
























«Esto no es solo una historia mexicana», escribió hace unos días un exasesor de inteligencia militar canadiense llamado Scott McGregor tras conocer la acusación que ha formulado el Departamento de Justicia (DOJ) norteamericano contra un misterioso traficante de armas búlgaro detenido en Madrid el 8 de abril de 2025. «Ni tampoco es un caso estadounidense. Esta operación transnacional y su querella federal atraviesan Bulgaria, Kenia, Tanzania, Uganda, Marruecos, Ghana y España y se hallan vinculadas a un esfuerzo por armar con armas militares al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNC)».
Lo que venía a describir McGregor es una de las tramas de tráfico de armas más ambiciosa jamás detectada al servicio de un cártel latinoamericano. En el centro de esa conspiración criminal digna de megavillanos hay un nombre sobre el que los medios españoles han pasado de puntillas: Peter Dimitrov Mirchev, alias Pirata, ciudadano búlgaro de sesenta años, veinticinco de los cuales ha vivido chapoteando en el mercado negro del armamento.
Mirchev es también el hombre al que la DEA acusa de haber ofrecido al Cártel de Jalisco Nueva Generación un catálogo de guerra pesada valorado en 53,7 millones de euros que incluía tanques rusos T-72M1, sistemas antiaéreos ZU-23, misiles tierra-aire, drones, lanzacohetes, rifles de francotirador Dragunov y minas antipersonal. Eso no es chatarra: es material letal de primera para que un cártel mexicano se convierta en un ejército aún más intimidante de lo que ya es.
A Mirchev lo apresaron hace poco más de un año agentes del Cuerpo Nacional de Policía en la capital de España. Según un auto del 30 de abril de 2025 (AAN 3297/2025) de la Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, había viajado a Madrid un día antes para reunirse con amigos y los agentes le arrestaron en cumplimiento de una Orden Internacional de Detención y Entrega (OIDE) librada por un tribunal federal de Estados Unidos, que le reclamaba para ser procesado en el Distrito Este de Virginia por conspiración para suministrar armamento de guerra al CJNG y distribuir cocaína.
La comunicación de Interpol llegó el mismo día de su detención al Juzgado Central de Instrucción número 1 de la Audiencia Nacional. El detenido se negó a consentir la entrega y no renunció al principio de especialidad, de modo que, al día siguiente, un auto del juzgado acordó su prisión provisional, comunicada e incondicional, aduciendo que el detenido carecía de arraigo en nuestro país.
Para entender quién es realmente Peter Dimitrov Mirchev hay que retroceder hasta 1995, cuando un joven ruso llamado Viktor Bout —que con el tiempo se ganaría el apodo de el Mercader de la Muerte e inspiraría la película El señor de la guerra— viajó a Sofía y se presentó en el despacho del traficante de armas búlgaro.
El propio Mirchev describió aquel encuentro en una entrevista publicada por The New Yorker en 2012. «Viktor no sabía nada. Confundía los calibres, confundía los sistemas, confundía las armas», le dijo al reportero americano Nicholas Schmidle.
Bout «no tenía una fuente de armas al principio» pero un amigo le pasó el número de Mirchev y este, tras revisar la lista de peticiones afganas, le invitó a pasarse por Sofía. Al final, el búlgaro fue quien le enseñó el oficio.
El periodista del New Yorker no dedicó su pieza a él, sino a Bout, pero viajó de propio hasta Sofia para entrevistarle como fuente. En su artículo le describió físicamente como «un hombre pequeño con mejillas cuadradas». No es un detalle baladí porque no existe ni una solo foto pública de él en todo el mundo.
A todos los efectos, es una especie de fantasma y, a diferencia de otros traficantes de armas de envergadura —el propio Viktor Bout, por ejemplo, fue ampliamente documentado en medios internacionales con decenas de fotografías durante su captura y extradición— Mirchev ha permanecido invisible.
Ni el comunicado de prensa del Departamento de Justicia de EEUU del 20 de marzo de 2026 en el que se anuncia su extradición desde Madrid, ni las agencias españolas que lo arrestaron el 8 de abril de 2025 atendiendo una petición expresa de la DEA distribuyeron imágenes del rostro.
Es como si este hombre, responsable de canalizar armas hacia conflictos globales de la mayor envergadura, operase bajo un velo de invisibilidad mediática casi sobrenatural. Quizá ese sea precisamente uno de sus mayores activos: la capacidad de pasar desapercibido ante el ojo público, una habilidad desarrollada en la penumbra.
Fue precisamente junto a Viktor Bout como Mirchev terminó construyendo una impresionante maquinaria de exportación de armamento desde los arsenales búlgaros hacia zonas de conflicto en África. Su empresa, KAS Engineering Consortium, estaba registrada en Gibraltar y tenía oficinas en Sofía.
Mirchev gestionaba la filial offshore de KAS en la península ibérica hasta que le retiraron la licencia. Entonces, fundó BMG-M. Su nombre aparece también en los Papeles de Panamá como accionista de una entidad homónima registrada en Seychelles a través de Mossack Fonseca, con dirección en el barrio sofiano de Liulin.
Según la documentación de la Global Initiative Against Transnational Organized Crime, a pesar de figurar en dosieres de investigación durante décadas y de haber sido clasificado como «objetivo prioritario» por Estados Unidos, nunca encontró obstáculos significativos en Bulgaria. La industria armamentística de su país se considera «inviolable» por su valor económico y geopolítico, así que operó durante tres décadas «oculto a plena vista, específicamente debido a sus conexiones con redes vinculadas al Estado».
¿Cómo ha caído entonces en España? Para empezar, lo que distingue el caso Mirchev de cualquier otro expediente de tráfico de armas es la escala. El auto de acusación federal (Case No. 1:25-CR-102, Distrito Este de Virginia) al que ha tenido acceso este periódico contiene capturas de pantalla del folleto que Mirchev entregó a los agentes encubiertos de la DEA que se hacían pasar por emisarios del CJNG.
Una de ellas muestra la ficha técnica completa de un tanque de combate T-72M1. Al pie de la ficha, aparece el logotipo y los datos de contacto del fabricante: VMZ — Vazovski Mashinostroitelni Zavodi, empresa estatal búlgara de defensa con sede en Sopot. No era material de segunda mano. Era producto de catálogo de un fabricante militar estatal.
Otra captura reproduce la lista completa de armas ofrecidas al cártel, titulada Armement Listing Warfare Unit Full Equipment: 2.000 fusiles kaláshnikov modernizados, 68 lanzagranadas RPG-7V2, 60 ametralladoras PKM, 16 rifles de francotirador Dragunov, cuatro cañones antiaéreos ZU-23 con mira —capaces, según explicó Mirchev a sus interlocutores, de derribar helicópteros—, sistemas antidrones, drones con cámaras multiespectrales, cuatro vehículos blindados 6x6 y decenas de millones de cartuchos de diversos calibres. Total: 53.718.258,48 euros.

Parte del arsenal que el búlgaro Dimitrov Mirchev, alias 'Pirata', quiso colocar a unos agentes infiltrados de la agencia antidrogas de EEUU que se hicieron pasar por emisarios del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).CRÓNICA
Hay un detalle que el búlgaro desconocía mientras negociaba la venta de armas: los interlocutores del CJNG con los que dialogó durante más de dos años no eran miembros del cártel mexicano sino agentes encubiertos de la DEA. La operación fue un sting (aguijonazo) demoledor, que empezó a cocinarse en agosto de 2021, cuando los federales estadounidenses iniciaron una infiltración prolongada en la red de Mirchev.
Los tipos de aspecto sombrío con los que negoció, los que le pidieron tanques rusos, los que le exigieron documentación falsa para encubrir la transacción, los que aceptaron transferencias bancarias por valor de decenas de miles de dólares enviadas a cuentas en Kenia y Tanzania, todos eran agentes de la DEA o colaboradores bajo su control.
El modus operandi del búlgaro era muy sofisticado. Mirchev reclutó a un keniano, un ugandés y un tanzano para falsificar certificados de usuario final emitidos por la República de Tanzania, de modo que las exportaciones desde Bulgaria parecieran destinadas al ejército tanzano. Y en julio de 2024 se realizó un envío de prueba: 50 fusiles AK-47 con cargadores y 140.000 cartuchos. En noviembre de 2023, había transferido 37.977 dólares desde una cuenta estadounidense a un fabricante de armas búlgaro vinculado a él. Las armas fueron incautadas, pero la red siguió planificando la entrega del arsenal pesado. Hasta que lo cazaron.
La defensa de Mirchev, ejercida por el letrado Jaime Vicente Campaner Muñoz, argumentó que los cargos contra su cliente derivaban de una operación de provocación policial por parte de la DEA. En términos jurídicos, sostenía que se trataba de una trama urdida por los agentes estadounidenses —un caso de lo que el derecho penal anglosajón denomina entrapment— y que, por tanto, la extradición no procedía. Añadía que, además, no concurría el requisito de doble incriminación conforme a la legislación española.
La petición formal de entrega a las autoridades norteamericanas fue cursada por la Embajada de Estados Unidos en Madrid mediante una nota verbal del 19 de mayo de 2025, e iba acompañada de un documento inusual: la declaración jurada de un agente especial de la DEA identificado en los autos de la Audiencia Nacional únicamente como «Simón».
Según recogen los magistrados, el funcionario de la DEA detallaba en ella que la investigación sobre Mirchev había arrancado en agosto de 2021, que los agentes encubiertos que se reunieron con él se hicieron pasar por representantes del CJNG, y que fue Mirchev —no los agentes— quien «llevó adelante todo el plan para proceder a la venta de armas y del tráfico de drogas».
La sala compró los argumentos de la DEA y rechazó la alegación del abogado. Finalmente, la Audiencia Nacional aprobó la extradición de Mirchev, el 11 de septiembre de 2025.
El Consejo de Ministros español firmó el decreto de entrega el 17 de febrero de 2026. El 20 de marzo de 2026, el Departamento de Justicia de Estados Unidos confirmó en un comunicado de prensa que Mirchev había sido extraditado desde España y comparecido ante el tribunal federal de Alexandria, Virginia, donde se le imputan tres delitos: conspiración para distribuir cocaína en EEUU, conspiración para poseer armas en apoyo de un delito de drogas, y conspiración para proporcionar apoyo material a una organización terrorista extranjera, el CJNG, designado como tal por el Departamento de Estado el 20 de febrero de 2025.
Hace poco más de una semana, el 10 de abril de 2026, Mirchev compareció de nuevo ante el tribunal de Virginia para la audiencia preliminar de su causa federal, asistido por un abogado. El letrado era de oficio porque, según el traficante, carece de dinero para costearse uno de pago.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。