Cada vez más gente acumula la sospecha de que confundir la Justicia con el ajuste de cuentas la escletoriza

El juez Juan Carlos Peinado.
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Cualquier ciudadano tiene derecho a un juicio justo. Esta fórmula requiere además de un juez que cumpla con pulcritud su responsabilidad, sin más propósito que respetar la tercera pata del Estado. En estos años de convivencia mediática con el juez Peinado, cada vez más gente acumula la sospecha de que confundir la Justicia con el ajuste de cuentas la escletoriza. La Justicia también tiene sus trampas contrajudiciales en beneficio de algunos profesionales dispuestos a llegar hasta el final de las cosas cueste lo que cueste. A veces convicciones así son peligrosas. Esto viene a cuento de Begoña Gómez. Quién sabe si los delitos investigados se podrán demostrar con una causa llevada así, quién sabe. Pero las preguntas más obvias son las más difíciles de responder: ¿hay motivo para retirarle el pasaporte? ¿Lo hay para meter en la ecuación de la sospecha de fuga a la Policía Nacional de su escolta? Soy admirador asombrado de la paciencia de los jueces, pero la paciencia que se resuelve en obsesión acaba delirando en sus razones.
Cuesta imaginar a la investigada escapando a bordo de un sombrero de paja como hizo Puigdemont, a quien le facilitaron tan eficazmente la huida de Barcelona en la segunda de las fugas que llegó a Waterloo con el barret de palla puesto. Estas cosas sólo se les ocurren a los de Junts para estirar el chicle. Los dos años de instrucción del juez Peinado en las actividades y alrededores de Begoña Gómez quedan ahí, a punto de remate, pero quedan mal abrochados con este último zapatazo cautelar solicitado por algún suburbio de la extrema derecha y también por los de Vox, que son lo mismo.
Como a sospechar tiene derecho cualquiera, a lo mejor uno sospecha que puede asomar un celo ideológico infiltrado por dentro del empeño del señor juez. Los compañeros le han corregido a lo largo de este largo proceso, incluso hay quien dice que su empeño va más allá de lo previsto. Esto es como insinuar que puede haber de fondo una mala fe ideológica, política o moral. Y no seré yo quien lo promocione, aunque se lo haya escuchado a otros jueces.
La orden de retirar el pasaporte por riesgo de fuga a Begoña Gómez ha dejado pasmados, principalmente, a los policías que la acompañan. Quedan todos bajo sospecha. Esto sí tiene una lectura chunga.


























