



























Juan B. Cañellas Santiago de Compostela
Actualizado
En la ribera del Miño, donde Lugo despliega su paseo fluvial entre árboles y senderos, se alza un pequeño conjunto de termas al aire libre concebido para evocar los antiguos baños romanos. Un edén urbano de 1,4 millones de euros que la entonces alcaldesa socialista Lara Méndez planteó como atractivo turístico, con aguas medicinales, un diseño ecológico y la promesa de unas instalaciones "eficientes y modernas" abiertas nada menos que "los 365 días del año".
La escena, sobre el papel, era impecable. Ocho caldas encajadas en piedra, vapor en las mañanas frías y una música suave flotando sobre el agua componían una postal idílica que, sin embargo, hoy dura exactamente lo que tarda el navegador en cargar.
Quien acude al oráculo de Google en busca de horarios se encuentra ahora con un aviso en rojo que advierte de que está "cerrado temporalmente" y, debajo, una revelación menos romántica: las supuestas termas no brotan del Miño, sino del agua de la red municipal recalentada con calderas. A partir de ahí se despliega el resto del expediente: reaperturas fantasma, quejas por el gasto energético y un nutrido rosario de infecciones bacterianas que dejan al visitante con la sensación de haber entrado antes en un historial clínico que en un folleto promocional.
"Terminaron siendo como la bañera de mi casa, solo que menos limpias y mucho más caras", resume Luis Latorre, vecino de Lugo que ya remitió quejas formales contra el proyecto. "Fue una inversión millonaria absurda, con un mantenimiento permanente que pagan los lucenses y sin ninguna perspectiva de futuro. Además ocuparon un espacio natural que la gente utilizaba para caminar o correr y, para rematar, las instalaciones ni siquiera se usan. Sinceramente, por más que la busque, no encuentro la parte positiva".
Según explica, el primer tropiezo llegó cuando el Ayuntamiento descubrió que el plan original no podía sostenerse, ya que el caudal termal de Lugo es limitado y ya abastece al histórico balneario de la ciudad, titular exclusivo de la concesión sobre esas aguas.
Pese a ello, el Consistorio no dio marcha atrás, aún cuando la iniciativa dependía de los fondos europeos del programa EDUSI, diseñado específicamente para promover proyectos urbanos sostenibles. Y claro, ¿qué tiene de sostenible calentar agua corriente con calderas?
"Es algo que nunca entenderé. Si un proyecto era bueno pero no se puede hacer, se renuncia y se acabó. Lo que no puedes es seguir adelante con una idea absurda solo porque te dan dinero. La construcción se paga con fondos europeos, sí, pero el mantenimiento corre a nuestra cuenta y tiene unos costes demenciales", critica Latorre.
Según los datos difundidos por el Ayuntamiento, mantener las Caldas do Miño cuesta alrededor de 330.000 euros al año entre seguridad permanente, socorrismo y electricidad. Una factura considerable para unas instalaciones cuyo uso ni siquiera logró despegar en su primer verano. En agosto de 2023, el mes de mayor tirón turístico, las reservas apenas alcanzaron una media del 16,8% de la capacidad en los cuatro sábados del mes.
Aunque, en realidad, los gastos tampoco han sido tan graves. Entre otras cosas porque lo verdaderamente raro es encontrarse con que estas instalaciones prometidas "los 365 días del año" estén realmente operativas. Desde el grupo municipal del PP sostienen que, de los tres años en los que deberían haber estado en funcionamiento, han pasado cerca de uno completo con las puertas cerradas.
El motivo tiene que ver con un historial sanitario especialmente accidentado. Desde mayo de 2023, las mal llamadas termas han encadenado clausuras por la presencia de microorganismos indeseables. El punto crítico llegó con un brote de legionela cuyos niveles rebasaron hasta 500 veces el límite permitido, lo que obligó a cerrar en septiembre de 2024. Lejos de tratarse de un episodio aislado, el problema volvió a reaparecer en julio del año pasado y, desde entonces, siguen fuera de servicio.
Lo curioso es que, según explican a este periódico distintas empresas especializadas en desinfección, la eliminación de legionela suele resolverse en un plazo relativamente breve, normalmente en torno a dos semanas. De ahí que entre los vecinos empiece a circular una sospecha menos técnica. "Da la sensación de que no saben cómo justificar reabrirlas", resume Latorre. "Mantenerlas abiertas cuesta tanto que quizá prefieren dejarlas cerradas antes que asumir ese gasto".
La portavoz del PP en Lugo, Elena Candia, sostiene que el proyecto se ha convertido en un ejemplo de infraestructura "infrautilizada" y reclama responsabilidades. A su juicio, no es solo un problema de gestión, sino también de concepto, ya que "se ha vendido como unas caldas lo que en realidad no son". "Lugo tiene uno de los mejores balnearios de España y quien busque auténticas aguas mineromedicinales puede encontrarlas, pero no en esta chapuza del Ayuntamiento", critica.
Por su parte, al cierre de esta edición, este periódico seguía esperando que el departamento de prensa del Ayuntamiento de Lugo —responsable de la gestión de las instalaciones— tuviera a bien descolgar el teléfono.
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*La serie 'Crónica... de las grandes chapuzas' se publica cada domingo en el suplemento CRÓNICA de la edición impresa de EL MUNDO.
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