Sin acritud
En el marco de la dependencia parlamentaria de S�nchez, el canal La2Cat es una concesi�n a Junts

Captura de imagen de Gemma Nierga en su programa de La2Cat de TVE.
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Seis meses despu�s de su lanzamiento, La2Cat es un fracaso rotundo de audiencia. La mayor�a de sus programas no superan el 2% de share y algunos se quedan en niveles testimoniales. Solo la misa de los domingos salva los muebles. El programa de Gemma Nierga, por ejemplo, arranc� con un 0,7% y apenas ha mejorado. Sus datos no son solo discretos: son claramente insuficientes y ponen en cuesti�n su viabilidad como proyecto. Lo m�s destacable, sin embargo, no es su pobre rendimiento, sino lo que revela sobre el funcionamiento actual de la pol�tica espa�ola. No porque sea err�neo reforzar la presencia de RTVE en catal�n, sino porque este canal se ha convertido en otra moneda de cambio en la negociaci�n entre el Gobierno y sus socios. Televisi�n mediante.
Una oferta estatal en catal�n podr�a cumplir una funci�n �til. En un ecosistema dominado por TV3 y su l�nea soberanista, un actor alternativo podr�a ampliar el pluralismo y reflejar mejor la diversidad de la sociedad catalana. El problema es que La2Cat no ha nacido de esa convicci�n, sino como fruto de una transacci�n pol�tica. En enero de 2025, Junts anunci� el impulso a la emisi�n �ntegra en catal�n de La 2 en Catalu�a, origen del actual proyecto. En el marco de la dependencia parlamentaria de S�nchez, el canal es una concesi�n. La televisi�n no es aqu� el fin, sino el instrumento, con un gasto inicial de 10 millones de euros. Este origen conecta con la pugna interna del independentismo. Junts percibe p�rdida de influencia en TV3 frente a ERC y ha visto en La2Cat una v�a para reequilibrar posiciones con dinero estatal. El contribuyente financia as� un ajuste de cuentas entre socios separatistas. Competir con TV3 es muy dif�cil, regada anualmente con 340 millones desde la Generalitat, pero el error de dise�o agrava el problema: La2Cat no se diferencia ni editorial ni formalmente.
A todo ello, se suma el sesgo en la producci�n. Buena parte de las productoras proceden del ecosistema soberanista. Algunos programas con enfoques m�s abiertos sobre pol�tica ling��stica han chocado con el marco dominante y no han llegado a emitirse. El problema de fondo es el habitual: confundir lengua con pol�tica. Precisamente porque no todos los catalanohablantes se reconocen en el relato de TV3, tendr�a sentido una alternativa plural. La2Cat ha preferido duplicar lo existente sin valor diferencial. El resultado es fracaso e irrelevancia.

























