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Crónica

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Al espa�ol Nikko Baham�n se lo trag� la tierra y apareci� muerto junto a un lago de Suecia: el�misterio que revive el caso del "hombre sin coraz�n"
Ferran Barbe · 2026-03-23 · via Crónica

El cuerpo de Nikko Baham�n fue hallado el pasado 1 de marzo sumergido en el agua y oculto en una zanja de un canal de drenaje situado junto al lago Albysj�n. Se trata de un paisaje perif�rico de descampados h�medos, taludes de hierba rala, agua negra y juncos, una franja de terreno abierta y desangelada en la que el sur de Estocolmo empieza a deshacerse en barro, ca�averal y campo.

A poca distancia de donde se le encontr� sin vida se levantan Alby y Hallunda, dos barriadas obreras del municipio de Botkyrka y marcadas desde hace a�os por la precariedad, la inmigraci�n, la econom�a sumergida y la delincuencia.

Nikko ten�a 30 a�os. Y era espa�ol. Llevaba encima las llaves de casa y sus dos tel�fonos m�viles, un detalle que para la familia descarta, al menos de entrada, la hip�tesis de un robo. Claro que la pregunta principal sigue todav�a intacta: �qu� hac�a su cuerpo tirado en esa zanja a tres o cuatro kil�metros de su casa?

�No sabemos qu� pas�, dice la hermana del fallecido. �Pero creemos que podr�a haber sido asesinado�. Graciela Baham�n es tambi�n espa�ola, de origen colombiano. Tanto ella como Nikko, originarios de Medell�n, llegaron a Espa�a en diciembre de 2012 y obtuvieron la nacionalidad casi inmediatamente por v�a materna.

La zanja en la que se encontr� el cuerpo de Nikko Baham�n.

La zanja en la que se encontr� el cuerpo de Nikko Baham�n.Polic�a sueca

Ella vive en Valencia con su esposo. Su hermano fallecido se instal� en Vallecas (Madrid), y desde all� empez� a moverse con frecuencia por distintos pa�ses de Europa occidental —Reino Unido, Suiza, y la propia Suecia— encadenando empleos temporales, casi siempre sin contrato, en la construcci�n, la limpieza de nieve o peque�as obras.

En ese circuito —habitaciones compartidas, trabajos en negro, desplazamientos r�pidos y nula cobertura administrativa— se mov�a con naturalidad. �Compraba los problemas�, asegura Graciela. �Pero no era un delincuente ni un mal chico. Solo que a menudo tomaba malas decisiones que ni siquiera le beneficiaban�.

De las veces anteriores que hab�a estado en Suecia conservaba contactos, una idea elemental del terreno y, sobre todo, una cuenta pendiente: seg�n cont� a su familia, no le hab�an pagado uno de aquellos empleos y volv�a para cobrarlo.

Regres� el 2 de febrero, procedente de Suiza, donde trabaja su madre. Viaj� al sur de Estocolmo con un plan sencillo: instalarse unos d�as, recuperar �esa platita� que alguien le adeudaba, hacer alg�n trabajo m�s y marcharse a Londres. Se aloj� en Botkyrka, en una vivienda compartida con varios chilenos a los que conoc�a de empleos anteriores. Era febrero: nieve sucia en las aceras, lodo, agua de deshielo, bloques cenicientos de aspecto sovi�tico en la periferia obrera, estaciones de metro batidas por el fr�o.

Nikko no hablaba otro idioma que no fuera espa�ol y depend�a casi por completo del m�vil para orientarse. �Era un desastre�, dice Graciela. Y adem�s, carec�a de dinero. Tuvo que pedir prestado a su familia y sus amigas para poder pagar la habitaci�n. En los d�as previos a su desaparici�n se mostr� muy inquieto. Se quejaba de sus gastos y mencionaba constantemente esa deuda pendiente, cuya cuant�a no ha podido precisar nadie hasta el momento.

Tampoco nadie de su entorno est� al corriente de qui�n le deb�a ese dinero, por qu� trabajos concretos o en qu� condiciones se hab�a generado.

La desaparici�n

Lo que s� se sabe con certeza es que el 12 de febrero, Nikko sali� de trabajar en la zona de M�rby Centrum entre las cuatro y las cuatro y media de la tarde. Desde all� inici� el trayecto de regreso hacia el sur, en direcci�n a Norsborg, donde se encontraba la vivienda. Para llegar deb�a tomar primero la l�nea 14 del metro, hacer un transbordo y continuar despu�s por la l�nea 13 hasta el final del recorrido.

Registro de una c�mara en la estaci�n de Hallunda, con el hispanocolombiano saliendo de ella.

Registro de una c�mara en la estaci�n de Hallunda, con el hispanocolombiano saliendo de ella.Polic�a sueca

A las 17.49, una c�mara lo registra saliendo de la estaci�n de Hallunda, la pen�ltima parada antes de su casa. Dieciocho minutos despu�s, a las 18.07, vuelve a aparecer saliendo de la estaci�n de Alby, la antepen�ltima. Seg�n ha comunicado a la familia la investigadora principal del caso, Marija Sekulic, ninguna otra c�mara ha vuelto a registrar su presencia despu�s de esa �ltima salida en Alby.

Pero algo no encaja y la anomal�a es evidente: Nikko sale en Hallunda y, para reaparecer despu�s en Alby, tuvo que volver a entrar en el sistema de metro y, en lugar de seguir avanzando hacia su domicilio, retroceder una estaci�n antes de salir de nuevo a la calle. �Por qu� regresa nuevamente al metro para alejarse de su casa? Es absurdo, salvo que se perdiera.

Nikko Baham�n, saliendo de la estaci�n Alby, la noche de su desaparici�n.

Nikko Baham�n, saliendo de la estaci�n Alby, la noche de su desaparici�n.Polic�a sueca

El espa�ol llevaba las llaves. Ten�a que abrir la puerta a un compa�ero de piso que depend�a de �l para entrar en la vivienda. As� que todo indica que su intenci�n era caminar directamente a su domicilio. No hay constancia de que tuviera otros planes, ni de que fuera a desviarse, ni de que hubiera quedado con nadie en ese punto.

Entre el �ltimo lugar donde se le ve con vida y su casa quedaban unos tres kil�metros, alrededor de media hora caminando. El recorrido discurre por una de esas urbanizaciones escandinavas de trazado cartesiano, con bloques dispersos, ampl�simos viales apenas animados por comercios, calles desiertas y una iluminaci�n mortecina que al caer la tarde vuelve a�n m�s inh�spito el paisaje.

DEJA DE RESPONDER A LOS MENSAJEs

Es como si, despu�s de salir a la superficie en Alby se hubiera desvanecido. A partir de ese momento, tambi�n se apaga su rastro digital. Hasta entonces hab�a respondido con normalidad a mensajes cotidianos. Despu�s, silencio.

�Nos movimos inmediatamente�, asegura Graciela. �Desde el mismo d�a de su desaparici�n, empezamos a contactar con todo el mundo porque sab�amos que algo no iba bien�, detalla su hermana.

Desde Espa�a, la familia activa tambi�n los cauces oficiales. Se ponen en marcha contactos con la Guardia Civil y el caso entra en el circuito de cooperaci�n internacional a trav�s de Interpol, que facilita el enlace con las autoridades suecas del caso.

Durante las primeras horas, la familia se pregunta si acaso ha sido detenido. En Espa�a, Nikko hab�a tenido alg�n episodio menor con la polic�a, situaciones puntuales de resistencia o problemas derivados de su forma de moverse, impulsiva, a veces imprudente. Nada grave, en todo caso. Circular con su coche sin licencia y cosas por el estilo.

Graciela Baham�n, hermana de Nikko Baham�n.

Graciela Baham�n, hermana de Nikko Baham�n.Cr�nica

Pero la polic�a sueca confirma que el hispanocolombiano no ha sido arrestado. Llegados a ese punto, la familia no alberga duda alguna de que no ha desaparecido de forma voluntaria. Lo que no tienen tan claro es que los suecos hayan entendido la gravedad de la situaci�n y est�n reaccionando con los medios apropiados.

Durante d�as, la informaci�n les llega de forma fragmentaria. Adem�s, perciben lagunas e inacci�n en aspectos que consideran esenciales. Se preguntan si se est�n tomando en serio el caso.

Los agentes suecos ni siquiera interrogaron a sus allegados. Seg�n indic� a la familia la propia investigadora a cargo del caso, de la unidad Stockholm Syd, la polic�a sueca no ten�a constancia de que el hispanocolombiano hubiera ido a Suecia a reclamar una deuda hasta que la familia lo comunic� por carta el 18 de marzo. Tampoco dispon�an de informaci�n concreta sobre los trabajos que hab�a realizado previamente ni sobre las personas de su ecosistema sueco.

EL RASTRO PERDIDO DEL DINERO

Ese dato abre un frente nuevo. En entornos de empleo irregular como el que frecuentaba Nikko —empleos sin contrato, pagos en efectivo, intermediarios informales—, el rastro del dinero es a menudo el �nico hilo que permite reconstruir relaciones, conflictos o dependencias. Graciela cree que esa l�nea deber�a explorarse a fondo.

�La inspectora mantiene ahora una comunicaci�n fluida con la familia que agradecemos y nos ha manifestado que no descarta la intervenci�n de terceros o la posibilidad de una muerte violenta�, dice la hermana del fallecido. �Esperamos que ahora s� se muevan porque, al principio, est�bamos muy enojados�.

Otra hip�tesis, m�s abierta, apunta a un encontronazo fortuito con criminales o miembros de una banda en el �ltimo punto en el que fue visto. Alby no es un lugar cualquiera dentro del mapa de Estocolmo. Es uno de esos barrios del municipio de Botkyrka que la propia polic�a sueca clasifica como ��rea especialmente vulnerable�, traducci�n administrativa de lo que en otros pa�ses europeos ya se ha bautizado como no go zones o zonas que es mejor evitar.

UN ESCENARIO VIOLENTO

Esa categor�a agrupa �reas marcadas por la precariedad socioecon�mica, la presi�n de redes criminales y la poca disposici�n de los vecinos para colaborar con las autoridades. En ese eje —Alby, Hallunda, Norsborg— la violencia no es excepcional.

En agosto de 2020, una ni�a de 12 a�os, Adriana, muri� por una bala perdida en plena calle en el contexto de un enfrentamiento entre bandas en Hallunda. En enero de 2025, una trabajadora de un supermercado Ica Maxi fue apu�alada mortalmente en Norsborg. Meses antes, en agosto de 2024, un joven de unos 20 a�os muri� tras un tiroteo y fue hallado en un coche estrellado.

Alby arrastra tambi�n episodios similares. En mayo de 2021, un hombre fue tiroteado mortalmente. En julio de 2022, otra persona apareci� muerta en una zona boscosa con indicios de homicidio. Y en septiembre de 2025, se produjo un tiroteo en la estaci�n de metro en plena hora punta. En los �ltimos a�os, la prensa sueca ha recogido igualmente varios casos de cuerpos encontrados en el entorno del lago Albysj�n y sus zonas de drenaje.

No era un delincuente ni un mal chico. Solo que a menudo tomaba malas decisiones que ni siquiera le beneficiaban

Graciela, hermana de Nikko Baham�n.

�Lo �nico que pedimos es saber la verdad�, insiste Graciela. �Estamos en Europa, con medios y tecnolog�a suficientes para esclarecerlo. Nos da igual cu�l sea la respuesta o si averiguamos algo que no sab�amos sobre nuestro hermano. Pero necesitamos saber qu� ocurri�.

La hip�tesis de un traslado forzado a la zanja donde fue encontrado suscita dudas obvias. Nikko era, seg�n su entorno, una persona que se habr�a resistido con violencia ante un intento de introducci�n en un veh�culo. Adem�s, la desaparici�n se produce a una hora todav�a temprana de la tarde, cerca de zonas transitadas.

SIN TESTIGOS NI CAUSA DE LA MUERTE

Pero no hay testigos. Seg�n la versi�n oficial trasladada a la familia por la investigadora principal del caso, el cuerpo fue hallado dentro del agua, en el arroyo, pero el examen forense preliminar no ha podido determinar ni la causa ni el momento de la muerte. Las condiciones meteorol�gicas —fr�o intenso seguido de un periodo de deshielo— han dificultado el an�lisis forense.

La familia asegura adem�s que el cuerpo presentaba hematomas y que exist�an indicios de un posible golpe, aunque por ahora no consta en la documentaci�n facilitada que esas lesiones fueran mortales por s� mismas.

Para saber m�s

La hip�tesis de un suicidio no parece respaldada por los elementos conocidos. Quienes le conoc�an describen a una persona con planes inmediatos y sin se�ales previas de ideaci�n suicida. En cuanto a una muerte natural, uno no va a morirse de un infarto a una zanja.

Para la familia, la comparaci�n con el conocido y medi�tico caso de Miguel �ngel Mart�nez Santamar�a, el llamado �hombre sin coraz�n�, es simplemente inevitable. Miguel �ngel, un vasco desaparecido en 2005, apareci� muerto semanas despu�s en las aguas de Liding�, en la periferia de Estocolmo. Nikko, espa�ol de origen colombiano, fue hallado en 2026 en una zanja de drenaje junto al lago Albysj�n, tambi�n en la periferia de la capital sueca. Uno, Miguel �ngel, flotaba junto a la orilla de un fiordo; el otro, Nikko, yac�a sumergido en un canal de agua negra entre juncos y barro. No son muertes id�nticas, pero comparten una misma arquitectura.