























Yaiza Santos
Actualizado
Hay muchas cosas ciertas en la vida de Xavier Cugat(Gerona, 1900-Barcelona, 1990), ese simp�tico anciano con pipa apagada y calcetines rojos que Espa�a empez� a reconocer hace 40 a�os a trav�s de la televisi�n, primer exportador de los ritmos latinos a EE UU, rey de las noches en el Cocoanut Grove de Beverly Hills y el Waldorf Astoria de Nueva York, acreedor de dos estrellas en el Paseo de la Fama de Hollywood, habitante -a cambio de dibujos- del Ritz de Barcelona, due�o de un Rolls-Royce dorado. Pero entre las cosas cabalmente verificadas no est� Yo, Cugat. Autobiograf�a del rey de la rumba.
Confeccionado por primera vez en 1981 por el editor Eduard Forn�s, a partir de la transcripci�n de grabaciones orales del artista siendo ya mayor, el libro lo acaba de reeditar Javier Jim�nez en F�rcola, con m�s de cien notas al pie, cronolog�a, pr�logo de David Felipe Arranz y �tres! ep�logos, de dos cugat�logos -Diego Mas Trelles, director del documental Sexo, maracas y chihuahuas (2016), y Jordi Punt�, autor de la novela Confeti (2024)- y del bi�grafo renegado de Julio Iglesias Ignacio Peyr�. Un aparato cr�tico de envergadura, pues, que no sirve para discernir del todo qu� es verdad y qu� es mentira.
Emigrados todos a La Habana, por ejemplo, nunca queda claro si los Cugat Mingall -m�s un abuelo y una t�a- lo hacen en 1903 o en 1904, ni por qu� dejan Gerona. Jim�nez, bas�ndose en la biograf�a que escribi� Luis Gasca en 1995, da por bueno el relato de Cugat de que su primera esposa fue la cubana Rita Montaner -otras cuatro fueron Carmen Castillo, Lorraine Allen, Abbe Lane y la inefable murciana Charo Baeza-, pero Punt� lo desmiente. Punt� tambi�n afirma que es falso que Cugat apareciera, como violinista, en la pel�cula de Rodolfo Valentino Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1921), pero es algo que se acredita en la biblia en internet del cine, IMDB.

Xavier Cugat con Charo Baeza
Algunas fantas�as son flagrantes y quedan desmontadas. Es imposible que conociera en La Habana a Caruso con 15 a�os (o sea, en 1915) porque el tenor italiano solo visit� Cuba en 1920, y porque para entonces toda la familia -padre, madre, los cuatro hermanos de Cugat y �l mismo- estaba mud�ndose a Nueva York. Por esto mismo, tampoco puede ser verdad que llegara a Manhattan adolescente solo, sin un c�ntimo, y tuviera que dormir a la intemperie en Central Park. En notas al pie, se desmiente que Cugie -su apodo en Hollywood- rebautizara a Margarita Cansino con el nombre que la hizo famosa, Rita Hayworth -fue el productor de Columbia Harry Cohn-; o que presentara por primera vez a un joven c�mico llamado Woody Allen -con el que s� comparti� cartel en el Caesar's Palace de Las Vegas en 1966 pero que llevaba lustros de carrera-; o que hallara el cad�ver de Carmen Miranda en su camerino en un entreacto -muri� sola en su dormitorio, donde la encontr� su marido.
Otras colosales falsedades pasan sin que chiste ning�n especialista. No puede ser que el cortometraje Cugat y sus Gigol�s (A Spanish Ensemble, en realidad) fuera el primer filme sonoro, porque es de 1928 y un a�o antes se estren� El cantor de jazz. �Cu�ndo el ef�mero presidente mexicano Adolfo de la Huerta -que, efectivamente, era tenor aficionado y dar�a clases de canto en su exilio en Los �ngeles- fletar�a un tren de cantantes de �pera desde Nueva York para una actuaci�n en el Distrito Federal? �Y c�mo puede ser que el convoy fuera detenido por el mism�simo Pancho Villa, bandido semi analfabeto, para que les cantara en exclusiva, estando para entonces desbaratada su Divisi�n del Norte? �Y desde cu�ndo fue Villa presidente?

Fotograma del documental de Xavier Cugat, 'Sexo, maracas y chihuahuas'
Atendiendo al subt�tulo de "autobiograf�a", Yo, Cugat obliga a no bajar la guardia, a leerlo con hiperv�nculos, a rastrear en archivos audiovisuales, a no conformarse con seg�n qu� fuentes. Pero tambi�n puede devorarse como un lector-hembra (� Julio Cort�zar), sumergi�ndose como Esther Williams en las piscinas de Escuela de sirenas (1944), que tan grandemente gira alrededor de la orquesta de Xavier Cugat. Como si fuera, vaya, la novela que es. Ya se sabe que una gota de ficci�n es como una de lej�a. Cugat d�ndole la idea a Charlie Chaplin de usar La violetera para Luces de la ciudad (1931). Cugat inspirando a Cole Porter para componer Begin the Beguine. Cugat a bofetadas con el sha de Persia por una modelo rubia espectacular. Cugat siendo amigo personal de Juan Belmonte, que sube al escenario para regalarle una oreja que hab�a cortado. Cugat, �ntimo de -la lista no es exhaustiva- Mae West, Howard Hughes, Bing Crosby, Pablo Picasso, Henry Ford, �dith Piaf, Jorge Negrete, Carlos Gardel, Salvador Dal�.
Apabullantes, los intersticios empresariales en los que se embarc�: marchante de antig�edades espa�olas en EE UU, criador de perritos chihuahuas, creador de las chocolatinas Cugat's Nougats, fundador de un restaurante mexicano que lleg� a tener siete franquicias, instigador ante Adolfo Su�rez para convertir Ibiza en Las Vegas de Europa, vendedor del crecepelos -�l fue calvo desde muy joven y usaba peluqu�n- de un indio peruano Pakat� para cuya comercializaci�n embolic� a Frank Sinatra, Fred Astaire, John Wayne y Gene Kelly.
Lucid�simo, eso s�, dice: "Es muy importante conocer la psicolog�a de los p�blicos y yo conozco muy bien la psicolog�a del p�blico norteamericano y s� lo que va y lo que no va y as� ha sido mi �xito en aquel gran pa�s. Hasta me atrever�a a decir que es mucho m�s f�cil triunfar en aquel pa�s que triunfar en Espa�a. El p�blico espa�ol no es que sea m�s exigente, no, pero s� es m�s critic�n y envidioso". Es oportuna la cita de El hombre que mat� a Liberty Valance que trae Mas Trelles en su texto: "Esto es el Oeste, cuando la leyenda se convierte en hecho, imprime la leyenda". Lo que ha hecho F�rcola.
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