Su inhibición ante el escándalo de Zapatero, que contrasta con la reacción que exhibió tras las investigaciones abiertas a José Luis Ábalos y Santos Cerdán, ahonda en el creciente malestar interno en el PSOE

Pedro Sánchez, ayer, en la sede de la FAO en Roma.AFP
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La insólita gravedad que entraña el escándalo alrededor de José Luis Rodríguez Zapatero obliga a Pedro Sánchez a responder ya ante la ciudadanía y a asumir su responsabilidad política. Con independencia del curso judicial tras la imputación por corrupción del ex mandatario, cuya declaración ante el juez ha sido pospuesta al 17 y 18 de junio tras solicitarlo su abogado, el presidente del Gobierno no puede recurrir a su habitual mezcla de tacticismo y de opacidad. Ocho días después del estallido del caso, y pese a que su alcance mundial merecería una comparecencia solemne y monográfica en el Congreso, Sánchez tiene la oportunidad hoy de contestar a preguntas sobre Zapatero. Su inhibición, que contrasta con la reacción que exhibió tras las investigaciones abiertas a José Luis Ábalos y Santos Cerdán, ahonda en el malestar interno entre sus propias filas, tal como ha verbalizado sin ambages Emiliano García-Page.
Las evidencias acumuladas en el sumario del caso Plus Ultra han sumido en el desconcierto al presidente y a su núcleo más cercano, conscientes del calvario judicial que le espera al Gobierno. Prueba de ello, tal como informamos hoy, es la cancelación de las reuniones de los lunes en Moncloa para fijar su estrategia. La legislatura ha entrado así en un punto de no retorno tras la apertura de una causa que interpela al Gobierno por la condición que Zapatero había adquirido de ministro tácito. Tanto es así que los presuntos delitos por los que ha sido imputado sólo pudo cometerlos por su cercanía al Ejecutivo. Los investigadores sitúan el origen del presunto saqueo en el rescate público de Plus Ultra. A las comunicaciones de la trama Zapatero con la SEPI hay que sumar que la Udef cita al CNI en el marco de las gravísimas sospechas sobre el hecho de que el ex presidente y su presunta red de tráfico de influencias se lucraran con el chavismo mientras influían en la liberación de presos. No basta, por tanto, con que Sánchez se aferre a la presunción de inocencia del ex presidente. El inmenso oprobio que supone erosionar la imagen internacional de nuestro país exige explicaciones detalladas. Máxime teniendo en cuenta que la influencia de Zapatero en el Ejecutivo está lejos de extinguirse. Así se ha vuelto a poner de manifiesto en la adjudicación por parte del Consejo de Ministros del nuevo canal de la TDT a los rebeldes del grupo Prisa, cercanos a Moncloa, una alianza empresarial que cuenta con el asesoramiento estratégico de perfiles indisociables de la esfera de poder de Zapatero.
El profundo desgaste del PSOE llevó ayer al presidente de Castilla-La Mancha a conminar a Sánchez a convocar elecciones o someterse a una cuestión de confianza. Así, pone voz a un temor que va a más entre los cuadros territoriales de esta formación por el daño que auguran en los comicios autonómicos y municipales de 2027.
Dar la cara es lo mínimo que puede hacer el presidente no sólo para aliviar a su partido, sino para cumplir con un imperativo democrático de transparencia insoslayable.

















