





















«Cuando venía a Valladolid, me visitaba. Pude apreciar siempre una pertenencia cordial al presbiterio de su diócesis y también un arraigado sentido de iglesia (...) A la luz de esta larga trayectoria, me ha extrañado profundamente la información sobre algún comportamiento inapropiado, ya que contrasta con la opinión que sobre don Antonio tengo por la dilatada relación».
El pasado 20 de febrero de 2026, el cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo emérito de Valladolid, firmó una carta de apoyo al periodista y cura Antonio Pelayo, histórico corresponsal español en el Vaticano.
La justicia italiana investiga a Pelayo por la presunta comisión de un delito de abusos sexuales sobre un joven productor de televisión que acudió a Roma antes y durante el último cónclave cardenalicio, del que salió elegido el actual papa, León XIV.
Pero Ricardo Blázquez, que ha presidido la Conferencia Episcopal Española en dos ocasiones (2005-2008 y 2014-2020), no es el único alto representante de la Iglesia española en respaldar a Antonio Pelayo en la instrucción que se sigue en un juzgado de Roma contra él.
El arzobispo de Valladolid y actual presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Luis Argüello, también ha colaborado con Pelayo en su defensa judicial. En un documento que el abogado del periodista ya ha presentado ante el juez instructor, Argüello subraya la buena reputación de Antonio Pelayo, quien ejerce como sacerdote desde 1968 y ha oficiado misas en la capital romana en distintas iglesias de la ciudad.
«No consta en esta diócesis ninguna noticia ni comentario negativo sobre posibles comportamientos inadecuados de don Antonio», dice Argüello en otro documento al que EL MUNDO tiene acceso.
«Más bien, constan referencias positivas de las personas que por uno u otro motivo han coincidido con él en Roma (...) Firmo este testimonio por si puede servir para una mejor valoración de la persona y actitudes de Antonio Pelayo Bombín», remata.
La sección sexta (penal) del Tribunal de Roma ha citado a Antonio Pelayo, de 82 años, para una audiencia previa al juicio, el 21 de enero de 2027. A mediados del pasado mayo, el abogado que ejerce la defensa del citado corresponsal español en Roma presentó cuatro cartas en respaldo de su cliente, entre ellas, las de Ricardo Blázquez y de Luis Argüello, pero también de la Asociación de Corresponsales extranjeros en Italia y de la embajada de España ante la Santa Sede —donde el periodista ejerció como asesor de manera voluntaria y no remunerada desde 2005 hasta enero de 2026—. La actual embajadora es Isabel Celaá, exministra de Educación y exportavoz del Gobierno de Pedro de Sánchez.
El 28 de mayo de 2025, un joven productor de una televisión europea presentó una denuncia contra Antonio Pelayo en una comisaría del centro de Roma. El joven denunciante declaró que Pelayo había abusado de él sexualmente durante un encuentro que ambos mantuvieron en la casa del periodista español en Roma, el viernes 23 de mayo de 2025.
Los Carabinieri iniciaron una investigación y la justicia italiana abrió una causa. Antonio Pelayo declaró en sede judicial posteriormente. El letrado del acusado pidió el archivo de las diligencias. No tuvo éxito.
El 6 de noviembre de 2025, la Fiscalía de Roma, tras atender a la denuncia de la supuesta víctima y analizar los indicios recabados, pidió que Antonio Pelayo Bombín, nacido en Valladolid, en enero de 1944, se someta a juicio oral por la presunta comisión de un delito sexual recogido en el artículo 609-bis del Código Penal italiano.
La Fiscalía otorga veracidad al relato del denunciante. Así lo recoge en su escrito enviado al juzgado: «[Pelayo] obligó a la víctima a someterse a actos sexuales sin su consentimiento. En concreto, tras invitarlo a su domicilio por motivos profesionales, Pelayo, mientras ambos charlaban sentados en el sofá, se acercó repentinamente a la víctima y, en un gesto brusco, lo agarró del hombro izquierdo, lo sujetó con la mano y le dio varios besos entre el cuello y el hombro, introduciendo también la mano bajo su camiseta, acariciándole la espalda, el costado y el abdomen, impidiendo así que la víctima se moviera o reaccionara», describe la Fiscalía.
«Posteriormente, mientras ambos estaban de pie en la cocina, Pelayo se acercó repentinamente de nuevo a la víctima, lo abrazó por delante y, aprovechando que la víctima se quedaba quieto, le metió ambas manos bajo el pantalón y le tocó repetidamente el trasero», continúa el relato.
El Código Penal italiano señala en su artículo 609-bis que «cualquier persona que, por violencia o amenaza o por abuso de autoridad obliga a alguien a realizar o sufrir actos sexuales, es castigado con prisión de seis a doce años».
«Estoy avergonzado (...) Quizás este sea nuestro último mensaje. Sería muy triste terminar nuestra relación, pero tú tienes la última palabra. Adiós, querido».
«Querido, quizás estés sorprendido o enojado por lo que pasó ayer. Lamento mucho haberte molestado y te pido disculpas, si es así. Avísame, A».
Son las 19.08 horas del sábado 24 de mayo de 2025. Pelayo le escribe al denunciante después de haber estado con él en su propia casa. El productor televisivo le responde: «Hola, Antonio. Creía que nuestra relación se basaba únicamente en la amistad y el respeto mutuo, así que, como sabes, no me gustó lo que pasó el viernes en tu casa. No quería que me tocaras, me manosearas, me besaras, y mucho menos recibir contacto físico de tu parte. Pensé que hablaríamos de Dalí y todavía estoy disgustado. No creo que debamos volver a vernos. Que tengas una buena noche».
65 minutos después, a las 22.36 horas, Antonio Pelayo interviene de nuevo en ese cruce de mensajes. Ambos utilizan el idioma italiano en todo momento. El periodista español insiste en sus disculpas y se muestra desconcertado.
«Lamento mucho lo sucedido y estoy realmente avergonzado. No volverá a suceder, te lo aseguro. Si no quieres volver a verme, me entristecería y me mortificaría mucho, pero respeto tus deseos. Por favor, piénsalo».
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