Seguramente la IA refine el modelo de deliberación electoral del votante medio

Pedro Sánchez, durante una visita a la empresa Xiaomi en Pekín.EFE
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Antes el periodismo nacía de una sospecha infalible: el poder nos miente. Por entonces el poder estaba claramente identificado: bastaba mirar arriba, al origen de todas las sospechas. Fue la edad heroica de los muckrakers, aquellos reporteros que se enfrentaban con coraje a una casta localizada de caciques y plutócratas.
Pero hoy el poder -es decir, la información- se ha atomizado. Ya no solo administran el flujo de la conversación pública los de arriba sino también los de abajo y los de al lado, porque el vídeo de tu prima y la opinión de tu cuñado también son contenidos viralizables. De ahí que la herramienta propia del periodista actual ya no sea el altavoz sino la navaja. La de Ockham, concretamente. La que ha de rebanar cada día siete populosas teorías de la conspiración. Luego hoy el periodismo nace de la sospecha acerca de los que sospechan de todo.
Por eso me sorprende la credulidad que delata el nostálgico exdirector del New York Times en la provechosa entrevista concedida a Ángel Villarino. Viene a decir Dean Baquet que los reporteros salvarán el oficio porque la IA no puede salir a la calle a hablar con la gente. Y es cierto que ese ha sido el código fuente del periodista durante mucho tiempo. Pero me temo que dejará de serlo en el preciso instante en que la inteligencia artificial termine de colonizar la humana. Porque hace meses que la IA salió a todas las calles y entró en todas las casas. Así que pronto la gente con la que hable el entrañable reportero artesanal de Dean le dará las respuestas que previamente haya recibido de la IA. Que por cierto empieza a reciclar sus propios residuos intelectuales en lugar de metabolizar únicamente los frutos de la erudición humana.
No tengo ni idea de cómo afectará este fascinante proceso de sustitución cognitiva al periodismo. Tampoco me importa, porque mi generación, a diferencia de la de Baquet, convive con la crisis existencial de la industria mediática desde que salió de la facultad. Me preocupa algo más cómo afecte a la democracia. ¿Qué pasará cuando el votante delegue su voto en la IA, una vez le haya introducido sus parámetros de clase, sexo, edad, ideología, patrimonio o identidad? Muchos españoles harán este ejercicio en 2027. Y seguramente la IA refine el modelo de deliberación electoral del votante medio. Que a continuación podrá ejercer su soberano derecho a votar en contra de sus intereses y a favor de sus humanísimos sesgos, como llevan haciendo los demócratas toda la vida.
























