina Capilar y fundador de MR Grupo Clínico.
- Hablamos de que el pelo se cae más en otoño y primavera. ¿Puede darse también una caída en verano y por qué?
- Sí, pero el momento de máxima caída no es julio o agosto, sino el final del verano y el principio del otoño. Por eso muchas personas notan más cabellos en la almohada o en la ducha al llegar septiembre. La explicación es lo que conocemos como efluvio actínico: la exposición intensa al sol durante los meses de calor empuja a un mayor número de folículos a entrar en fase de reposo y esos cabellos se desprenden dos o tres meses después. El efluvio actínico es un fenómeno fisiológico y reversible. En la mayoría de las personas el cabello se recupera por sí solo cuando la estación se estabiliza. No obstante, conviene consultar a un especialista en medicina capilar si la caída se prolonga más de tres o cuatro meses, si se acompaña de una pérdida de densidad visible o si existen antecedentes familiares de alopecia, porque entonces el verano puede estar destapando un problema de base que sí requiere valoración.
- ¿Hay algo que podamos hacer en verano para proteger el pelo de una caída posterior?
- Sí. Como la caída de final de verano se relaciona en buena parte con el sol, la primera medida es proteger la cabeza en los momentos de mayor radiación, con sombrero o gorra en las horas centrales del día, sobre todo en personas que presentan poca densidad capilar. La segunda medida es cuidar el cuero cabelludo, que es donde se asienta la raíz: conviene mantenerlo limpio e hidratado y evitar agresiones innecesarias, como el agua muy caliente, el secador a máxima temperatura o los peinados que tensan en exceso el cabello. Y, sobre todo, es recomendable llegar al verano con un buen estado de salud general: descanso suficiente, alimentación equilibrada y niveles correctos de hierro, vitamina D y vitamina B12, ya que su déficit se asocia a una mayor caída difusa del cabello. No existe una fórmula milagrosa que blinde el pelo, pero un folículo sano y bien nutrido encaja mucho mejor el cambio estacional que uno debilitado.
- ¿Existe algún tipo de protección capilar, externa o interna, que de verdad funcione para proteger el pelo del sol?
- Aquí conviene distinguir dos cosas: cuidar la fibra capilar, es decir, el cabello que ya ha crecido, y cuidar la raíz. El sol, lo que realmente daña, es la fibra: la reseca, le resta fuerza y brillo, la vuelve quebradiza e incluso aclara su color. Frente a esto, la protección externa sí es eficaz. Los productos capilares con filtros solares y antioxidantes forman una barrera que reduce ese daño, y las medidas físicas, como cubrirse la cabeza, también ayudan. Además, la propia melanina, el pigmento que da color al cabello, actúa como fotoprotector natural, y por eso el pelo oscuro resiste algo mejor la radiación. La protección desde dentro es distinta. A día de hoy no existe ningún suplemento que haya demostrado proteger el cabello del sol. Lo que sí tiene sentido es corregir una carencia nutricional cuando existe y está diagnosticada, pero no tomar complementos de forma preventiva: sin un déficit real detrás, los suplementos no protegen frente a la radiación ni mejoran el cabello.
- ¿El cloro de la piscina y el agua del mar provocan alopecia? ¿O estropean el pelo?
- Ni el cloro ni la sal provocan alopecia, ya que no afectan al folículo ni impiden el crecimiento del cabello. Lo que sí hacen es deteriorar la fibra capilar (el cabello que ya ha crecido). Ambos abren la cutícula, la capa que recubre y protege el cabello por fuera, aumentan su porosidad y la resecan, de modo que el cabello se vuelve áspero, quebradizo y se rompe con facilidad. Esa rotura puede dar sensación de menor densidad pero es un daño cosmético del tallo capilar, no una caída desde la raíz. Los daños se previenen con gestos sencillos: humedecer el cabello con agua dulce antes del baño, para que absorba menos cloro y sal, aclararlo bien al salir del agua y aplicar mascarillas hidratantes.
- ¿Hace falta ponerse protección solar en el cuero cabelludo?
- Sí, y es una de las zonas más olvidadas. El cuero cabelludo es piel, y además está muy expuesta: recibe la radiación casi en vertical y, cuando hay poca densidad capilar, entradas o una raya muy marcada, queda mucho más desprotegido. No es solo una cuestión estética: buena parte de los cánceres de piel se localizan en la cabeza y el cuello porque esta zona suele quedar fuera de la rutina de fotoprotección. Es recomendable aplicar un fotoprotector específico, en formato bruma o spray para no engrasar el cabello, y usar gorras o sombreros en las horas de máxima radiación.
- ¿Lavarse el pelo a diario en verano hace que se caiga más?
- Este es un mito muy extendido. Lavar el cabello no provoca alopecia. El cabello que se desprende al lavar o peinar es el que ya estaba en su fase natural de caída y se iba a caer igualmente. En verano, con el sudor, el cloro, la sal y los restos de fotoprotector, lavar la cabeza con frecuencia es incluso aconsejable para mantener limpio el cuero cabelludo. Lo importante no es solo cuántas veces se lava, sino cómo: agua templada en lugar de muy caliente, un champú suave, sin frotar con brusquedad y usando el secador a temperatura templada.


























